La Ciudad

El recuerdo de sus camaradas del servicio militar

Mario Rodríguez Goizueta, in memoriam

17|12|18 13:59 hs.

Al final se nos fue Mario Rodríguez Goizueta, para nosotros simplemente el querido Gauchito Rodríguez. Durante varios días estuvimos pendientes de las pocas novedades que nos llegaban, de cómo la estaba peleando, y alimentábamos la esperanza de que saliera adelante. El domingo pasado la mala noticia nos pegó como una trompada inesperada. 


Las palabras se quedan cortas y resultan inservibles para expresar nuestra tristeza. Nosotros fuimos, o más bien somos todavía, sus camaradas de servicio militar, los colimbas del batallón BCOM 101 de City Bell, donde convivimos más o menos durante un año, hace nada menos que ¡50 años! 

La cuestión es que veinte años después de separarnos, allá por 1988, cuando todavía no había email, ni mucho menos Whatsapp, ni redes sociales, un puñado de voluntariosos compañeros se tomó el trabajo de rastrearnos por todo el país, e invitarnos a una reunión de reencuentro, que fue la primera de una larga serie que continúa aún hoy. 

Desde entonces, al menos un par de veces por año, generalmente una vez en otoño y otra en primavera, nos seguimos reuniendo en los alrededores de La Plata, donde vive la mayoría, pero también en capital federal, Mar del Plata, Balcarce, Tandil, Sierra de la Ventana, Trenque Lauquen, Córdoba, Rojas, Pergamino y, por supuesto, Tres Arroyos. 

Allí Mario, con gran generosidad, organizó inolvidables encuentros que fortalecieron nuestra amistad. Una vez en el Club de Pelota, otra vez en la cercana Claromecó, y la última en la gran fiesta de su cumpleaños número 70 en la Sociedad Rural, donde los que tuvimos la suerte de estar, pudimos palpar el enorme cariño y respeto que se ganó de su familia, sus amigos, sus colegas, sus vecinos y sus compañeros de militancia política. 

Las reuniones
En nuestras reuniones de veteranos se mezclaban los recuerdos de la juventud en el batallón, las anécdotas desopilantes de la vida en el cuartel, de las cuales Mario era a menudo principal protagonista, con las vivencias actuales de cada uno. 

Cosa curiosa, en nuestros encuentros nunca hubo lugar para la nostalgia ni para el lamento por la juventud perdida. Al 
contrario, a través de los años nos fuimos acompañando unos a otros en nuestro crecimiento y maduración como personas, desde nuestra etapa de hombres jóvenes que empezaban a formar sus familias, hasta este presente de vitales abuelos. Y siempre en un clima de genuina alegría y camaradería. 

El Gauchito aguantó a pie firme la súbita pérdida de su compañera de vida, y a pesar de eso nunca perdió el buen humor ni las ganas de vivir. Un tipo fuera de serie, honesto, laburador, inteligente, generoso, alegre, cálido y hospitalario. Inolvidable e irreemplazable. 


Otra cosa para destacar es que, a pesar de tener distintas ideas y filiaciones políticas, supimos atravesar estos turbulentos 30 años sin dejar que se instalara entre nosotros ningún tipo de grieta, con la comprensible excepción de la línea que separa “triperos” de “pincharratas”. Parafraseando la canción, siempre hicimos valer el principio de que “la amistad es más fuerte”. 

En cada reunión hubo lugar para un brindis por los compañeros que habían partido, largas sobremesas después del asado, y al final cálidas despedidas con propósitos de un pronto reencuentro y recomendaciones de cuidarse en el regreso a casa. 

Nuestro querido compañero Mario nunca faltó a esas citas, no tenía ningún problema en subirse a su chata y hacer los kilómetros que fueran necesarios para estar presente. 

El Gauchito aguantó a pie firme la súbita pérdida de su compañera de vida, y a pesar de eso nunca perdió el buen humor ni las ganas de vivir. Un tipo fuera de serie, honesto, laburador, inteligente, generoso, alegre, cálido y hospitalario. Inolvidable e irreemplazable. 

Un ejemplo para todos, que hoy compartimos el dolor de su familia, pero que siguiendo su seguro deseo, debemos continuar nuestro camino, tomar su legado, ir hacia adelante. Mario siempre estará entre nosotros.