116 años junto a cada tresarroyense

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Despejado

Carta de Lectores

Actitudes para reflexionar

¿Dueños de la playa?

19|02|19 16:23 hs.

Señora directora: 


Domingo 17 de febrero, después de 17.30 horas. Un fin de semana inolvidable, por el hermoso clima y para olvidar por lo que nos ocurrió. Mi marido y yo veraneamos desde chicos en Claromecó, nos encanta. A él le apasiona la pesca así que siempre bajamos para el lado del Faro, Pozo Alonso, los Saltos; todos lugares exquisitos. 

Ese día, porque estaba mi hijo y familias amigas esperándonos nos dirigimos a Dunamar en nuestra Vitara. Mar alto pero en bajante, arena con profundos huellones… nos encajamos (aún con la doble ya que es un vehículo bajo), mi esposo con experiencia en el tema retrocedió, logró sacarla pero quedamos en un lugar que era imposible avanzar o volvernos. Vimos que entre la extensa fila de camionetas y el agua había apenas un espacio para utilizar paralelo al mar. 

A paso de hombre, porque somos híper respetuosos con los niños, mascotas, personas… Recorrimos un trecho así… con mucho cuidado. De pronto vemos estupefactos a un señor de unos 40 años en el medio de la pasada con sus brazos cruzados insinuando que por ahí no podíamos pasar. Nos bajamos los dos a explicarle a ese señor y a los secuaces que lo secundaban (varios miembros, muchos hombres muy divertidos por la situación) que nos acabábamos de encajar y debíamos pasar por ahí, que no teníamos otra opción. 

Uno de ellos muy alto, robusto y altanero me dice que vayamos por arriba y que si no tenemos un vehículo adecuado no bajemos en Dunamar… entre otras incoherencias. Estábamos dialogando cuando aparece corriendo como un toro enfurecido una persona desde el mar, miembro de esa simpática agrupación, que le da, sin mediar palabra y muy cobardemente una patada en las costillas tirando a la arena a mi pareja. 

Quisiera transmitir lo penoso que fue verlo tirado por un loquito… ¿alcoholizado? Ante ese insólito hecho sus ¿“amigos”? se lo llevan no sé dónde. Quedé “estupidizada”, en estado de shock… no comprendía cómo había aparecido este “anormal” de la nada y había golpeado con tanta violencia y traición. 

Enmudecí. A duras penas mi esposo se sentó en la camioneta y me dijo; - Vení, dejá, con esta gente no se puede hablar. Cuando nos encontramos con nuestros amigos lloré, lloré y lloré. Impotencia, dolor, incomprensión, bronca, tristeza… ¿Qué nos pasa como sociedad? ¿Qué valores nos quedan? ¿Por qué no podemos relajarnos y disfrutar sin molestar a los demás? ¿Por qué originamos situaciones así? Sabemos que es gente de Tres Arroyos, y en algún momento nos cruzaremos por la calle… me encantaría preguntarles. ¿Qué pensaron? ¿Qué hablaron después de tirar a un hombre mucho más grande de edad al piso sin ningún motivo? ¿Qué les dijeron a sus hijos que presenciaron todo? 

Por fortuna creo fervientemente en el “todo vuelve” y en “lo que no se aprende por las buenas… la vida se encarga de enseñártelo de otra manera”. Mi marido quedó con mucho dolor físico, haciéndose estudios, haciendo trámites, perdiendo tiempo de su trabajo. ¿Y ellos? ¿Los dueños de la playa? Los cobardes que actuaron en grupo, quizás lo cuenten como una anécdota divertida… el día que le pegaron a un hombre mayor porque osaba pasar por su cómodo espacio… 

Un gracias inmenso a nuestros amigos que nos calmaron y contuvieron… si nos hubiésemos puesto a la altura de ellos ¿qué hubiera pasado? 

María Alejandra Rivas 
DNI 18.053.938