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En el Día de San Valentín

Enamorados de Claromecó: “Es el lugar más romántico del mundo”

14|02|19 11:04 hs.

Marcos Gutiérrez es bahiense y tenía un sentimiento especial por la playa y entorno de Monte Hermoso. No conocía Claromecó hasta que Julia Czubaj se cruzó en su camino. Y a partir de eso, todo cambió. Hoy siente que es el paraíso. Juntos emprendieron una vida viajera. Hace 14 años que están juntos y 15 desde que se conocieron. Fue en Villa La Angostura, lugar en el que ambos vivían y en donde comenzaron a construir una relación sólida. 


En la actualidad, residen en Claromecó puntualmente en Dunamar, rodeados del verde y tranquilo entorno natural del lugar. “Es nuestro lugar en el mundo”, coinciden en señalar Marcos y Julia, mientras cruzan miradas y sonrisas cómplices, al mismo tiempo en que Amapola, la pequeña que ambos concibieron hace dos años y medio, disfrutaba de un helado en brazos de su padre. Marcos es chef. Julia, por su parte, tiene pasión por el teatro. 

A su vez, ambos le dan vida a La Brújula Tienda de Vinos, un emprendimiento con base en Dunamar que transita por su primera temporada. “Acá he dormido las mejores siestas de mi vida”, dice él, combinando orgullo y satisfacción por dar a conocer esa sensación.

“Nos conocimos en Villa La Angostura, en 2004. Primero fuimos amigos y después nos pusimos de novio”


En 2004 
Julia es oriunda de Buenos Aires y desde muy pequeña veranea en Claromecó. “Nos conocimos en Villa La Angostura, en 2004. Primero fuimos amigos y después nos pusimos de novio”, cuenta ella, mientras el cruce de miradas y tenues sonrisas cómplices que ambos mostraban le daban un condimento adicional a la historia. 


Caminando por Dunamar, el lugar en el mundo que encontraron estos aventureros del amor


Ni bien se conocieron, comenzó a gestarse una amistosa relación. Pero Marcos siempre la vio con otros ojos. “La cité en un café para decirle eso, pero me puse nervioso y me fui”, recuerda él. 

El vínculo, a partir de eso, ya no fue el mismo. “Estuvimos siete u ocho meses sin vernos. Por ahí nos cruzábamos en la calle o bailábamos algún tema en el boliche y luego cada uno hacía la suya”, recuerda. Año 2004. A Marcos le surge la posibilidad para irse a Costa Rica. Entonces, junta valor y le cuenta eso a ella. “Fue al lugar donde yo estaba trabajando en ese momento y me golpea la puerta ‘¿Qué hace acá?’, dije”, recuerda Julia. 

El viaje de Marcos a Costa Rica finalmente no se dio. El comienzo del noviazgo con Julia ya era un hecho daba sus primeros pasos y la posibilidad de partir hacia Centroamérica quedaba en segundo plano para él. “El día que fue a despedirse le pregunté si quería ir a conocer mi casa. Yo hacía poco que me había mudado. Fue. Y ahí empezó el noviazgo”, dice ella. 

La relación de Marcos y Julia estuvo marcada por los viajes y las nuevas experiencias. El había tomado la decisión de emigrar de Villa La Angostura e instalarse en Buenos Aires para estudiar cine. Ella lo acompañó con la idea de formarse y capacitarse en el teatro, su pasión de siempre. En Buenos Aires, puntualmente en San Telmo, vivieron cuatro años. Desde allí, y antes de comenzar un largo viaje hasta Ecuador, llegaron hasta Claromecó para “hacer temporada”. 

“Fue en 2009. Ahí fue cuando conozco las tierras de Julia. Me encantó el lugar”, memoriza Marcos. Ni bien pisó suelo claromequense, comenzó a repartir su currículum por toda la localidad. “El primero que confió en mi fue Marcelo Iané, del local gastronómico Tierra Adentro. Con él trabajamos durante cuatro temporadas”, cuenta el chef.  

El 31, en la playa 
Marcos y Julia se casaron en Claromecó en abril de 2013. El apeló a todo su potencial romántico para pedirle matrimonio y dar otro gran paso en la relación. Ella no pudo resistirse y aceptó. “El 31 de diciembre de 2012 me dice de ir a la playa a recibir Año Nuevo. Esa noche había un temporal típico de Claromecó. Me convenció y fuimos. Bajamos del auto y caminamos por los médanos. De golpe se pone de rodillas, me dice: ¿‘Te querés casar conmigo? Y saca los anillos. En eso, salen los fuegos artificiales de Año Nuevo”, recuerda Julia. “Tuve mucha puntería”, expresa Marcos. Y a lo que Julia, sonriente y orgullosa, agrega: “Es de hacer cosas así”. 

“Desde un primer momento Claromecó nos abrió los brazos y de la mejor manera”


Marcos reconoce, con alguna dosis de humor, que tuvo que ejercitar su rodilla para ese momento. “Nunca me arrodillé frente a nadie, nunca en la vida. Pero sí lo hice ante el amor. Fue cuando supe que Julia era la persona indicada. Y no lo dudé”, cuenta. “El plan tenía dos años. En Claromecó podés planificar cosas muy paulatinamente. El pedido de matrimonio tenía que ser en su tierra del paraíso. Estoy seguro que el paraíso que ella imagina se parece bastante a este lugar”, afirma. 

Ya casados, Marcos y Julia partieron a Misiones para dar inicio a una nueva aventura juntos. “Era vivir en un hotel ubicado en la selva. La población más cercana estaba a 20 kilómetros. Hablamos del tema durante todo el invierno. Verdaderamente era difícil porque, por ejemplo, podían pasar diez días sin tener un día de franco. Pero la hotelería siempre me dejó un buen sabor”, menciona el chef. 


Julia, Marcos y entre ellos la pequeña Amapola


La experiencia en Yacutinga, donde estaba situado el hotel, fortaleció a la pareja. “Sabíamos que teníamos que apretarnos la mano con más fuerza y que, tanto el uno para el otro, íbamos a ser su todo. Y así lo fue”, expresa.

En Misiones vivieron dos años. Y sus ganas de seguir experimentando en ese lugar ganaban en consideración, aunque los afectos cosechados en Claromecó eran más fuertes en la vida de ambos. “Después de Misiones nos fuimos seis meses a Brasil y luego volvimos a Claromecó porque extrañábamos mucho. Y ni bien nos instalamos, quedé embarazada”, cuenta Julia. 

Ambos, y por todo el afecto recibido, derrochan muestras de gratitud hacia la localidad. “Desde un primer momento nos abrió los brazos y de la mejor manera. Las cosas no fueron fáciles. Nos hicimos por nuestra cuenta, tanto Julia en lo que es el teatro como yo en cuanto a la gastronomía. La gente de acá creyó en nosotros. Y ahí fue cuando nos dimos cuenta que Claromecó es nuestro lugar en el mundo. Es un placer vivir acá”. 

Marcos y Julia están enamorados de Claromecó. De eso, no hay dudas. “Es el lugar más romántico del mundo”, coinciden en el cierre de la charla.