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Sociales

Francisco Villarroel

"Lo que emigró fue la venezolanidad"

27|01|19 10:34 hs.

Por Valentina Pereyra


Francisco Villarroel es venezolano, nació en Caracas, hace ocho meses reside en la Argentina aunque muchos años antes viajó a nuestro país por cuestiones personales. Conoció a Leonardo Aizpurúa en un gimnasio y el tresarroyense lo contactó con Juan Pablo y Tomás Petersen -hijos de Helmuth- y Felipe Arenzana, también oriundos de nuestra ciudad, que lo ayudaron a emprender un negocio gastronómico en la capital y con los que formaron una amistad “que ha sido de lo más positivo de estar acá en este momento”, cuenta el venezolano. 

Es abogado, se graduó joven y a los 23 años pudo emprender en Venezuela, con un amigo, un negocio de canchas de fútbol de pasto artificial. Cuando el proyecto comenzó, hace seis años, su país era “muy parecido económica y socialmente a como hoy vive Argentina”, expresa Francisco, y continúa: “porque Venezuela estaba en plena bonanza petrolera, en seis meses venía una elección Chávez-Caprile, pero derivó todo a la corrupción y mala administración del dinero, que hacía que hubiera 30% de inflación. Un gobierno de un militar de izquierda, que quería quedarse en el poder, era una gran incertidumbre, pero todavía confiaba en Venezuela e invertí para crear un negocio y dar empleo”, cuenta Francisco. 

Francisco dice que “empiezas a acostumbrarte a esto y verlo como normal, lo que migra de Venezuela no es el venezolano, lo que migra es la venezolanidad”


La crisis
“Con el colapso del precio del petróleo, la muerte de Chávez y la asunción de Maduro comienza la crisis venezolana”, explica Francisco que agrega: “para poder emprender se necesita proyectar y apostar en el lugar donde estás, yo era un hombre de clase media alta que estudió y tomó la movilidad social que hubo y fui optimista hasta que me di cuenta de que la situación no iba a cambiar porque es un tema de mafias armadas que controlan el país, por lo que no hay forma democrática de salir”, fundamenta Francisco su decisión de emigrar de Venezuela. 

El abogado y empresario explica que siempre pensó en venir a Argentina y que hace cinco años atrás -cuando comenzó a viajar hacia este país- su acento sonaba como algo exótico, sin embargo en la actualidad resulta algo cotidiano y “lo escucho todos los días cuando camino por la calle”. 

El joven analiza la situación económica de nuestro país y la compara con la inflación de Venezuela del 300% al 500% diario, “en Argentina se puede pensar a futuro, por ahí ustedes todavía no lo ven, pero para un venezolano una inflación del 40% casi es un paraíso”, grafica. 


Francisco, junto a su hermano Phelmer Aquino y el grupo de arquitectos que desarrollan el emprendimiento gastronómico que pondrá en marcha en la capital federal


La situación y la moneda 
Francisco dejó su negocio de las canchas de fútbol funcionando en su país y por eso mantiene permanente contacto con sus asistentes y con la realidad, “no hay ningún negocio, ni persona realmente productiva y te lo dice un venezolano que no es negativo y soy cero drama, sólo que es la cruda realidad”. 

Existe la “vuelta financiera”, las grandes empresas con esta estructura piden créditos en los bancos y cambian los dólares en el mercado negro “porque la plata se revaloriza y la clase alta venezolana, que vive en una burbuja, sigue manteniendo su poder adquisitivo. Para mí esta clase social es la menos productiva del planeta tierra”, afirma y agrega: “nadie está apostando por el país, nadie sale a trabajar, sino que todos siguen en la vuelta financiera y se hace plata vendiendo dólares en todos los niveles sociales, hasta las clases más bajas comercializan con diez o quince dólares”. 

El emprendedor manifiesta que su única preocupación como venezolano es dejar abierto su negocio porque si lo cierra “dejo sin comer a mis empleados, por eso lo mantengo y trato de sostenerlo y manejarlo desde aquí”. 




Cuenta que mucha gente no va a trabajar porque sale más caro el transporte público -que casi no existe, porque no hay repuestos y no se actualizó el mercado automotriz desde el 2012- que la paga que reciben al día o en una semana. De las clases bajas dijo que “la crisis es tanta que estén o no con el Gobierno, si en la comunidad en la que viven se entregan bolsas de comida, la gente hace su cola y la recibe. Hoy en día en cada cuadra donde haya una bolsa de basura hay una persona revisándola”. 

Francisco dice que “empiezas a acostumbrarte a esto y verlo como normal, lo que migra de Venezuela no es el venezolano, lo que migra es la venezolanidad que son los valores nacionales con los que nos formamos de niños y adolescentes por lo que trataremos de demostrar en otros países esos valores”. 

El joven dice que la razón por la que está en Argentina es que ya no se podía identificar con los valores que actualmente tiene Venezuela. “Te hablo de ser un país normal porque así hoy cambie el Gobierno todo va a llevar mucho tiempo, especialmente que el venezolano cambie su sistema de educación, que confíe en su país”. 


Francisco Villarroel, en la Bombonera


Francisco afirma que invierte en Argentina porque cree que aquí se puede reconocer a quien tiene el propósito de confiar a través de proyectos y emprendimientos. “Me gusta que el argentino sea tan crítico porque es la manera en que se logra mejorar, los venezolanos no peleamos contra políticos, sino con gente que se está jugando su vida porque ya el mundo se les volteó completo”. 

Emigrar no fue fácil, dejar la vida en su país natal tampoco, sin embargo siente que la Argentina lo recibió con los brazos abiertos y que es posible apostar en este país, invertir y lo más importante: tener amigos todoterreno. 

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“Tengo que seguir laburando acá”
Francisco Javier Villarroel llegó a nuestro país para instalarse hace ocho meses. Venía desde hace unos cinco años. Se hizo amigo de tresarroyenses que lo ayudaron a poner en marcha el emprendimiento gastronómico que ya está en obra. “Me encontré con lo mejor de la Argentina, que son sus profesionales, quienes me abrieron sus puertas”, se refiere así a Juan Pablo y Tomás Petersen, Felipe Arenzana y a Leo Aizpurúa, quien se los presentó. “Ellos me trasmiten tanta energía que pareciera que fuera su propio proyecto, así que creo que va a funcionar muy bien, estimo que en dos meses estará en marcha”. 

El emprendimiento es de comida hawaiana, “algo distinto para el paladar argentino, que tiene en Buenos Aires a una ciudad gastronómicamente muy rica”. Francisco cuenta que tienen que venir a Tres Arroyos, ya que sus amigos lo invitaron a conocer su ciudad.

“Siento que el venezolano vive como veíamos a los cubanos hace años, cuando esto cambie se verá que el venezolano lo que quiere es trabajar y seguramente va a cambiar el ánimo de los venezolanos en el mundo y más que nunca me voy a convencer de que tengo que seguir laburando acá”. 

Tiene energía y ganas de progresar, decidió invertir en nuestro país y seguir sosteniendo la fuente laboral de sus empleados en el negocio que tiene en Venezuela. La amistad que formó con los tresarroyenses y la buena recepción que recibió de nuestra gente lo hacen amar esta tierra y desplegar aquí sus valores venezolanos.