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Sociales

La experiencia de Diego en Canadá

Un país desarrollado con una economía sana

06|01|19 12:20 hs.

La realidad de Canadá que describe Diego Asef se ubica en las antípodas de la convulsionada economía argentina. “Es muy estable. La inflación anual es de entre 1 y 2,5 por ciento. Uno conoce los precios de las cosas, no cambian demasiado”, explica. 


La población sabe en general acerca de la evolución de los valores. “Es parte de la idiosincrasia del canadiense que cuando ve que algo aumenta, realmente le molesta –señala-. Ha pasado por ejemplo con el precio del café. Hasta he visto en algún momento en la cafetería principal de Toronto, cuando aumentó unos centavos, un cartel para explicar y pedir disculpas”. 

El Estado está a cargo de la educación hasta el secundario inclusive y brinda también la mayoría de las prestaciones de salud. Diego Asef comenta que “hasta el nivel secundario completo, hay acceso a la escuela estatal. Después lo que es universidad ya entra en el ámbito privado, tiene un costo relativamente elevado, aunque no tanto como en Estados Unidos. En salud hay algo parecido al médico de cabecera de aquí y es netamente pública, más allá del poder adquisitivo de cada uno; lo único privado es odontología y algún tipo de práctica con aparatología”. 


Diego Asef, su señora Fernanda, y sus padres Mabel y Héctor en la Basílica de Notre Dame, en la ciudad de Montreal


En la mayoría de los casos, “la gente tiene un trabajo estable y llega a fin de mes sin sobresaltos. También hay quienes se deben esforzar muchísimo para cubrir sus gastos, pero las familias cuentan con un piso mínimo. Tal vez si una persona realiza un trabajo que no es full time, recibe una asistencia en ropa y comida e incluso si hace falta en vivienda”. Diego Asef considera que “la economía mundial está en un momento difícil. Igualmente Canadá, dentro de todo, se encuentra estable”. 

Durante los más de seis años de residencia en el país no percibió “pobreza estructural. A las familias que necesitan un apoyo, se les busca dar una capacitación para que el trabajo de tiempo parcial que hacen sea completo y logren independizarse en forma plena. No he visto personas en situación de calle, el clima también es un factor importante porque hace mucho frío; el Gobierno ha hecho llamados para en caso de que alguien vea una persona en tales condiciones, lo reporte para llevarlo a un asilo y darle asistencia”. 

Con respecto a la seguridad, valora que “el robo violento no es habitual. Hay un bajo porcentaje de delitos. Mucha gente allá todavía tiene la costumbre de no cerrar las puertas, como era en Tres Arroyos hasta no hace mucho”. 

Dentro de los aspectos culturales, se siente a gusto con el interés que muestran los canadienses por el cuidado de la familia. “Los lugares suelen estar orientados para darle prioridad a los chicos. Suelen disponer de espacios designados. En las conversaciones hablan mucho de las familias, soy muy cálidos en cuanto a este tema”, subraya. 

Toronto le ofrece calidad de vida a él y a su señora Fernanda. Es similar en dimensión a Buenos Aires, con poco menos de tres millones de habitantes. “Después hay un gran Toronto, tiene como un segundo cordón”, indica. 

Hace aproximadamente un año compró su departamento, una señal del vínculo con el lugar. En el norte del continente, disfruta con su profesión y no es casual que haya tenido –mediante la capacidad y el esfuerzo- muchas satisfacciones.