La Ciudad

Día del Óptico

El ojo puesto en la salud de la vista

13|12|18 10:47 hs.

El lunes 5 de julio de 2004 cientos de tresarroyenses se acercaron al Palacio Municipal para recibir al micro que traía a los jugadores de Huracán, que el día anterior habían conseguido en Rafaela el histórico ascenso a Primera. Liliana Bonifacio se acuerda con mucho cariño de aquella jornada y tiene en su memoria bien frescas ciertas imágenes. 


Pero no de la celebración, sino de su primer día como propietaria de su propia óptica. “Después de trabajar durante muchos años en relación de dependencia, ese lunes de 2004 abrí Optiver, en la esquina de Betolaza y 25 de Mayo, era un local chiquito. Seis años después me mudé a este, más grande y más céntrico”, cuenta la óptica que con más de tres décadas en la profesión es una de las más experimentadas de la ciudad y una referente en una actividad con mucha competencia. “A partir de ser independiente empecé a disfrutar más mi trabajo, ahí vino lo mejor”, dice. 

La relación entre Liliana y la profesión no fue amor a primera vista, más bien nació por conveniencia. “Yo buscaba una carrera relativamente corta, que la inserción laboral no fuera difícil para una mujer y que tuviera materias que me gustaran”, recuerda. Así, buscando en las páginas de la vieja Guía del Estudiante (“no había Internet en esa época”) se inclinó por la óptica. 

En octubre de 1985, cuatro años después de tomar la decisión, recibió el título otorgado por la Universidad de Buenos Aires. “No fue fácil al principio, empecé a tomar experiencia gracias a una pasantía en Pförtner aprendí bastante”, recuerda sobre sus vivencias en Buenos Aires. Luego se volvió a Tres Arroyos. “Arranqué en la Farmacia Sindical, estuve casi dos años, después 11 en Logo, hasta que comencé sola”, comenta.

De a dos 
Tras el crecimiento profesional que le significó la independencia, llegó la expansión comercial también, que derivó en la mudanza obligada al actual local. “Cuando me instalé acá empezó a trabajar conmigo mi marido, y así seguimos al día de hoy”, explica. 

En cuanto a la evolución de la profesión, Liliana indica que “en lo que se refiere a los básico no cambió, si ha avanzado muchísimo en la parte tecnológica, en los que son cristales, que se ha perfeccionado muchísimo. Y también en la medicina del ojo, hoy se hacen cirugías que no se hacían antes. Entonces, una tiene que ir aggiornándose para no quedarse afuera”, dice. 

Lo que más le gusta a Liliana de su profesión es el contacto con la gente. “El óptico tiene que interactuar permanentemente con el paciente, porque para saber qué anteojo le vas a ofrecer, tenés que tener en cuenta la actividad que realiza, la fisonomía que tiene, su gusto estético… Es todo un conjunto”, cuenta. 

“Y hoy, además de que todo va ligado a la estética, han salido cristales muy variados para ofrecer”, agrega. “Los ópticos somos los únicos capacitados para colocarle un anteojo a un paciente. El oftalmólogo indica la prescripción, y nosotros los únicos que podemos aconsejar. Estamos capacitados para eso”, aclara. 

Con la mirada brillosa por la emoción, Liliana cuenta que tiene pacientes que la acompañan desde “la primera época”. “Eso te da satisfacción, porque uno genera un vínculo con la gente, y terminás siendo amiga. Más en una ciudad chica como ésta”, asegura. 

Y completa: “Esta es una profesión que va ligada a la salud, y eso hace más valorable la confianza que la gente deposita en una. Es bárbaro eso”. En la despedida, Liliana les dedica el saludo a sus pacientes y especialmente a sus colegas, “por el esfuerzo y la apuesta constante por la innovación, pese a vivir algunos años duros”. 

Santa Lucía
En todo el país se celebra hoy el “Día del Óptico”, instituido el 13 de diciembre por la Asociación de Ópticos y Técnicos de la Provincia de Buenos Aires (ADOT) en el año 1952, en concordancia con la festividad de Santa Lucía, mártir de Siracusa, Italia, cuyo nombre significa “la que lleva luz”. 

Proclamada protectora de la visión, fue declarada patrona de todo lo relacionado a la salud visual.