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Opinión

Psicología

El fin de año se acerca

30|12|18 11:34 hs.

Por Claudia Torres


Y sí… lo podemos notar, no sólo en nosotros sino en los demás… días más largos, corridas para tener todo en orden, cierto apuro por terminar con algunas cosas pendientes, fin de ciclo lectivos, cursadas, entrega de trabajos… lo percibimos con todos nuestros sentidos… ¡el fin de año se acerca! 

Otro año que transitamos juntos en este espacio, otro año donde tengo el privilegio de expresarme y acercarme un poco más a cada uno de ustedes. 

Sin dudas, si logramos hacer una revisión o un pequeño balance de los meses transcurridos, encontraremos buenos y no tan buenos momentos en lo personal así como también a nivel social. De esta misma manera, haciendo una observación de los temas que compartimos, vamos a encontrar algunos con una carga emotiva importante, que nos movilizaron y otros que tuvieron un tono más liviano, pero no por eso menos importantes. 

Algunos de estos temas, quizás lograron interrogarnos sobre la importancia de tomar las riendas de nuestras vidas, ser responsables de las cosas que nos suceden y poder cambiarlas si es un deseo nuestro. 

La toma de decisiones podría llegar a ser uno de los caminos principales para materializar aquellos anhelos que tenemos de manera personal, sé que no es nada fácil, que implica un reconocimiento interno de poder clarificar nuestras prioridades, dejar la indecisión de lado y el objetivo de dar el primer paso.


Cuando decimos “no puedo” estamos evadiendo, en cierta medida, la responsabilidad de llevar a cabo determinado acto. Es una manera de limitarnos para no asumir la responsabilidad de nuestras propias elecciones. Puede llegar a ser un modo de no enfrentar de manera directa lo que nos está pasando en nuestra vida o en un área de ésta. El "no puedo" no nos ofrece muchas alternativas, sino que nos pone en una posición de víctimas de la situación o de las circunstancias que en ocasiones puede llegar a ser muy cómoda. La toma de decisiones podría llegar a ser uno de los caminos principales para materializar aquellos anhelos que tenemos de manera personal, sé que no es nada fácil, que implica un reconocimiento interno de poder clarificar nuestras prioridades, dejar la indecisión de lado y el objetivo de dar el primer paso.

¿Cómo juega en este punto nuestra autoestima? Podríamos decir que la autoestima, es aquella disposición a considerarnos competentes para hacer frente a los desafíos básicos de la vida, eficacia personal, y sentirnos merecedores de afecto y aceptación, teniendo en cuenta el respeto a uno mismo. La manera en que nos vemos a nosotros mismos, podría condicionar nuestra manera de estar y actuar en las diferentes áreas importantes de la vida: personal, laboral, social, relación de pareja, anhelos, etc. 

Hicimos un breve recorrido por algunas maneras de relacionarnos y algunos sentimientos, de los cuales no siempre podemos admitir, quizás porque no estarían “bien vistos” reconocerlos a nivel social. La queja, el rencor y la vergüenza formaron parte de estas columnas. 

Pesada… sombría… cansadora… muchos solemos quejarnos casi todo el tiempo. 

Del clima… un día del calor, otro día, del frío. De nuestros trabajos, porque es mucho, o porque es poco. Del amor que recibimos o no: “ya ni me mira…”, “no soporto que esté todo el tiempo encima mío…” Si somos estudiantes, de los exámenes y de las clases. De los políticos, del país, de la mujer, y del marido, y de los hijos, y de los tíos, abuelos, primos; del padre, de la madre, en fin, de haber nacido. La queja es solidaria, sirve como motivo de conversación, desde el ascensor, aguardando a ser atendidos de un negocio, o la sala de espera del médico. La queja es motor de unión de los grupos, es caldo de cultura social; quien tiene una queja siempre encuentra un compañero. Quien se queja es porque está descontento y porque de alguna manera quiere conseguir algo. Quejarse es demandar, y las demandas siempre son de amor. Podemos definirla como una manifestación o demostración de desconsuelo pena, pesadumbre, sufrimiento, dolor, angustia, pesar. 

El rencor podría ser uno de los sentimientos, que junto con la envidia, es de los que más negamos, quizás porque no es muy agradable reconocer que lo sentimos. 

Cuando tenemos ciertas expectativas puestas en alguien con respecto a cómo se debería comportar y no lo hace, nos sentimos dolidos, decepcionados, engañados, humillados… esto puede producir ciertos pensamientos que se realimentan y son difíciles de superar. Una de las emociones más negativas que una persona puede experimentar. De alguna manera, todos hemos pasado por situaciones en nuestras vidas que nos han hecho experimentarlo, quizás la diferencia fundamental sea como lo hemos gestionado. 

La vergüenza en ocasiones, puede llegar a perturbarnos de tal manera que nos inhabilite socialmente en la realización de nuestras actividades diarias. 

Comencemos reconociendo algunas respuestas físicas que aparecen ante esto: la vergüenza provoca, por ejemplo, calor en el rostro, imposibilidad de sostener la mirada, aceleración del pulso, vacío en el estómago e incapacidad para expresarnos. Podemos llegar a tener la sensación de hacernos cada vez más pequeños e insignificantes frente a los demás que se hacen más grandes, más fuertes y peligrosos. Es como si nos plegáramos, lo cual es real ya que, al sentir vergüenza, instintivamente encogemos brazos y piernas tratando de protegernos y de pasar desapercibidos .No se trata de una emoción innata, sino aprendida a través del proceso de socialización y mediante las relaciones que tenemos con los adultos de referencia. Tengamos en cuenta que así como la aprendimos, podemos cambiar esta manera de relacionarnos. 

Si hablamos de relaciones, hicimos referencia a las redes sociales y las relaciones interpersonales, como utilizamos la tecnología y de qué manera nos afecta positiva o negativamente. Los nuevos grilletes electrónicos que nos mantienen casi prisioneros provocando por un lado un acercamiento lejano y por el otro un distanciamiento con lo más cercano. 

En la época que vivimos lo virtual y lo inmediato tiene una preponderancia muy significativa, que tiene sus ventajas y desventajas. Las personas han necesitado, desde siempre, socializar para encontrar cierto bienestar, algo que el uso de las redes sociales como medio para relacionarse ha puesto enormemente de manifiesto. 

Queremos estar en permanente contacto, contar lo que nos pasa, ser “escuchados”, aconsejados y consolados, queremos ver y que nos vean, estar presentes aunque sea a la distancia. 

Pudimos transitar el complejo camino de ser padres, esa difícil tarea que a nadie nos enseñan. A ser padre no nos enseña nadie, es algo que aprendemos día a día y si tenemos más de un hijo, sabemos que el trato con cada uno de ellos se dará de manera diferente. En muchas ocasiones se nos presentan dudas y confusiones que deberemos ir sorteando de acuerdo a las circunstancias. Solemos poner en nuestros hijos expectativas propias, sueños que no hemos podido cumplir, deseos de que “sean lo que yo no pude ser”… una carga pesada y dura de sobrellevar para ellos. ¿Y si esto no se da de manera biológica? Quizás la adopción sea una alternativa a tener en cuenta. El trayecto puede resultar doloroso y algunas veces requiere de apoyo profesional para entenderlo y resignificarlo, dándole un sentido que les permita crecer en un nuevo proyecto de vida. Una vez aceptada y elaborada la situación, la pareja puede abrirse a la posibilidad de tener un hijo por una vía alternativa a la procreación, un hijo que les brinde la oportunidad de formar una familia y realizarse como padres. Así, el dolor y frustración vividos se transforman en ilusión. “Adoptar”, significa acoger, prohijar, consentir, abrazar, desear a alguien o algo, que no es nuestro, para vincularlo con nosotros mismos. 

La posibilidad de volcar el amor adulto hacia un hijo es un privilegio que ofrece el niño a sus padres, pero para experimentarlo en forma madura y sana es necesario haber vivido el duelo por el hijo biológico perdido, ya que el hijo adoptado no reemplaza al que no se tuvo, sino que es un niño distinto y único, cuya individualidad debe ser respetada como tal. 

La violencia, los duelos, los embarazos no deseados y el aborto, la pasión y la frustración, los miedos que se nos presentan frente al compromiso afectivo, la jubilación… formaron parte del recorrido del año. 

Sólo me queda agradecer cada mensaje y comentario que me hicieron llegar y desearles a cada uno de ustedes, que el próximo año abra nuevas puertas al cumplimiento de sus deseos, pero antes, no olviden cerrar otras…

¡Feliz año 2019! 

Lic. Claudia Eugenia Torres 
M.P.:40256 
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