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Opinión

Psicología

Y el amor… ¿qué es para vos?

17|02|19 10:14 hs.

Escribe la Lic. Claudia Eugenia Torres

Semana cargada de emociones… sentimientos que fluyen en el aire… que podemos percibir en nosotros o en nuestro entorno. 

Semana de San Valentín, Día de los Enamorados y todo parece perfecto, para aquellos que se sienten de esta manera… quizás no tanto para el que no tiene un amor o no es correspondido. 

Solemos relacionar el amor con el que se siente por una pareja, pero sabemos que existen otras clases de amor, por ejemplo el amor fraterno, el materno, el filial, al prójimo. 

Vamos a realizar un breve recorrido por algunos autores que han usado este tema para poder reflexionar, tomando el amor de pareja como eje. 

Desde el punto de vista puramente psicológico, el amor es una experiencia afectiva conformada por un conjunto de variables muy concretas: deseo de vincularnos a alguien, de intimidad, de pasión, de sexualidad… Todos esos principios quedan recogidos en la teoría triangular de Stenberg. 

El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos. Cuando falta tal preocupación activa, no hay amor. La esencia del amor es trabajar por algo y hacer crecer. El amor y el trabajo son inseparables.


Fue en 1986 cuando Robert Stenberg, profesor de la Universidad de Yale, dio una primera definición psicológica en su libro “La teoría triangular del amor”, sobre esas dinámicas que edifican una relación de pareja. Sobre lo que en esencia, busca y define el amor. 

Las tres cualidades clave en las relaciones de pareja son: intimidad (conexión emocional, afecto y confianza), pasión (energía y excitación que existe entre la pareja) y compromiso (es una decisión, el querer estar juntos y tener una visión compartida del futuro). 

Por su parte, Erich Fromm, en su libro “El arte de amar”, considera que una madura forma de amar, es cuando dos personas se convierten en uno, pero aún siguen siendo dos, que la verdadera capacidad de amar es dar sin esperar nada a cambio. El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos. 

Cuando falta tal preocupación activa, no hay amor. La esencia del amor es trabajar por algo y hacer crecer. El amor y el trabajo son inseparables. El cuidado y la preocupación implican otro aspecto del amor: el de la responsabilidad, en su verdadero sentido, es un acto enteramente voluntario, constituye mi respuesta a las necesidades, expresadas o no, de otro ser humano. 

La responsabilidad podría degenerar fácilmente en dominación y posesividad, si no fuera por un tercer componente del amor, el respeto, que no significa temor y sumisa reverencia; denota, la capacidad de ver a una persona tal cual es, tener conciencia de su individualidad única. 

Respetar significa preocuparse por que la otra persona crezca y se desarrolle tal como es. Si amo a la otra persona, me siento uno con ella, pero con ella tal cual es, no como yo necesito que sea, como un objeto para mi uso. Es obvio que el respeto sólo es posible si yo he alcanzado independencia y libertad, sin tener que dominar a nadie. 

Respetar a una persona sin conocerla, no es posible; el cuidado y la responsabilidad serían ciegos si no los guiara el conocimiento. Cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento son mutuamente interdependientes. Como la mayoría de la gente une el deseo sexual a la idea del amor, con facilidad incurre en el error de creer que se ama cuando se desea físicamente. 

¿Y qué sucede con el amor en estos tiempos? Ahora bien, veamos que nos dice Zygmunt Bauman, sociólogo polaco, creador del concepto de Amor líquido. El hace referencia a la fragilidad de los vínculos humanos, para describir el tipo de relaciones interpersonales que se desarrollan en la posmodernidad. 

Se sigue estableciendo cuál es el modo correcto de querer y desear, y con ello cercenamos el amor en todas sus maneras, formas y expresiones. Negamos por ejemplo, hechos como que las personas con discapacidad también tienen sus necesidades afectivas y sexuales. Negamos que el amor y la sexualidad está presente también en la tercera edad.


En ocasiones, establecer un vínculo fuerte y comprometido, no es algo fácil para muchas personas. Tras ello, se esconde un sentido de responsabilidad personal que tal vez, no están dispuestos a asumir. Es posible incluso que exista el factor miedo e incluso una inmadurez personal, donde no es posible concebir una auténtica relación sólida, estable y con un proyecto de futuro. 

El propio Bauman nos explica que muchas relaciones de hoy en día son conexiones más que relaciones. Ya no estamos hablando únicamente de la primacía de las nuevas tecnologías y las redes sociales, ésas que nos unen con múltiples personas en el momento en que nosotros elijamos. 

Este concepto va un poco más allá. El individualismo busca sólo satisfacer necesidades puntuales con un principio y un fin, de ahí la idea de amor líquido, emociones que no se pueden retener y que se escapan fugazmente de las manos hasta desaparecer. 

Es algo que sin lugar a dudas suena doloroso, vivimos en un mundo dinámico donde lo real en ocasiones se conjuga con lo virtual, una modernidad líquida donde muchas cosas parecen escaparse de nuestras manos. En ocasiones, detrás de un amor líquido está la inseguridad personal. 

El no vernos a nosotros mismos como capaces de mantener un vínculo lo bastante fuerte como para prosperar, como para construir un futuro junto a otra persona. 

El amor supone una gran entrega, pero sin perder la identidad, es compartir, aprender, descubrir… es libertad, trabajo, construcción y deseo. Además, el amor nos elige, no entiende de idiomas, colores, ideologías, edades o sexos.


A su vez, la inseguridad, podría llegar a ser reflejo de una autoestima que no se ha desarrollado adecuadamente Bauman nos dice que para ser felices, debemos tener en cuenta dos valores imprescindibles: libertad y seguridad. 

La seguridad sin libertad es esclavitud, pero la libertad sin seguridad es un caos total. Todos necesitamos de ambas dimensiones para encontrar el equilibrio en nuestras vidas. 

En la actualidad se sigue estableciendo cuál es el modo correcto de querer y desear, y con ello escindimos el amor en todas sus maneras, formas y expresiones. Históricamente se ha tendido a catalogar cómo deberíamos relacionarnos con el sexo opuesto. 

Si decimos sexo opuesto es porque el colectivo LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales), aún sigue sin estar tomado en cuenta o tratado como un tabú a la hora de hablar de amor. 

Se sigue estableciendo cuál es el modo correcto de querer y desear, y con ello cercenamos el amor en todas sus maneras, formas y expresiones. Negamos por ejemplo, hechos como que las personas con discapacidad también tienen sus necesidades afectivas y sexuales. Negamos que el amor y la sexualidad están presentes también en la tercera edad. 

Podríamos seguir hablando del amor de diferentes maneras, cuando lo es y cuando no, algo que solemos confundir con facilidad. Esto, seguramente lo dejaremos para otro encuentro. Sólo para terminar por hoy me gustaría dejar una síntesis pequeña, para tener en cuenta: 

El amor supone una gran entrega, pero sin perder la identidad, es compartir, aprender, descubrir… es libertad, trabajo, construcción y deseo. Además, el amor nos elige, no entiende de idiomas, colores, ideologías, edades o sexos. 


Lic. Claudia Eugenia Torres

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