Sociales

La tecnología del sentir

El Gastón que quiso ser, sin máscaras ni zanahorias que perseguir

06|01|19 12:32 hs.

Gastón Bacchiani es tresarroyense. Hace 20 años partió de la ciudad -aunque vuelve a visitar a su familia y amigos- hacia el mundo y en ese viaje llegó a Berlín, 18 años atrás. Sus amigos argentinos le sugirieron hacer charlas en nuestro país y traer a su ciudad los conocimientos sobre “la tecnología del sentir”, técnica que Gastón trasmite en todo el mundo.


Llegó a Tres Arroyos a los diez años proveniente de Buenos Aires, su infancia y adolescencia transcurrieron en la calle 1810 al 800, estudió en el Colegio Jesús Adolescente la primaria y la secundaria hasta que se fue a estudiar Administración de Empresas en la Universidad Católica Argentina. Recibido, volvió a la ciudad por cinco años hasta que decidió seguir su vida en Europa. 

Gastón tiene un aspecto tranquilo, pacífico, sin embargo la enorme inquietud interior lo llevó a recorrer distintas experiencias hasta encontrarse. Los diferentes momentos en su vida lo tuvieron protagonizando actividades diversas, su gusto por la administración y los negocios fue la razón por la que estudió una carrera afín. 

Esto no inhabilitó que desarrollara su espíritu artístico y en ese transitar comenzó a bailar (participó de un espectáculo en el Teatro Lola Membrives en Buenos Aires). 

Lo artístico y la economía fusionados perfilaban al Gastón de hoy. A los 25 años regresó a Tres Arroyos para ocuparse de una cuestión familiar y fue donde desarrolló su actividad relacionada con los negocios: “A los 30 me di cuenta que el tema de querer ser el millonario empresario exitoso me quemaba la cabeza, me estaba cansando”. 

Fue así que llegó una determinación que dejaría la huella para siempre, vendió todos sus bienes y se fue del país porque sintió que la vida no podía ser eso que tenía. Fue a Berlín invitado por una chica, pasaporte italiano en mano y sin saber una palabra de alemán, no tuvo tiempo de darse cuenta de lo que transcurría cuando comenzó a tener oportunidades artísticas, hizo shows de tangos, de salsa, apareció actuando -a menos de tres años de su arribo a Alemania- en la televisión, algo que le dio reconocimiento y un lugar de “fama”. 

“Fue una etapa muy linda en la que hasta bailé tango en la Filarmónica de Berlín, en realidad la vida me iba dando posibilidades de hacer lo que tenía ganas”, expresa Gastón. 

Hasta ese momento el joven seguía la zanahoria de oportunidades que se iban presentando, pero no encontraba nada que lo completara realmente, que “lo llenara”. 

Así como dejó la economía, también se cansó del baile y de la fama artística, entonces ocurrió algo que lo dejó en posición de alcanzar, finalmente, su zanahoria. ”La vida me dijo que lo que hacía como planificar, proyectar, tener pensamientos positivos para generar mi realidad tenía que parar para hacerme cargo de mis emociones. Me sentía muy mal por algunos episodios por los que pasé que me desbalancearon todo”, cuenta Gastón que tiene muchos amigos en nuestra ciudad.

El jaque mate
“La vida me hizo un jaque mate, la situación en sí no es importante sino todo lo que me generó, la impotencia, la presión en la garganta que ahoga y no aguantás más, eso me hizo reaccionar y analizar que había algo que no iba”, cuenta Gastón sobre el inicio de su nueva vida. 

“Me sentía víctima en la conciencia antigua en la que eran “los malos” los que me hacían las cosas a propósito y yo me sentía prisionero, entonces hice el cambio”, subraya. 

El entorno de Gastón consideraba que los hechos que habían marcado su vida para mal eran injustos, con lo cual lo sostenían en el lugar de víctima, entonces fue cuando conoció gente que le dijo que “en el momento que me hiciera cargo de mis emociones todo iba a cambiar”. 

El camino fue doloroso, a tientas, tuvo que aceptarse, ser humilde con él, dejar que las emociones tomaran espacio dentro de sí. “Me fui dando cuenta de que cada día tenía más beneficios, más espacio interior, encontré como un balance”. 

El proceso de nueve años fue largo hasta encontrar que las emociones estaban más centradas y se sentía mentalmente más claro, con la tranquilidad que le permitía comunicar su mensaje, estar en él, hasta que el cuerpo le dijo que tenía que escucharlo y fue cuando dejó de comer ciertos alimentos que no eran sanos. “El 31 de diciembre de 2013 fui a cenar a un tenedor libre en Berlín con mis amigos, comí muchas carnes y al otro día mi cuerpo me dijo que no daba más. Entonces comencé a investigar sobre los ayunos y empecé a incorporar energía más sutil y no tantos sólidos que dejé de consumir en gran cantidad, entonces se dio un importante cambio físico”. 

Esta situación lo llevó a hacer pruebas olímpicas en Berlín (la Asociación Olímpica alemana tiene los profesionales que entrenan como elite y categorías para amateurs que se incluyen en tablas muy complejas en las que se hace un orden de méritos según tiempos o diferentes medidas según el deporte). “Llegaba en todas las pruebas al oro, a los 47 años logró medidas de gente de 25, por lo que noté que esta forma de integrar las emociones y toma de conciencia habían cambiado en mí también el aspecto físico”, manifiesta Gastón. 

Realizó dos triatlones olímpicos, tres mega maratones, hace acrobacias, todas pruebas que aprendió después de los 40. Actualmente continúa trabajando en un proyecto de finanzas conscientes, en el que las personas pueden integrar sus emociones y sus carencias para autollenarse y sentirse plenos, entonces a partir de ahí generar una estructura financiera de intercambio. 

“Cuando tenemos espacio interior la paz llega al entender lo que está pasando adentro mío, aunque la situación externa no cambie, la expansión, la interpretación es diferente”, concluye Gastón. 

Aquello que lo sofocó hoy ya no está, lo cambió por la integración de los sentimientos y la aceptación de ellos, así Gastón recorrió su camino e invita a otros a transitarlo. La zanahoria que persiguió tanto tiempo ya no es importante, porque lo que encontró es duradero y no hay que correr detrás de ello para tener paz, sólo hay que hacerlo consciente.   

      -----------------------------------------------------------------

Los siete pasos de la tecnología emocional
Un amigo le dijo a Gastón Bacchiani que lo que le estaba pasando en lo físico y emocional “no era normal” y así empezó a compartir con las personas todos esos aspectos, a dar talleres, retiros en Italia, Francia y “se fue dando todo según el pedido de la gente –explica Gastón- entonces armé mis siete pasos que comparto para que la gente encuentre el resultado sin pasar por los nueve años que transité yo de ensayo y error hasta lograr un cambio”. 

Ya recorrió con estos siete pasos de tecnología emocional cinco países europeos, además de Estados Unidos, México, Chile y Argentina: “No es magia, es algo normal -destaca el tresarroyense-, hay que querer y hacerse responsable, hay que meter los sentimientos para que tenga beneficio aunque duela”. 

El facilitador explica que las contracciones negativas o tóxicas por frecuencia nos activan las nuestras, “lo que digo es que hay que integrar esos miedos, los siento, los puedo leer, pero me puedo comunicar, entender y que se pueda sentir ese miedo o angustia en forma consciente”. 

El camino recorrido 
Gastón reconoce que durante muchos años de su vida en diferentes áreas fue siguiendo la zanahoria y aquello que le mostraban como el ideal para sentirse bien hasta que se dio cuenta -una vez que pasó por diferentes etapas- que lo que realmente quería era ser él. “Soy una persona que vive lo que siente, que te comparte lo que siente en cada momento y que está abierto a dejar que cualquier contracción se active y estar ahí para aceptarla y compartirla”. 

Dejó atrás las máscaras y ya no reconoce al que fue, tanto es así que atrás quedó el Gastón que pensaba que ante el miedo había que luchar hasta que entendió que tenía que empezar a sentirlo en forma consciente. “Me hago responsable, le digo a la angustia: ¡Vení! Entonces, aquello que me quiero sacar lo abrazo y lo acepto porque sos vos”. 

La tecnología del sentir es integrar las emociones, pasar de “él me hizo” a “yo me siento”, de “ella me abandonó” a “me siento abandonado” y hacerse cargo. 

Gastón dice que “desde el momento que trabajo sobre lo que siento es porque tengo una necesidad de ser querido, visto, escuchado, aceptado, apoyado, entonces la técnica permite localizar dónde se sienten esos sentimientos en forma consciente, por eso le pido a la gente que lo haga por un minuto, respiren y expandan, e integrar como fichas de rompecabezas y con el tiempo la claridad empieza a expandir”. 

Los cursos de Gastón seguirán su trayecto por Italia y alcanzarán a todos aquellos que quieran integrar sus emociones para dejar de combatirlas. 

Mañana, en la Biblioteca Campano, a las 20.30, habrá una conferencia libre y gratuita; el miércoles 9, a la misma hora, en la Sociedad de Fomento en Dunamar; el sábado 12, desde las 10.30 hasta las 19, hará un taller vivencial y de práctica; del 15 al 20 de enero, en Los Cardales, en Buenos Aires, seis días de DETOX3, que es la desintoxicación a nivel físico, mental y emocional, en un lugar ideal para este momento de reflexión. La información para la inscripción se puede hacer en la página “Compartiendo Claridad” o en Internet en “DETOX 3.org”.