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Fabricio Maschi, apasionado de la pesca

“Yo llevo la caña, aunque no la use”

30|12|18 12:10 hs.

Fabricio nació con un padre súper futbolero y basquetbolista -Eduardo Maschi, - pero en él, desde chico, la pesca fue su gran pasión. 


Cuenta que “el primer recuerdo que tengo es que mi viejo me llevaba a los saltos de piedra a pescar, ahí que fue como el movilizador. En la casa de mi abuelo había elementos de pesca, pero no tenía auto. El me regala, porque veía que a mí me gustaba revolverle las cosas de su caja de pesca, un manual de Juan Martín de Yáñiz de 1930 donde estaba toda una enciclopedia de la pesca y yo me la devoraba. Después, en la primaria, con un compañero –Ferrario- su padre era regente de Recursos Naturales y cuidaba muchas lagunas, nosotros lo acompañábamos e íbamos a pescar. Ahí medio como que arrancó la cosa pero siempre me encantó. Vivíamos cerca del arroyo del Medio –avenida Belgrano al 1100- y ésa era la escapada a pescar. Esto independientemente de que hice básquet, pero reuniéndome con amigos la debilidad fue pescar”. 



Luego de egresar de la escuela secundaria se va a La Plata a estudiar Biología y él quería hacer la parte de estudiar peces y demás y se contacta con una bióloga. Allí empieza a hacer esta especialización pero la situación del país y era la época de Cavallo -que había cortado la posibilidad de carreras de investigación- hace que de un giro a su carrera y “entro a laburar en Veterinaria. En la carrera de experimentación de animales, nada que ver con esto, pero bueno es como que canalicé por dos lados mi pasión. Por una parte aplicar la parte de Biología a un trabajo cotidiano y aceptar otras cosas para poder vivir y la pesca fue como hobby para seguir disfrutando de eso. Hasta que yo acá no había podido concretar nada porque en Tres Arroyos era muy caro y el único que tenía algo de pesca con mosca era Klaromecó Camping, equipos viejísimos pero inalcanzables. Yo pensaba que algún día me iba a dedicar a esto porque era como el sumum, como llegar a lo más exquisito en cuanto a la pesca”.


Puede estar sentado desde la comodidad del bote para buscar la mejor trucha o salmón cómo desatar la mayor de las adrenalinas por la captura de un marlín


Por el mundo… 
Por su misma carrera de Biología pudo estar en diferentes lugares del mundo y su trabajo “se me da la oportunidad de dos años antes de recibirme por mi trabajo puedo acceder a una beca para irme a vivir a Japón por un año. Yo me recibo en el 95 y me voy, conociendo un montón de cosas de allá… Imaginate que en esa época no había GPS en internet pero yo me las ingeniaba igual para llegar a los lugares de pesca. Sabía inglés pero de japonés…” 



Además de conocer por esto y la pesca distintas partes de América y del mundo. Si bien él es de esta zona la pesca de la mosca es de otras regiones porque como Fabricio cuenta “en la época veranil en esta zona no tenemos muchas especies predadoras cerca como para pescar con mosca. Lo más cerca que teníamos era Sierra de la Ventana y habíamos ido con un par de pibes a pescar truchas y terminando pescando percas. Ya ahí era pesca con artificiales, con cuchara, y esto es un constante movilizador porque estás en constante acción tratando de ‘engañar’ a un pez. Entonces saltás de una pesca de espera a una pesca activa. Después acá tratando de aplicarla con especies chicas que habitan los arroyos –dientudos por ejemplo- que mordían artificiales y allí empezamos a crear los primeros artificiales porque acá sólo existían las mosca de naba. Así que siempre inventando cómo largarlas con peso, con algunas boyitas cargadas".  



El sur fue el clic 
En uno de los primeros años de su carrera, con unos amigos, se van al sur de mochileros y a pescar “con moscas y con artificiales. Preparando el viaje yo iba con los pioneros de acá como Guisasola, el Flaco Mainini –otro gran pescador- los voy a ver y nos atan unas mosquitas para pescar en los ámbitos a que íbamos. Ese fue un ‘viaje de ida’ después del sur porque cuando fuimos allá pescamos con spining y cucharas pero también con las moscas que nos habían armado. Y cuando volví me dije ‘yo me tengo que comprar el equipo’, eso era año 89-90. En La Plata había un poco más de comercios que tenían pero la meca estaba en Buenos Aires, pero no había internet ni nada sólo revistas, anécdotas, programas de pesca con mosca muy pocos". 


Puede estar sentado desde la comodidad del bote para buscar la mejor trucha o salmón cómo desatar la mayor de las adrenalinas por la captura de un marlín


"Ahorrando me compro un equipo de mosca y un conocido me da un catálogo de Cabela’s que venía de con toda información y productos. Uno de los que solía viajar al extranjero trae además de esto un video de un querido maestro que vivió acá, Mel Krieger, uno de los pioneros en el país y que vivió en la Patagonia formando instructores y guiando pescadores. Pero estaba en inglés, viéndolo comienzo a aprender solo, en una plaza hasta que se hace una especie de reunión en La Plata de aficionados a la pesca con mosca y todos estábamos en la misma. Existía la Asociación Platense de Pescadores con Mosca pero no brindaba nada y ahí empezamos a armar una escuelita junto a un amigo de Olavarría con lo que nosotros habíamos aprendido más un curso que hicimos con otro maestro de La Plata. Volanteábamos en casas de pesca y dábamos curso en las casas, de todo teórico y práctica. Hasta que nos ve uno de la Asociación de La Plata y nos dice ‘esto lo tienen que hacer allá’, pero nosotros cuando fuimos a la Asociación no nos brindaron nada así que ahora si quieren que vayamos tienen que armar una escuela. La Asociación alquiló una casa y llegamos a tener 400 inscriptos, fueron cuatro a cinco años fabulosos con encuentros de amigos del sur. Logramos traer a Mel Krieger y fue así que él nos propuso que certificáramos como instructores, nos preparamos y en la Asociación Argentina de Pesca con Mosca –en Buenos Aires- nos toma el examen y nos dan los certificados. Yo tengo el honor de ser el cuarto en Argentina certificado por la Escuela de Mel Krieger. Y desde el año 97, cuando vuelvo de Japón, estuvimos hasta el 2001 formando gente en la Asociación Platense. Luego un poco cansado de esto con otros amigos formamos una pequeña empresita de armado de mosca y empezamos a vender a todo el país, contratamos otros atadores para trabajar y esto me sacaba mucho tiempo de la enseñanza. En el 2002 le propongo a un súper camping de La Plata si no quiere ofrecerle a su clientela los cursos de pesca con mosca, lo aceptan y desde ahí hasta ahora lo sigo haciendo. Esta es mi historia con la pesca con mosca”. 



Con la gente que fue formando en la pesca se armaron grupos y comenzaron las salidas a capturar primero dorados y luego diferentes especies organizando viajes en lugares más que ignotos del mundo “de todo un poco. La pasión se canalizó por ese lado y otra de las cosas que me gustan que es enseñar también. Confluyeron las dos cosas en una misma y yo súper contento, hasta el día de hoy lo sigo haciendo”. 

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Junto a su padre Eduardo, ambos identificados por la pasión


Filosofía de vida
Hablando con él de cuál fue su mejor pesca o la captura más hermosa Fabricio sostiene que “son escenas, hay de todo. Con mosca lo que tiene de bueno es que no tenés techo y hoy en día los límites no existen. Yo me acuerdo que estando en Japón, me compré equipos allá, y cuando iba para el trabajo veía un río y japoneses pescando con mosca y al fin de semana siguiente estaba ahí. En el noventa y pico pescábamos carpas con mosca, después lisas con mosca bicho raro y difícil pero también las tomaba. Después a uno le hace un clic cuando uno arma sus propias moscas y pesca con sus diseños, eso es espectacular. Cuando lo lográs esos resultados es más que satisfactorio además de que cuando la estás armando en tu casa también estás pescando con el pensamiento y la imagen. Después hay de todo, son objetivos, nosotros estamos en la provincia de Buenos Aires y a veces no valoramos especies que tenemos. Hemos pescado lo que se te ocurra, pejerrey, mojarra, dientudo, tarariras, carpas, dorado, chanchitas. Acá en Marisol, lenguados, una pesca fabulosa; embarcados uno dice ‘no esta pesca no me gusta porque es fácil’ pero si uno va con estos equipos y le busca la vuelta lo puede hacer y lo disfruta más. Entonces en el disfrute no en la cantidad, en entender ese equilibrio y si cuidás los recursos podés volver otro año y tener mejores bichos. Ahí empezás a protegerlo, a llevarte lo que necesitás y no de más… y a disfrutarlo. Todos los momentos, pescar, cuando no lo hacés también, disfrutar del momento de donde estás. Esa es un poco la filosofía de esto”.

Pesca y naturaleza 
El fanatismo suyo por la pesca es tan grande que así como otros cargan termo y mate “yo llevo la caña, aunque no la use. Después si se dá la situación se pesca un rato…, igualmente ya con disfrutar el paisaje estoy lleno. Para mí estar en contacto con el agua es fundamental, es como un cable a tierra aunque no esté haciendo nada”. En cuanto a su familia, -María Beatriz, su mujer y Franco su hijo- se acopla “bárbaro a esto. Tengo una familia fantástica, mi mujer me conoció toda la vida pescando así que es la que más me banca y entiende que es una pasión y las pasiones hay que dejarlas que quien las tiene las disfrute. A veces es difícil que te entiendan, pero la verdad es que no me puedo quejar para nada. Y mi hijo también se ha enganchado; he logrado sembrar la semilla así que él también me acompaña para todos lados”. En cuanto a su profesión sin bien estudió Biología es profesor en la Facultad de Veterinaria ligado a lo que es la experimentación con animales, “a eso me dedico desde hace 23 años. Mi parte profesional va por ese lado y también estoy con lo que es acreditación de laboratorio, por ahí transcurre mi trabajo. Pero lo fines de semana mi cable a tierra son esto de los cursos y el hecho de salir a pescar. También el armado de moscas que es muy interesante porque mientras lo hacés estás pescando desde tu casa”.