La Ciudad

La familia Filas y su historia junto al mar

“La corvina me la mandó mi tío”

24|02|19 09:29 hs.

Por Marcos Fersen 


Grabador encendido y mate de por medio, Matías, acompañado de su padre Sebastián -más conocido como Japo-, vuelve a refrescar lo que vivió cuando tuvo el pique más grande de la última edición de Las 24 Horas. 

Japo interviene en el relato. Agrega detalles puntuales de lo que fue ese imborrable momento, tanto para el ganador de la última edición de la Corvina Negra como para toda la familia Filas. Esa misma familia que por estos días disfruta de un logro único para cualquier pescador de raza. Esta vez, el mar les regaló una caricia después de la tragedia que sufrieron en abril de 2013, cuando se quedó con la vida de Federico Filas, conocido como Blanco, hermano de Sebastián.

“Ganar Las 24 Horas es como ganar un mundial”, dice Matías, de 32 años, quien el pasado 10 de febrero se subió a lo más alto del podio y estampó su nombre en la rica historia del Club Cazadores. “Que el apellido Filas esté ahí, es algo soñado”, menciona con orgullo Japo, un apasionado pescador que les transmitió ese sentimiento a sus hijos, al igual que les inculcó valores sustentados en el trabajo y el sacrificio para salir adelante. 

El mar y los Filas. Capítulo III 
Matías y Japo reviven con evidente satisfacción lo que sintieron cuando un hermoso ejemplar de corvina se enganchó en el anzuelo de la caña del joven, el cual, según dijo, conservará de por vida. “Todavía no caigo”, confiesa Matías. 

Hay quienes afirman que en la pesca, y más en un concurso con miles de participantes, el factor suerte juega un rol estelar. Pero, más allá de la fortuna, en el mundo de los Filas saben que hubo alguien que cumplió un papel preponderante para que Matías, finalmente, haya podido descargar toda su alegría en lo más alto del podio de Las 24 Horas, donde liberó toda la tensión que acumuló después de haber extraído la corvina ganadora. “Al pescado me lo mandó mi tío… El Blanco. No tengo dudas de eso”, afirma, con seguridad, el ingeniero agrónomo. 



La historia de los Filas y el mar tiene un primer capítulo. Sin dudas, el más triste. Ese que, a pesar del paso del tiempo, todavía duele en una familia que en Tres Arroyos se hizo de abajo, “laburando de sol a sol” -tal como dice Japo-, y que es muy querida y respetada en la ciudad que la adoptó como propia.  

Tragedia
El 10 de abril de 2013, Federico Filas se topó con un desenlace trágico. La embarcación en la que pescaba junto a Walter Más desapareció a siete mil metros de la costa de Reta. Los cuerpos allí quedaron. Y allí descansan. 

Si bien la lancha, denominada Libertad, fue hallada, los restos de los pescadores están en el fondo del mar, donde permanecerán para siempre. “La lancha se hundió a las ocho de la noche. Y cuatro horas después, el Lobo Mulder, un tipo al que no me va a alcanzar la vida para agradecer lo que hizo, se fue navegando para encontrar a mi hermano. Hay que tener los cojones bien puestos para hacer eso. Fue un gesto que me va a quedar marcado para toda la vida y se lo voy a transmitir a mis hijos para que ellos se lo pasen a los suyos”, señaló Japo a este diario, hace cinco años, una semana después de una experiencia que todavía late fuerte en su interior. 


Matías, el ganador de Las 24 Horas junto a su papá donde más cómodos se sienten: junto al mar


El 8 de febrero de 2014, Sebastián Filas se convirtió en héroe. En la tarde de ese sábado, literalmente, le salvó la vida a Sergio Onorati, un pescador aficionado oriundo de Bahía Blanca que estuvo a punto de morir ahogado en aguas del Médano Blanco mientras participaba de Las 24 Horas. 

Ese es el capítulo dos de la historia que une a los Filas con el mar. Japo estaba ahí, a pocos metros de Onorati. Vio que la vida del bahiense se quedaba en el mar y no lo dudó. Consciente del peligro, en apenas segundos, juntó coraje, agarró el torpedo que siempre lleva en su camioneta, enfrentó la situación y se metió al agua para rescatar a, hasta ese entonces, un desconocido. “El tipo se moría. Mi hermano me ayudó a salvarlo”, fue el relató crudo y sincero de Japo a este diario, días después del rescate a Onorati, y unos meses más tarde que el mismo mar se quedara con la vida de su hermano Federico. 


La tapa del diario del domingo 16 de febrero de 2014, edición en la que Japo contó cómo rescató a un pescador que se ahogaba durante Las 24 Horas


Y el propio Onorati, vía Facebook, se acordó de los Filas. Fue luego de la consagración de Matías en la última edición de Las 24 Horas. “Me mandó un mensaje precioso. ‘Dios te compensó por lo que hiciste conmigo’. Eso me escribió. Estaba muy contento al saber que mi hijo había ganado el concurso”, cuenta Filas, evidentemente movilizado por el gesto del bahiense. 

“Siempre está” 
Segunda tanda de mates. Matías y Japo transforman en palabras lo que sienten. Japo se muestra más expresivo cuando habla de su hermano, mientras su hijo no deja de observarlo con atención, con admiración. “Federico, el Blanco, siempre estuvo, está y estará presente. Yo siempre le pido al Blanco un montón de cosas. Le pido por los chicos… Por todos”, afirma con una serenidad que sólo Japo maneja. 

Matías agrega: “Al pescado me lo mandó mi tío. No tengo dudas de eso. El está muy presente en nuestros corazones, en nuestras almas. El concurso es muy importante, y no tenemos dudas que él estuvo al lado nuestro”. 

- Teniendo en cuenta todo lo que pasó y lo que vivieron ¿Qué significa el mar para ustedes? 
- Japo: Es la inmensidad. Cuando se vaya a estudiar Sol (su hija menor), me vengo a vivir acá, cerca del mar. Y voy a morir acá, pegado al mar. La familia ya tiene la orden: cuando llegue el momento de irme a otra vida, me van a cremar. Van a entrar al mar en una lancha cuando el día esté lindo y van a tirar mis cenizas en el mismo lugar donde mi hermano tuvo la tragedia. Tengo las coordenadas exactas. Imaginate lo que es el mar para mí. Va a ser mi tumba. Yo tengo locura y pasión por la pesca. Me levanto todos los días a las cinco de la mañana y me voy a pescar. Estoy con el mar, mi hermano el Blanco y yo: somos tres en ese momento. 

- Matías: Yo prácticamente me crié en el mar. A los seis o siete años, él (por su papá) ya nos llevaba a pescar a Marisol. Y siempre pescamos en el mar. Ni río, ni 

Agua dulce. Agua salada 
Los Filas, una familia oriunda de Rosario, nacieron en el agua dulce del río Paraná, un lugar al que Japo y su hermano Blanco conocieron como pocos. “Nosotros somos pescadores de río, de toda la vida. Mi viejo había hecho una canoa que se llamaba Strasser, nuestro apellido materno. Toda la vida en el Paraná”, relata. 

Y como anécdota, siempre compartida con su hermano, recuerda: “De chicos, nos cruzábamos el Paraná nadando. Eramos unos inconscientes. Caminábamos ocho mil metros en contra de la corriente y después nos tirábamos a favor de la correntada. Cruzábamos una isla y después hacíamos lo mismo. Ahora que lo pienso, era una inconciencia lo que hacíamos. Una locura”, reflexiona Japo, hoy con cierto lamento. 

“Nos caímos y nos levantamos” 
Los Filas tienen en sus espaldas una historia de lucha y superación, un legado que Japo busca inculcar en sus hijos, tal como lo hizo con la pesca y el rugby, la otra pasión de esta familia que Tres Arroyos adoptó hace casi 30 años. “Cuando vinimos acá, Néstor Elisiri nos enseñó todo en la pesca de mar, tanto a mí como a mí hermano”, destaca Japo de especial manera, quien, a su vez, no deja de mencionar a Yiyi Marchetti, su gran amigo de la pesca. 


Fotos Carolina Mulder


Pero la vida de los Filas no siempre giró alrededor del deporte de los reels y cañas. “A Tres Arroyos llegamos por el rugby. En un viaje, pasamos por la ruta 3 y vimos las haches (arcos de rugby). Eso fue clave para que nos vengamos con el Blanco”, relata Japo, con, tal vez, el mismo entusiasmo que sintió en aquel momento. “Cuando vinimos era una época complicadísima. Floro Tiemersma nos dio una mano muy grande. Nos hizo un galponcito para empezar a trabajar. No nos alcanzó para los vidrios. Ese año nevó y se había llenado el galpón de nieve. Y mi hermano, pobrecito, dormía en el taller”, cuenta Filas, al referirse a los primeros pasos que dieron en Tres Arroyos, cuando decidieron radicarse en la ciudad con la idea de vivir de la herrería, principalmente, del cementado de rejas de arado. 

“Fueron unos años durísimos. Hemos comido berro del arroyo. Y no me avergüenzo de contarlo. Yo fui toda la primaria con chofer y guardaespaldas al colegio. Eramos la tercera familia en potencia en Rosario. Después nos fuimos a Buenos Aires. Estaba todo mal. Mi viejo, amargado, muere a los 52 años. Fue por todo el quilombo que había”, señala Filas, haciendo referencia a una delicada situación que la familia atravesó en ese entonces. 

Ya en Tres Arroyos, Japo y su hermano siguieron a paso firme, siempre juntos e inseparables. “Comíamos las pechuguitas de paloma. O gallina hervida. De a poquito nos fuimos haciendo. Tuvimos épocas durísimas, pero siempre unidos con el Blanco. De a poco nos fuimos acomodando”. 

Sin embargo, otro sacudón en la coyuntura económica el país obligó a un replanteo sobre cómo seguir ante una nueva embestida. Fue en la década del 90. “Vino la crisis de (Carlos) Menem. Todo estaba hecho pedazos. Y mi hermano ya no quería saber nada con seguir. En eso, a mi cuñada le ofrecieron un trabajo en Reta y el Blanco se fue. Se dedicó a la pesca artesanal. Después pasó lo que pasó”, recuerda. 

Fe ciega 
Previo a Las 24 Horas, en Matías reinaba un optimismo inquebrantable. “Tenía mucha fe. Sabía que ganaba yo o el Cuni”, cuenta el joven, haciendo referencia a su hermano Facundo, su incondicional y fiel compañero de pesca, a quien le dará una parte del premio que obtuvo en el tradicional concurso del Club Cazadores. 

Matías jamás borrará de su cabeza el momento del pique. Tampoco olvidará cuando estaba frente al mar y, junto a su hermano, vio cómo su caña lo alertó. Una tremenda corvina rubia había mordido el anzuelo encarnado con la lisa que le había dado Gustavo Groenenberg. Finalmente, logró sacarla, y a partir de ahí, todo fue felicidad en los Filas. 

Por siempre quedará grabado en su mente el reconocimiento y las felicitaciones que recibió de todo el mundo. De amigos, allegados y desconocidos. “Fue increíble el afecto de la gente”, describe Matías. “Uno se siente querido. Somos laburantes. Nos hicimos de abajo. Eramos multimillonarios, nos caímos y nos volvimos a levantar”, dice Japo, con humildad y sencillez. 

La historia de los Filas con el mar tuvo un tercer capítulo. El protagonista, una vez más, fue el propio Federico; ése que desde las profundidades del Atlántico le dio fuerzas a Japo en 2014 cuando le salvó la vida a Onorati; y el mismo que le mandó la corvina a Matías para que se consagre en Las 24 Horas. “El siempre está con nosotros”, dicen los Filas.