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Opinión

Psicología

Y me di cuenta de que estoy en crisis…

03|02|19 10:48 hs.

Por Claudia Torres (*)


Vivimos tiempos difíciles, no estoy haciendo referencia solo a los problemas económicos que nos pueden afectar, sino también a esas situaciones que van más allá de éstos.

“Estoy en plena crisis…”, “Se nota una crisis de valores a nivel social”, “Creo que mi pareja está en una crisis por la edad…”, “Mi hijo me vuelve loca, la crisis de la adolescencia no la soporto más”. Estas y otras frases son habituales en las conversaciones diarias y también en las consultas de los pacientes.

Ahora bien, ¿tomamos conciencia de lo que representa una crisis? ¿Podemos visualizar como transitarla? La crisis ya sea política, religiosa o psicológica puede ser definida de diversas formas, pero existe una palabra que condensa objetivamente su significado: desequilibrio; un desequilibro ocurrido entre un antes y un después. 

La palabra “crisis” viene del griego y significa “decisión”, es el estado que se vive ante una decisión. No se sabe qué decisión tomar o qué elegir, siempre que elegimos desestimamos algo, creando cierta incertidumbre sobre si lo elegido es lo correcto. 

Asimismo es la inseguridad ante lo que deparará el futuro. En este estado, una persona se podría sentir perdida, experimentar ansiedad o angustia elevada, no encontrar una salida, sentirse confundida, no saber qué pensar, cómo actuar y mucho menos cómo salir de esta situación.

Una crisis es una situación difícil, un momento de cambio importante que implica tomar decisiones y asumir sus consecuencias. Cuando una persona vive una situación crítica puede correr el riesgo de actuar irreflexivamente y provocarse daños a sí mismo o a otros. Pero el verdadero peligro consiste en que una crisis se prolongue sin resolverse. 

Elegir es la expresión de la libertad, uno es libre cuando puede decidir sobre su destino. En una crisis se prolonga el estado de incertidumbre y se acorrala la libertad. 

El generador de la crisis no es el conflicto en sí, sino la respuesta del sujeto ante dicha eventualidad. Es decir, el problema no es el problema sino la respuesta expresada ante el suceso. Por lo anterior, es totalmente natural y comprensible que ante un mismo acontecimiento un sujeto cree una crisis y otro no. 

Pero esta inestabilidad que puede provocar una crisis no debería ser estéril, ya que puede fortalecer más al individuo, dando pie a nuevas formas de comportamiento o activando mecanismos diversos, además de posibilidades que hasta ese momento han sido desconocidas incluso por él. 

Podríamos decir que, la crisis, por sí misma, no es negativa, sino que todo dependerá del abordaje que tome el sujeto ante cualquier eventualidad. 

Podríamos dividir a las crisis de la siguiente manera: 

• De desarrollo, aquellas esperables, más predecibles y sobrevienen cuando una persona va cumpliendo etapas en su vida desde la niñez a la senectud (crisis de la infancia, de la adolescencia, de la mediana edad, de la tercera edad) 

• Y aquellas accidentales, inesperadas, que pueden ocurrir durante el transcurso de nuestras vidas como una separación, pérdida, muerte o enfermedades, quedarnos sin trabajo, un fracaso económico, etc. 

Cualquier crisis encierra una oportunidad para crecer y aprender, nuestro trabajo sería estar lo suficientemente atentos y abiertos para encontrar la oportunidad allí donde a veces solo nos enfocamos en el peligro. 

Oportunidad, del latín opportunitas, hace referencia a lo conveniente de un contexto y a la confluencia de un espacio y un período temporal apropiada para obtener un provecho o cumplir un objetivo. Las oportunidades, por lo tanto, son los instantes o plazos que resultan propicios para realizar una acción.

La oportunidad engloba la conjugación de la posibilidad que se presenta o existe, de que una persona realice una acción para conseguir o alcanzar algún tipo de mejora, es por esto que decimos que es una conspiración entre tiempo y acción para lograr una mejora o un beneficio gracias al aprovechamiento de ciertas circunstancias en un momento específico. 

Para salir de una crisis es preciso adaptarse a lo nuevo que aparece e integrarlo. La crisis es el estado ante una decisión o un cambio importante que hay que asumir. 

Ninguna crisis es de naturaleza neutra. Siempre conlleva un avance o un retroceso; nunca pasa desapercibida por el sujeto afectado, su familia o la sociedad misma. 

Toda crisis tiene la misma sucesión: conflicto, desorden y adaptación o desadaptación, según sea el caso. 

Por lo tanto, es posible simplificar que toda crisis alude a un peligro por el sufrimiento que trae consigo la pérdida de aquello que ya no se tiene o de lo que se está próximo a perder; por su parte, la oportunidad hace referencia al medio de restauración de una nueva realidad a partir de la crisis experimentada. 

Seamos capaces de transitarlas, elaborarlas y poder visualizar las oportunidades que se nos presentan para salir de ellas y de esta manera crecer con el aprendizaje que nos pueden dejar. 


(*) Lic. Claudia Eugenia Torres M.P.: 40256
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