Sociales

Claudia Torres, psicóloga, madre, mujer

El deseo más bonito del mundo

23|12|18 11:53 hs.

Claudia Torres es licenciada en psicología, trabaja en su consultorio y en el CRESTA, escribe columnas en LA VOZ DEL PUEBLO y participa del programa “A Calzón Quitado”. Decidió dejar de ser “la mamá de, la esposa de, la hija de” para empezar a volar 


“Durante muchos años fui la esposa de, la hija de, la mamá de y ¿dónde estaba yo? Entonces fue cuando empecé a buscarme”, cuenta Claudia.


Claudia Torres es licenciada en psicología, nació en La Plata, donde vivió poco tiempo hasta que su familia de origen se trasladó a Mar del Plata y a los 21 años llegó a Tres Arroyos. Es técnica en publicidad -carrera que hizo ni bien finalizó la Secundaria- además cursó un año de periodismo en la ciudad de las diagonales.

A muy corta edad decidió que se iba a desempeñar como ama de casa, tarea que realizó con mucho amor y dedicación. Estar lejos de la familia y en una ciudad desconocida -hasta ese momento- fueron los principales motivos por los que sus primeros años en Tres Arroyos transcurrieron trabajando dentro de su casa y criando a sus hijos.

 La posibilidad de volver a estudiar abrió un nuevo desafío en su vida. “Me llevó tiempo elaborarlo y tomar la decisión, yo era la ama de casa, madre de tres chicos, los perros, todo junto, había que romper esa estructura”, recuerda Claudia el momento en el que cambió su rumbo. 

Su familia la apoyó para hacer en el CRESTA la carrera de psicología, pero “una casa, tres hijos… Para estudiar la remabas”, cuenta. Claudia tenía que comunicar esta determinación y fue entonces que sentó a sus tres hijos se los contó y recibió variadas opiniones. “Si estudiás no vas a estar conmigo -le dijo uno de ellos-, otro me manifestó que estaba loca, mientras que la tercera me brindó su apoyo. Todos tuvieron su opinión, pero no era un permiso, ese día les comuniqué que iba a empezar a estudiar”. 

Juan Pablo tiene 26 años, Martín Ignacio 24 y Eugenia Agustina 21 y tuvieron diferentes posturas frente a la aventura de empezar a hacer una carrera larga que demandaría mucho tiempo y esfuerzo de todos. Sin embargo pusieron mucho de ellos para que los estudios de Claudia fluyeran y año a año se fuera concretando una nueva etapa cada vez más cerca de la meta. “Les pedí colaboración para poder cursar y para ellos eso fue un cambio”, recuerda Claudia. 

La licenciada junto a sus tres hijos


Fueron cinco años de madrugar mucho y de usar cualquier hueco de tiempo para estudiar, para eso se levantaba dos horas antes de llamar a los chicos para ir al colegio y en ese tiempo leer todo lo que se podía hasta que el despertador anunciara que comenzaban, una vez más, las tareas de ama de casa. 

El cartelito de Eugenia
Mientras Claudia estudiaba para rendir el examen de ingreso a la carrera de psicología e iba de aquí para allá por la cocina de su casa, leyendo y haciendo milanesas, concentrada en sus quehaceres como mamá y como estudiante, su hija Eugenia intentaba comunicarse con ella. “Se ve que me hablaba y yo estaba en otra, entonces me muestra un papel escrito que decía: ‘mamá se te queman las milanesas’”. 

Para ella fue una señal, un emblema de todo lo que significaba formarse profesionalmente mientras llevaba adelante su casa. “Tengo siempre ese papelito conmigo porque es muy significativo”, dice. Antes de recibirse Claudia hizo la residencia en un neuropsiquiátrico de Necochea, unas horas en el Hospital Interzonal de Mar del Plata, también en las salas municipales que la profesional rescata como una experiencia extraordinaria. 

Su primer trabajo fue en el CRESTA con Ricardo Listorti al que recuerda como “un hombre genial”, su tarea en los talleres de escritura fue dar una mirada desde la psicología a los textos que producían los alumnos, también hizo junto al reconocido actor una obra teatral, “El Profe”. 

Claudia con el grupo de trabajo que tiene en el CRESTA


Así comenzó a transitar en el mundo del trabajo fuera de casa, al mismo tiempo que atendía en su consultorio, todas tareas que realiza también en la actualidad. Escribe columnas de psicología para LA VOZ DEL PUEBLO y también hace sus aportes profesionales en el programa “A Calzón Quitado”. 

De sus textos dice que “soy muy cuidadosa cuando escribo porque sé que va a llegar a mucha gente y que a alguno puede afectar, pretendo que lo haga para bien y que alguien descubra que hay una solución para cualquier cosa que identifique con lo que le está pasando”. 

Claudia reconoce una diferencia abismal desde la chica jovencita que salió de Mar del Plata hacia Tres Arroyos a la mujer que es hoy. “Era muy introvertida, con muchos pensamientos pero poca palabra por lo que para poder insertarme en la sociedad me tuve que hacer, por eso creo que el crecimiento personal sobre todo tiene que ver con tener un objetivo, planteármelo y poder concretarlo, algo nada fácil para que no entre la frustración, por lo que cada vez hay que volver a levantarse”. 

La psicóloga se detiene en este momento de la charla y reflexiona acerca de los diferentes roles que cumplió a lo largo de su vida. “Durante muchos años fui la esposa de, la hija de, la mamá de y ¿dónde estaba yo? Entonces fue cuando empecé a buscarme”. Tener muy buena oreja para escuchar fue el punta pie inicial para que la psicología fuese una realidad, “mi ex marido comenzó a incentivarme para que me inscriba -continúa Claudia- y yo le decía: ¡Cómo voy a hacer con los tres muchachitos tirándome de los pantalones!”.

Pero íntimamente la decisión ya estaba tomada, de eso la psicóloga acota, “nunca tuve en mi cabeza el pensamiento qué iría a ocurrir cuando me recibiera porque iba en el día a día hasta que me di cuenta que me había recibido”. 

El plus que encontró en el trayecto fue enorme: “Estudiar de grande hace que tus hijos te vean, que se sienten orgullosos de vos y te demuestra que no tiene nada que ver la edad sino el sacrificio”. Claudia nunca deja de estudiar, este año realizó el curso de perito judicial y se recibió. “Quiero seguir desarrollándome en todo lo que estoy haciendo en cuanto a la profesión y fuera del rol, estar tranquila y encontrar paz que es lo mejor que te puede pasar en la vida”. 

La mujer 
Claudia está separada hace un año del papá de sus hijos con el que creció desde que era muy joven. Se anima a abordar el tema del amor en lo personal, ya no en lo profesional. “La gente piensa que si estás sola sos una loca que nadie te banca o una histérica, pero se puede estar sola y bien. En mi caso siempre viví con alguien o rodeada de familia. Pero no necesito estar en pareja para ser feliz, la felicidad no está en otra persona, está dentro tuyo. Con tranquilidad hay que tomar en cuenta que las pequeñas cosas son las que te hacen feliz. Caminar por la Plaza San Martín mirando para arriba la copa de los árboles, un encuentro con un amigo… La felicidad como palabra grande no existe, así… En mayúsculas. Hay pequeños momentos que me dan alegría como cuando me comunico con mis hijos o están acá conmigo o una amiga pasa a saludarme, son cosas que están y hay que valorar”, manifiesta. 

Para Claudia ser mujer hoy en día es “bastante complicado” y fundamenta la postura en que “sos mujer y tenes que trabajar y volves a tu casa y tenes que ver qué pasa ahí y muchas veces tapamos agujeros en todos lados y nos olvidamos de lo que queremos. No es sencillo compatibilizar todo”. 

Claudia afirma, “las mujeres hoy en día ponemos todo, nos hacemos cargo hasta de las mochilas ajenas, tenemos diferentes roles, algunas somos madres, trabajamos, ponemos sentimiento en lo que hacemos, somos muy apasionadas. Ponemos otras cosas diferentes a los hombres, estamos haciendo no importa la hora, pero eso tiene un costo”. 

Habla del estrés y del sentimiento de soledad aún rodeada de gente, “me di cuenta que estaba viviendo la vida a través de mis hijos, y eso es tremendo porque los chicos se van, no son nuestros, son de ellos, están para que los criemos pero tiene que hacer su vida, entonces luego vienen las preguntas sobre qué quiero, qué hice con mi vida o cuál es mi proyecto”. 

Claudia habla de los mandatos familiares que decían que las mujeres tenían que ser criadoras y madres, “en todo caso nacemos hembras y después nos hacemos mujeres. Además también es una decisión querer o no ser madre o tener una familia. Lo que importa es mirarse al espejo y preguntarse qué quiero yo”. 

Finalmente Claudia habla de las mochilas ajenas y de la necesidad de descargarlas, en este contexto dice que “estoy aprendiendo a vivir el día a día e intentando ver que no tengo que proyectar a veinte años, sino disfrutando de los momentos. En esta etapa de mi vida me agarra en buen estado de consciencia, soy una mujer de 49 años con un camino recorrido, orgullosa de mí, dejé de ser la madre de, la esposa de y me encontré, algo que no es imposible. El tema es que le des bolilla a tu deseo”. 

En igual sentido analiza “qué es lo que quiero yo o lo que los demás quieren de mí, por eso hay que poder identificar lo que es tuyo o lo que es de los demás”. 

La fuerza del espíritu vibra en cada palabra de Claudia, la certeza de que el espejo le devuelve cada mañana su propia imagen, la suya, convertida en lo que deseó y por lo que se empeñó. Una mujer que comunica, escucha y aprende un poco más cada día. Claudia tomó decisiones, es su capitana y su orgullo. 
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Sin comunicación 
 Claudia habla de sus preocupaciones y menciona especialmente la falta de diálogo, la imposibilidad de comunicarse, “tanto como profesional o como madre hay que hacerse el lugar. Está muy bueno tener un laburo que te apasione, pero me parece personalmente que si tenes hijos tenés que hacerte el lugar para sentarte, tirarte en el piso o si son más grandes tomar mate con ellos, porque seguro que algo va a salir. Hay que tratar de acomodarse para que no sea algo tan difícil poder comunicarse”. 

Reflexiona también sobre la tercera edad y las posibilidades que tienen de dialogar, algo que abre la puerta para conocerse y saber qué le pasa al otro. “Perdimos esa hermosa costumbre de llamar a un amigo o a un familiar y decirle: ‘paso por tu casa a tomar un mate’”.