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Opinión

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La chatarra del olvido

13|01|19 10:52 hs.

Por Valentina Pereyra


Tal vez una buena idea sería trasladar la chatarra de la calle Fangio 140 al barrio de los funcionarios. Durante meses recorrí las calles de El Ciclista y el paisaje en Hipólito Yrigoyen al 1700 no cambió. 

Un camión cargado de basura, montículos y montículos de chatarra, restos de animales, enseres de todo tipo y color desparramados sobre un terreno baldío frente a la vivienda del vecino que la acumula. También en la vereda de su casa, adentro de la misma, no hay un rincón de “su espacio personal” y de la cuadra que no está cubierto por basura. 

No sólo presencié la furia del chatarrero cuando pretendimos sacar fotos del lugar, sino que vi muchas veces a varios menores de edad corriendo sin calzado, muchas veces sin demasiada ropa y hasta desnudos entre la basura. Los vi jugando, corriendo, yendo y viniendo rodeados de hierros cortantes, chapas oxidadas, animales muertos. 

Sin embargo, a pesar de dar aviso a quien corresponde de las circunstancias observadas, volví el último viernes y todo seguía igual, la basura y los pequeños. 

La ordenanza municipal 4482/98 regula la radicación de desarmaderos y acopio de chatarra. Hace referencia a los establecimientos destinados al desguace de máquinas, automotores, electrodomésticos y todo equipamiento o dispositivo cuya composición básica sea de naturaleza metálica y su posterior almacenamiento con fines comerciales.

La chatarrería del Barrio El Ciclista tiene fines comerciales, pero son totalmente informales y, “con el conocimiento de la Municipalidad”, tal como dijo el chatarrero cuando habló con nosotros el año pasado. 

Pude corroborar que hablaba en serio cuando en una ocasión, totalmente informal, se acercó a hablar del tema el juez de faltas Horacio Asserquet y me dijo que no iba a lograr nada con las publicaciones, porque para poder sacar la chatarra del lugar había que hacer otro tipo de trabajo, como conversar con el vecino, convencerlo… Le respondí que había una ordenanza que cumplir y sanciones para aplicar. 

Es una familia que necesita trabajar, pero en este contexto lo hace enfermando y diseminando plagas en su casa y en el barrio. 

El ex secretario de Seguridad, Werner Nickel, estuvo al tanto de la cuestión y se ocupó momentáneamente, pero da la sensación que la salud de esa barriada salió de la agenda municipal. 

Parece que las ordenanzas se formulan para olvidarlas o cumplirlas según la cara del consumidor.