La Región

Hace 40 años que descansa en la localidad

“Claromecó es nuestra paz”

05|02|19 17:27 hs.

En su hábitat. Rodrigo, Verónica y sus hijas en el lugar que mejor les sienta, Claromecó y sus playas Verónica Corsaro junto a su marido Rodrigo Rodríguez y a sus hijas, Julieta y Valentina, vivirán hoy su último día de descanso en Claromecó. 


Estuvieron todo enero y esta noche emprenderán el largo viaje que los deje en el partido de Moreno. Lo harán con un sabor agridulce. Por un lado, gratificados y renovados para encarar un año lleno de obligaciones y, por el otro, cabizbajos por despedirse de un lugar al que lo elegirían para vivir. “Sólo un verano no vine. Después, siempre”. 

Verónica tiene un sentimiento especial por Claromecó. Está enamorada del lugar y a eso se lo trasladó a su esposo e hijas. “Hace 40 años que vengo y voy a seguir viniendo”, expresó la mujer antes de comenzar a contar cómo nació su vínculo con la principal localidad balnearia del distrito. 

Todo comenzó cuando un primo del papá de Verónica llegó a Claromecó para pescar. Esa visita lo cautivó al hombre y a partir de eso incentivó al resto de la familia. “Todos eran italianos y finalmente compraron casas acá, tanto primos de mi papá, mi papá mismo, abuelos, hermanos de mis abuelos y tíos”, relató la mujer. 

“Mi abuelo tiene 94 años y cada vez que puede, se toma el colectivo y se viene para Claromecó. Ama este lugar”, subrayó. El papá de verónica compró una casa en 1973. “Se casó con mi mamá y yo nací en el 78. Y luego seguimos viniendo todos los años a partir de que se pudo comprar una casita”, contó. 

“Venía y no había nadie”
 Verónica tiene claros recuerdos del aspecto que reinaba en la localidad cuando ella era niña. “Claromecó era súper tranquilo. Venía y no había nadie”, sostuvo. Y como anécdota, expresó: “Me acuerdo que concursábamos en la RCC -Radio Comunidad Claromecó- y cuando íbamos en bicicleta a buscar los premios no había nada. Las cuadras estaban vacías. No había ni casas. Hoy ya está todo edificado”. 

En ese sentido, y más allá del crecimiento que ha tenido el destino, la familia Rodríguez prioriza el lugar. “Claromecó sigue siendo hermoso. La paz y la tranquilidad se encuentra igual. Mis hijas, por ejemplo, andan en bicicleta para todos lados. Uno, a veces, viene con el miedo que trae de Moreno pero después se da cuenta que es otro contexto. Acá perdemos ese miedo y le damos más libertad”. Verónica, quien se gana la vida como docente, tiene un sentimiento especial por la localidad.

"No nos queremos ir”, dijeron, aunque ya adelantaron que volverán, tal como lo vienen haciendo desde hace muchos años.


“Es nuestra paz”, dijo la oriunda del partido de Moreno. “Venimos todos los veranos. En Semana Santa y en invierno también tratamos de venir. Solamente un año no vinimos, que fue cuando hicimos el cumpleaños de quince de mi hija mayor”, indicó. 

Rodrigo conoció las bondades de Claromecó gracias a Verónica. “La primera vez que vine, me quería ir”, recordó. No obstante se encariñó con el lugar y ahora no lo cambia por nada. “Nosotros buscamos tranquilidad. Hemos ido a Mar del Plata y Pinamar pero no nos gustó. No tienen la playa que hay acá. Esto es impresionante porque nadie te molesta”, manifestó Rodrigo, quien se gana la vida a través de la colocación de Durlock y construcción en seco.

La familia Rodríguez disfrutó ayer de su último día en Claromecó. Hoy parten rumbo al partido de Moreno, donde las obligaciones cotidianas volverán a ser parte de sus respectivas vidas. “

"No nos queremos ir”, dijeron, aunque ya adelantaron que volverán, tal como lo vienen haciendo desde hace muchos años.