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Sociales

Victoria Larriestra

Enorme Victoria

03|03|19 09:55 hs.

Por Marcos Fersen


Siete días en estado de coma con respirador artificial. Informes médicos que marcaban el peor escenario posible para ella y, por ende, para su familia. Escasas esperanzas de vida. El panorama era crítico. Y a todo eso, un bebé recién nacido. Benjamín. 

La familia Villamarzo tuvo en 2018 un febrero durísimo pero que en definitiva terminó de la mejor manera. El trago era menos amargo por la llegada del pequeño, quien, al igual que su padre y hermanas, esperaba la recuperación de Victoria, que en ese entonces peleaba mano a mano contra una batalla llamada septicemia. 

El pasado 24 febrero, en Claromecó, Victoria llegó al final de una carrera que, hace un año atrás, parecía que no iba a poder correr, ni siquiera observar desde afuera. Sin embargo, y a bordo de su bicicleta, celebró un enorme triunfo, el cual fue mucho más allá que su desempeño deportivo en el último minicampeonato costero de rural bike que organizó la Dirección de Deportes.

Tras un embarazo con desarrollo normal, el 31 de enero de 2018 Benjamín llegó a la vida de los Villamarzo. Si bien la cesárea estaba prevista para el 5 de febrero, la fecha fue adelantada por los médicos. Y el bebé iluminó la casa integrada por Alejandro, esposo de Victoria, y sus hijas María Paz (22) y Juliana (15).

Toda la felicidad que provocó el nacimiento del bebé se transformó en incertidumbre y dolor en pocos días. “Me hacen la cesárea el miércoles 31 de enero de 2018. Me dan de alta el viernes. Nos fuimos el fin de semana a Claromecó. El lunes, ya estado en Tres Arroyos, me sentí mal. Tenía fiebre pero no le di importancia. El martes estaba con el bebé. Me había levantado de la siesta y cuando me desperté empecé a temblar, como si fuera una convulsión. Justo entra mi hija, y yo no podía ni hablar. No sabía qué me pasaba”, cuenta Victoria, conmovida, con la voz entrecortada y con sus ojos inundados de lágrimas cuando recuerda el inicio de uno de los momentos más duros de su vida.

Una infección urinaria obligó a una rápida internación. Pero el panorama, con el paso de las horas, se complicó cada vez más. “La primera noche me ponen suero. Y yo sentía que tenía un fuerte dolor en el brazo derecho. Ahí me empecé a sentir mal, aunque yo no me daba cuenta de eso. Se dio cuenta mi mama que me estaba cuidando. Me faltaba el aire. Llamaron al médico que en ese momento estaba a cargo de la terapia y dio la orden que me lleven a la sala de cuidados intensivos”, relata Larriestra. 

“Los partes médicos eran malos. Los que se entregaban a la mañana, decían que no pasaba la tarde. Y los que entregaban a la tarde, que no pasaba la noche”


La infección urinaria diagnosticada derivó en una septicemia. “Me hicieron un coma inducido. La infección estaba en todo el cuerpo. Tenía agua en los pulmones y taquicardias”, cuenta Victoria, quien en la actualidad trabaja como docente en la Escuela 13. 

El panorama era más que delicado para Victoria y su familia. “Los partes médicos eran malos. Los que se entregaban a la mañana, decían que no pasaba la tarde. Y los que entregaban a la tarde, que no pasaba la noche”, detalla. En ese entonces, en pleno coma inducido, fue desconectada por los médicos para que se le practique una tomografía. “No llegué al tomógrafo porque me descompensé cuando me trasladaban de terapia”, relata Victoria, dando un claro indicio de la gravedad de su estado de salud de aquel momento. 

Mientras peleaba por su vida, las cadenas de oración se multiplicaron por todos lados. Familiares y conocidos pidieron por la recuperación de la docente. Y el milagro, cuando las esperanzas se desvanecían, finalmente se dio. “Después de uno de los partes, mi marido llega a mi casa y desde el sanatorio lo llamaron para que vuelva. No le habían dado el motivo. Y el médico que le dijo que yo ya había entrado en coma. Sólo había que esperar lo peor. Había que esperar que me muriera”, dice Victoria, mientras el recuerdo la sensibiliza al máximo y el llanto vuelve a interrumpir el relato. 

Tras siete días en coma, y sin tener registro de absolutamente nada, el milagro se hizo presente. “Me desperté como si nada. El primer día me senté en la cama”, expresa. La recuperación avanzó a pasos agigantados, a tal punto que de terapia intensiva fue derivada a una sala de clínica médica. “La doctora Aguilera, que atendía en terapia intensiva, bajó a la habitación a la cual me habían llevado. Y cuando me vio, se emocionó conmigo”, señala. 


Victoria disfruta de tener a Benjamín en brazos. Fue el pasado 24 de febrero, tras haber participado de la tercera y última fecha del Campeonato Costero de rural bike, un año después de haber recibido el alta por una septicemia grave


Pasión por la bici
El hecho de que Victoria sea una activa deportista resultó clave para su recuperación. Sin secuelas luego de la septicemia sufrida, volvió a disfrutar de su pasión: la bicicleta. Amante del rural bike, decidió participar de la tercera edición del minicampeonato costero que este verano organizó la Dirección de Deportes. 

A la actividad volvió durante el pasado invierno. Sin embargo, una compleja bronquitis la obligó a un parate. El regreso fue en diciembre último, aunque sin exigencias desmedidas. “Antes de fin de año, en un asado, salió el tema del campeonato costero. Para la primera fecha -que se desarrolló en Reta- hacía muy poco que había vuelto. No llegaba y por eso no participé. Para la segunda fecha, que fue en Orense el 3 de febrero, se cumplía exactamente un año de mi internación. Y el cierre -el 24 de febrero en Claromecó- hizo un año de haber recibido el alta”. 


En Claromecó, hace unos pocos días


“Cuando salió el tema de participar del campeonato, vi el almanaque y noté que había muchas coincidencias. No podía no correr”, cuenta Victoria, mientras las lágrimas -esta vez de felicidad- volvían a decir presente. 

Su próxima aventura a bordo de una bici ya tiene fecha: 17 de marzo, cuando se realice una competencia de rural bike a beneficio de la Escuela 13, donde ella trabaja como docente. Y en ese marco, tal como pasó en Orense y Claromecó, volverá a disfrutar de su pasión. Su familia, obviamente, la alentará y la acompañará del mismo modo que estuvo a su lado cuando, hace un año, una septicemia la puso al borde de la muerte. 

En Claromecó, lugar más que especial para la familia y un año después de haber recibido el alta médica, Victoria llegó al final de la competencia. 

Y la foto con su hijo Benjamín en brazos se mostró como el mejor trofeo que Victoria pudo haber recibido.


Con el número 206, el 3 de febrero pasado Victoria participó en Balneario Orense de la segunda fecha del campeonato. Ese día se cumplió un año de su internación