Opinión

Psicología

La seducción

03|03|19 10:46 hs.

Por Claudia Torres (*)


Un gesto, una mirada, una sonrisa a veces es más que suficiente para que otra persona nos preste atención, o para que nosotros estemos atentos a ella. 

Los seres humanos utilizamos diferentes estrategias para captar de alguna manera, esa atención que requerimos de los otros. Seducimos, o lo intentamos, en muchas interacciones con las otras personas, no solamente con un fin sexual o de conquista de una pareja, se puede dar en cualquier ámbito de nuestras vidas. 

Comencemos por hacernos algunas preguntas, ¿Qué es la seducción? ¿Todos podemos hacer uso de este comportamiento? ¿Nacemos seductores? 

Podríamos pensar a la seducción como un conjunto de expresiones y manifestaciones, aspectos psicofísicos y comportamentales, que provienen de la forma de ser de las personas con el fin de conseguir una interacción con los otros. 

Para seducir empleamos el arte de sugerir, mostrar o insinuar, para ello utilizamos miradas, palabras que acarician, silencios persuasivos, gestos y contactos oculares, etc. 

Todas las personas pueden ser seductoras, deseamos gustar a los demás, ser queridas y reconocidas, ser valoradas como padre, madre, profesional, amigo. Estas conductas se pueden aprender, no nacemos seductores, en todo caso, nos hacemos. 

El proceso de la seducción es una forma de llamar la atención, una disposición que activa la conducta y promueve actitudes para conectarse con el otro desde uno mismo a través de la comunicación verbal y no verbal. 

La autoestima está en directa relación con el proceso de la seducción y los aspectos implicados en el mismo. Si tenemos una buena autoestima nos consideraremos capaces de actuar ante cualquier situación, ya que la confianza en nosotros mismos nos permitirá ser resistentes a las críticas, al rechazo o al fracaso. 

Esta percepción positiva de uno mismo nos permite valorar nuestras cualidades y podemos de la misma manera, reconocer y aceptar nuestros límites. 

Podemos ver que algunas personas se encuentran excesivamente preocupadas por gustar o cautivar a los demás. Estas personas pueden ejercer la seducción para encubrir necesidades afectivas, la necesidad de ser amadas o aceptadas les llevará a seducir esperando el reconocimiento del otro, no necesariamente seducirán mostrando su realidad de necesidad afectiva, de reconocimiento y aceptación sino que probablemente se presentarán como autosuficientes. 

En estos casos podríamos decir que la persona tendrá una débil autoestima, ya que necesita la aceptación, el reconocimiento y la afectividad del otro para valorarse y desarrollar un buen concepto de sí misma. 

Ahora bien, la seducción tiene una intencionalidad, de manera primordial podríamos decir que sería la de generar interés, una manera de comportarnos para conseguir la respuesta de los otros con algún propósito específico. 

La seducción posee una dirección determinada, un sentido y una motivación, se dirige hacia una meta, un objetivo y hacia ahí van dirigidos nuestros comportamientos y nuestras conductas. 

En la seducción, queda implícito el deseo de gustar al otro, mostrando lo mejor de nosotros, lo que supone la seducción auténtica y genuina, en la que nuestro comportamiento antes y tras conseguir el objetivo, será el mismo y corresponde con aquello que realmente deseamos; pero puede darse también la seducción con intencionalidad manipuladora. 

La persona que utiliza una seducción manipuladora no se mostrará como realmente es, sino que simulará o utilizará registros que no pertenecen a su verdadera naturaleza. 

Utilizará gestos y palabras que harán presentir a la persona seducida una situación futura que, no se dará ya que el que utiliza la seducción manipuladora, tras conseguir lo que espera y desea cambiará su comportamiento y su actitud seductora, y todo ello supone la ruptura de las expectativas formuladas por la persona seducida. Deberíamos destacar que se trata de un tipo de seducción basada en el engaño. 

La mayoría de las veces, el comportamiento seductor pasa desapercibido por la persona que lo realiza. En gran medida, se emplea el comportamiento no verbal, siendo éste una conducta a la que no prestamos demasiada atención al llevarla a cabo o al percibirla del otro y siendo, a la vez, la comunicación de mayor importancia. 

En torno a la comunicación no verbal, podemos señalar diferentes respuestas producidas en el cuerpo en el proceso de la seducción como el brillo en la mirada, la dilatación de la pupila, la piel coloreada, el enderezamiento del cuerpo, incluso puede cambiar el olor corporal y la textura del pelo. Todos estos gestos y signos suelen producirse de manera inconsciente. 

La comunicación a través de las miradas es uno de los principales signos en la seducción. Al igual que existen diferentes formas de seducir, también se pueden utilizar distintos contactos oculares. Así existen personas que adoptarán una mirada fija y sostenida para seducir a otra persona, o por el contrario una mirada baja y con actitud tímida. También la dirección de la mirada es signo de seducción, pudiéndose dirigir a los ojos, de arriba abajo del cuerpo, a una parte en concreto del cuerpo, etc. 

Todos nuestros sentidos se tornan importantes, el tacto, el gusto y el olfato también están implícitos en la seducción, así como los movimientos corporales, por ello, es importante aprender a interpretar la comunicación implicada en el proceso de seducción, en donde el aprendizaje de la comunicación no verbal tal vez sea el más importante. 

El cuerpo dinámico seduce, no la boca o los ojos, sino la sonrisa y la mirada. 

Tengamos en cuenta que el proceso de seducción puede darse en cualquier ámbito de la vida, entre los miembros de una pareja, entre docente y alumno, en reuniones sociales, etc., sin que su manifestación conlleve, obligatoriamente, una connotación sexual. 

Debemos indicar que la seducción no se limita únicamente al plano romántico y sentimental. Seducir es incrementar lo mejor de nosotros hacia el exterior. 


Claudia Torres

(*) La autora es licenciada en Psicología. 
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