Sociales

Patricia Zubillaga, una gran emprendedora

La receta del éxito

23|12|18 11:43 hs.

Patricia Zubillaga es de Lin Calel, donde nació la emprendedora y la mujer. Largos días de trabajo en el campo, la cocina como opción de crecimiento y las decisiones ciertas que la trajeron a la ciudad para empezar como empleada doméstica hasta lograr la propia empresa de servicios para eventos


Patricia Lorena Zubillaga nació en Lin Calel, es la mayor de una familia de cuatro hermanos -dos mujeres y dos varones- sus padres y abuelos son oriundos de la localidad. Su papá trabajaba en la Municipalidad con las máquinas viales y su mamá -de apellido Larramendi- tenía su origen en Copetonas, en un campo cercano. 

Asistió a la Escuela N°31 de la localidad e hizo primer año en el secundario Almafuerte de Copetonas, momento en que su padre se quedó sin trabajo, por lo que ella decidió no estudiar más y comenzó a trabajar.

Luego se puso de novia, se casó y vivió en Lin Calel -mientras trabajaba en diferentes campos- hasta los 27 años. La primera tarea que hizo fuera de su casa fue de cocinera y limpiando casas de campo -llegó a tener cinco trabajos de ese estilo-. “La abuela de Maxi Fjellerup me contrató para cocinarle al personal que estaba en el campo y ella me enseñó todo lo que sé”, dice. Patricia confiesa que cuando llegó a su primer trabajo no sabía ni hacer fideos pero “de una” arrancó cocinando para 12 personas. 

Sabía usar las cacerolas porque vendía Essen, pero Lize Terkensen fue quien le enseñó a preparar diferentes recetas, y en definitiva, a cocinar. Antes de casarse ya estaba cumpliendo estas tareas, primero yendo y viniendo a su casa, luego se quedó en el campo con cama adentro durante toda la semana. “Con mi trabajo me compré mi primer auto entonces iba y venía todos los días 15 kilómetros al campo”. 

Un día una señora que formaba parte del grupo de camareros de “Cuito” y cubría los eventos de CREA que se llevaban a cabo en un campo en el que trabajaba Patricia le ofreció integrar el staff.


Patricia en plena tarea, cocinera, camarera, decoradora, un poderosa servicio completo


Así fue que Noemí Rusconi la convenció para trabajar con ella un día que la llamó y le preguntó: “¿Tenes camisa blanca y pantalón negro?”. Patricia no lo dudó y salió a dedo para Tres Arroyos a cubrir una cena en la Sociedad Italiana, algo que hacía por primera vez en su vida. “No tenía ni idea qué hacer, yo servía con Noemí -que es como mi mamá postiza- en los encuentros CREA -en realidad yo limpiaba la casa donde se hacían-, ayudaba a servir”. 

La impresión que tuvo al ingresar al salón en el que debía cumplir funciones de camarera por primera vez fue sentir que “era una paisanita de campo y no tenía idea qué hacía en ese lugar tan lujoso”. 

Pero Patricia pensó: “La vamos a encarar”. Y fue lo que hizo cuando Noemí le ordenó tomar la bandeja, llenarla de copas y salir a la sala. “Siempre fui un cuete desde chiquita, mis amigas no entienden de dónde saco tanta energía”, explica. 

Empezó a trabajar con Cuito y con Noemí todos los fines de semana, para llegar a la ciudad hacía dedo, algo que empezó a complicar su actividad porque es extremadamente puntual y se exigía demasiado durante esas jornadas. 

Así que un día -sin decirle nada a su ex marido- habló con Lize y le comunicó que dejaba todo para radicarse en Tres Arroyos. La sorpresa fue tremenda después de 16 años trabajando en el campo, pero el ímpetu ya no se detenía. 

Algunas señoras a las que les limpiaba las casas del campo la contrataron para hacer lo propio en los departamentos de la ciudad, así que cuando llegó ya tenía 14 casas para trabajar como empleada doméstica. “En Lin Calel tenía mi casita, siempre fui muy estructurada, no me casé hasta que no tuve mi casa, mis muebles, todo, así que para venir a Tres Arroyos vendí todo, hice la mudanza y en un año con mi trabajo me compré mi primer terreno y a los pocos meses el segundo”, relata parte de la aventura de su vida.

Limpiar 14 casas 
Una vez en nuestra ciudad Patricia arrancaba a trabajar en bicicleta a las siete de la mañana y sólo tomaba un pequeño descanso para almorzar, y luego seguir limpiando hasta las diez de la noche. Durante cuatro años continuó con este ritmo y los fines de semana con “Cuito”. Cuando fallece la organizadora y regente del emprendimiento para el que ella cumplía tareas de camarera tomó la determinación de hacerlo sola. “Ya no era lo mismo sin Cuito, por eso decidí abrirme y algunas compañeras vinieron conmigo”. Patricia valora el “empujón” que le dio María Ignacia Fossatti para poder “arrancar sola”, porque le insistía que tenía que hacer los servicios, pero coordinados por ella.

“El día que falleció Cuito tomé la determinación y empecé a decirle a mis clientes particulares -para los que limpiaba sus casas- que iba a desarrollar un emprendimiento sola y así fue pasando de boca en boca”. Entonces se hizo una importante cadena de clientes que desde hace nueve años confían en los servicios y la preparación de eventos que organiza Patricia. 

Ser mujer
Patricia cuenta que una vez en Tres Arroyos el trabajo se multiplicó y potenció, estas circunstancias hicieron que la pareja que conformaba con su esposo terminara. “Hoy en día somos amigos, yo no juzgo a nadie, no soy rencorosa, así que ya fue…”.

En relación al trabajo y la vida en pareja dice: “No todo el mundo acepta estos tiempos y esta forma de trabajar. Tuve novio, pero no es fácil este tipo de actividad, no todo el mundo acepta mis horarios y más en alguien tan activo como yo”. 

La emprendedora destaca además que tiene una vida social muy rica y varios círculos de amigos. “Muchas veces son más familia los amigos que la propia por el tiempo que comparto con ellos. Si tengo media hora voy a ver a una amiga, otra media hora visto a otra”. 

La joven emprendedora afirma que heredó de su mamá el gusto por estar siempre arreglada y de buen humor, “ella se levantaba, se maquillaba y estaba siempre linda, yo cocinando estoy pintada porque muchas veces me tengo que sacar el delantal y salir corriendo para hacer un trámite en la calle”. 

Patricia cada evento lo vive como una nueva exigencia, va evolucionando y todo pasa por su cabeza, desde cómo colocar un cuadrito hasta poner la mesa, trabaja de acuerdo a sus estudios de protocolo y está atrás de cada detalle para que toda la gente tenga la posibilidad -si amerita el lugar- de tener lo mejor para la fiesta que programó. “Controlo la bebida, las luces, la comida, las mesas, todo, contraten el servicio completo o sólo el catering”. 

Patricia trabaja mucho, pero cuando tiene unos días libres decide viajar y se despeja de lo cotidiano. También tiene el proyecto de terminar su casa a la que le hizo un lugar muy cómodo para trabajar con una cocina muy grande. Patricia, que prepara servicios para hasta 300 personas, tiene muchas ideas, “sé que puedo hacer siempre más”. 

Parte del grupo que conforma la empresa de Patricia Zubillaga


Hoy tiene eventos agendados hasta 2020. “Todos pueden tener mi servicio, nada es imposible en esta época, soy humilde, nunca me la creí, no me veo empresaria. Fui humilde y no me olvido nunca de dónde vengo”. 

Se define como polvorita, inquieta, incansable, llena de energía. Es todo eso y mucho más, porque nunca bajó los brazos, supo que podía un poco más si se lo proponía y ni el polvo de los caminos de tierra, ni las horas de limpieza de casas ajenas, ni el sudor y el esfuerzo de hacer dedo para poder llegar a tiempo al lugar de trabajo, ni las vicisitudes personales, ni la falta de tiempo la frenaron. Claro que no es “una paisanita”, es una empresaria.

Un servicio completo 
Patricia Zubillaga comenzó con su emprendimiento de servicio de catering y preparación de eventos hace casi nueve años. A poco tiempo de iniciarse en el negocio comenzó a comprar vajilla, mantelería, decoración, barra de tragos, juegos de living, lo que hace que el servicio que presta sea completo. 

“Voy a una casa o salón y llevo todo, termina la fiesta y levanto todo, hacés de cuenta que no pasó nada”, describe Patricia entre risas. Lo más estresante de la tarea que lleva adelante Patricia son los mandados, compras que hace ella misma así como el lavado de la vajilla, la fajina, el plano de la decoración del lugar. 

Servicio completo a cargo de la emprendedora local


“El evento hay que hacerlo con todo lo nuevo y lindo que hay para incorporar a cada uno de ellos”. Cuando va a realizar los mandados no anota nada, todo está en su cabeza, organiza la compra del hielo, de la carne, busca a “los chicos” para que vayan a cada servicio, pero eso sí “nadie mete mano, cocino yo en mi casa. Me pedís sushi te lo hago, me pedís guiso y lo hago, no soy chef soy amante de la cocina, hago seis o siete recetas a la vez, ya me organicé para eso”. 

El emprendimiento cuenta con tres parrilleros, servicio de camareros, ayudante de cocina, bacheras, barman, seguridad, “somos una familia, más que un grupo de trabajo”, explica Patricia.

Ser madre 
Patricia Zubillaga manifiesta su deseo de ser madre soltera, “cuando arranqué a trabajar fui postergando la maternidad porque pensé que un hijo implicaba mucha responsabilidad y que el trabajo no me iba a dejar hacerlo bien. Hoy tengo otra mentalidad y pienso que llevaría a mi hijo a todos lados donde voy, estoy más organizada”. 

Patricia Zubillaga en la redacción de LA VOZ DEL PUEBLO


Pensó siempre en la adopción, pero si no fuera así planifica ser mamá por algún método de fertilización, aunque no descarta la posibilidad de concebir en el contexto de una relación de pareja, aunque de esto considera que “por ahí los hombres no siempre quieren ser padres o ya tiene sus hijos y no quieren tener más”. Patricia siente que tener un hijo es un sentimiento que “ya está ahí nomás, será el único deseo que me falta cumplir, siento que va a ser una mini Patri”.


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