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Carta de Lectores

Proteccionismo animal

El dolor que no tiene palabra, el derecho que no tiene defensa

26|01|19 15:29 hs.

Hace poco más de 3 años administro uno grupo relacionado con el proteccionismo animal, recuerdo que la primera vez que salí a recorrer un barrio junto con una proteccionista, de las tantas que recorren la ciudad, me encontré con un gato casi estrangulado con un cordón de zapatillas alrededor de su cuello y lleno de gusanos. 


Sin dudas alguien se lo había atado con un doble nudo cuando era pequeño y el gato había crecido sin que nadie se lo cortara, sin que nadie viera como se le había ido incrustando en su cuello. Ese día viví lo que fue mi bautismo de fuego por así decirlo. A partir de ése momento he pasado observando el tipo de publicaciones que se realizan en los grupos de proteccionismo de la ciudad. 

Ocuparse del bienestar animal es un asunto de humanos, no de animales.


La imágenes con las que uno se encuentra son el reflejo fiel de cómo en nuestra ciudad se ha llegado a un nivel de violencia hacia los animales alarmante. 

Ocuparse del bienestar animal es un asunto de humanos, no de animales. Pienso que, cuando un animal pierde la vida con sufrimiento provocado, es decir, evitable, no sólo él ha perdido algo, sino también aquel que lo torturó y dejó, en ese mismo acto, de ser persona. 

Galgo con sarna


Podría decir, en una palabra, que el verdugo se “animalizó”, convirtiéndose en un predador más. ¿Qué otra cosa se puede esperar de quien disfruta del sufrimiento de otro ser vivo? 

Cualquier cosa. Absolutamente todo puede venir de aquel incapacitado para racionalizar el dolor ajeno. Esto es así, al menos, para los que defendemos que un ser no deja de existir, tal cual, por el simple hecho de ser animal.

Así, la insensibilidad ante la desgracia de un animal abandonado o lesionado, es un síntoma de desgracias mayores, de sociopatías inocultables; en resumen, de vicio o torcimiento de aquella base sensible que nos convierte en seres humanos. De tal manera que no puede ser buena persona quien no trata bien a los animales y, en general, a la naturaleza. 

No resulta problemático, a partir de ahí, entender que la insensibilidad es siempre un problema de incultura. En tanto la cultura es conciencia y viceversa, aquel que no racionaliza no está en capacidad de sensibilizarse. Así de sencillo. 

El maltrato animal es un problema ético, político, meramente social y económico entre otras cosas.

El maltrato animal es un problema ético, político, meramente social y económico entre otras cosas. Tiene infinidad de modalidades, cientos de víctimas sin voz y un aliado necesario: el inmovilismo político que mira para otro lado ante la demanda social creciente por una ciudad que avance en hacer respetar sus derechos. 

Particularmente tengo el convencimiento que no hay política más eficaz contra todo tipo de abusos que legislar y trabajar institucionalmente para erradicar la normalización de la crueldad hacia los animales que crece en la sociedad desde su base, los niños. 

Serán la educación y un cambio en la percepción humana los que fomenten una transformación real. Pero también cabe preguntarse ahora: ¿qué pueden y deben hacer el Estado y la sociedad al respecto ?.


Serán la educación y un cambio en la percepción humana los que fomenten una transformación real. Pero también cabe preguntarse ahora: ¿qué pueden y deben hacer el Estado y la sociedad al respecto ?.

Andrea Lorena Cejas.
DNI 23692627