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Despejado

La Ciudad

Mónica y Hugo

Resistiendo

16|12|18 09:50 hs.

Por Fernando Catalano


Hugo Diez y Mónica Fittipaldi llevan casados 39 años, tienen cuatro hijos y siete nietos. Ella creció en el Barrio Villa Italia y trabajó como personal de limpieza en Agro El Carretero hasta que la empresa cerró. Y él se crió en el Barrio Santa Teresita y hasta hace nueve años fue empleado de Laso, hasta que –señala- por un certificado médico se quedó sin trabajo. Al día de hoy no fueron indemnizados. 

El que arrastra más tiempo sin un trabajo fijo es él, llegó a estar empleado en una firma que lo contrató para el mantenimiento vial. Pero su cuerpo no aguantó, quedó en silla de ruedas y debió ser operado. Hoy no puede hacer fuerza, pero conserva los conocimientos y habilidades del oficio de su vida, el de mecánico. Y su esposa se capacita para acceder al cargo de portera. 

Emprendiendo 
Pero hace un año y medio decidieron emprender juntos. A partir de la idea de una conocida de Mónica, comenzaron a fabricar insumos para mascotas. Es así que desde el rubro textil dieron inicio al diseño de camas, camitas, colchones, colchonetas, chalecos, vestidos, suéteres y bombachitas para mascotas. 

Primero en las redes sociales, después con el auto recorriendo la zona, lograron hacerse de una cartera de clientes que los ha llevado a distribuir su mercadería por Monte Hermoso, Coronel Pringles, Tornquist y Sierra de la Ventana. 

Extrañamente pueden colocar sus productos en locales como veterinarias y forrajerías, sólo por fuera de la ciudad. Localmente les resulta duro competir con la exclusividad que determinadas marcas imponen. 


Hace un año y medio, Mónica y Hugo comenzaron a fabricar insumos para mascotas


Golpeados 
Al margen de esa circunstancia, la crisis los golpeó muy fuerte. La devaluación del peso les ha transformado en una misión imposible acceder a la compra de los insumos que necesitan para elaborar sus productos y cuidar la calidad con la que se han ganado el nombre. 

Cuentan que de manera inesperada, en las malas, descubrieron que podían tirar juntos del mismo carro. Fue entonces que abrazaron como emprendedores este proyecto con productos que si bien no son de primera necesidad, les habían generado un ingreso que les permitía vivir y cumplir con sus obligaciones.  

En Facebook se pueden ver los productos elaborados por Hugo Diez y Mónica Fittipaldi en “Castillitos Diseños”. Una forma de observar los trabajos y hacer preguntas o consultas. El teléfono para contactarse es 15447880.


Inalcanzable 
Hoy las ventas cayeron en un 70 por ciento para Hugo y Mónica, y esto sumado a una importante pérdida económica que sufrieron con la rotura del auto, les ha vuelto inalcanzable la posibilidad de sostener el circuito que habían logrado generar para comprar insumos, producir, vender, comer y cumplir con los compromisos.

Y para peor, entre esas obligaciones para las que necesitan los recursos que ya no pueden generar por las suyas, se encuentra el monotributo que les permite -por estos días- sostener delicados tratamientos de salud. Hugo dejó de tomar los remedios de su diabetes, y consigue a través de la gauchada de un médico los del corazón. 

Pero Mónica necesita medicación especial para su colitis ulcerosa severa, y por la que su obra social le cubre uno de los remedios que necesita y cuyo precio es de 10.000 pesos. 

Sus hijos admiran la capacidad de Hugo y Mónica para sobreponerse a las adversidades y emprender


Los días pasan y la economía no les devuelve una pared. Como saben que es difícil que algunas cosas cambien, piden desesperadamente ayuda para conseguir trabajo, o una mano que les haga posible seguir adelante. 

Su emprendimiento pudo gestarse, entre otras cuestiones, por haber accedido a microcréditos con los cuales compraron las máquinas con las que trabajan. De hecho hoy la falta de trabajo y la poca venta, también retrasa su capacidad de pago, que siempre ha sido buena.   

Resisten 
Como si fuera poco, el matrimonio que tiene hijos entre los 36 y 24 años de edad, también comparte la condición de desempleados con dos de ellos. Con la crisis rodeándolos y apretándolos hasta la asfixia, se niegan a bajar los brazos. 

Quieren trabajar, producir, volver a tener jornadas de trabajo juntos como una que empezó en una oportunidad y que siempre recuerdan –cosiendo y armando stock para vender en la zona- a las cinco de la madrugada y que terminó a las dos, de la mañana siguiente. 

El tiempo no para y muy pronto no habrá cómo bancar el monotributo. La salud no espera, juntos resisten. Pero necesitan ayuda.