116 años junto a cada tresarroyense

ST 8. 3°
Cielo cubierto

Sociales

Néstor De Filippo

Siempre cerca de los motores

03|03|19 11:27 hs.

Desde hace aproximadamente 22 años, Néstor De Filippo preside la Cámara de Mecánicos y Afines de Tres Arroyos. “La institución tiene más de 25 años. Yo llevo mucho tiempo como presidente, casi desde que nació. Prácticamente parece que fuera mi casa”, dice en la redacción de La Voz del Pueblo. Lo acompaña su nieto más chico, Tobías, de 12 años de edad. 


El domingo pasado fue el Día del Mecánico y por este motivo, la Cámara realizó una cena el jueves último, en el salón que posee en Sáenz Peña 850. Recuerda que “ni bien empezó la entidad nos reuníamos en la Cámara Económica, el presidente era Raúl Casco, quien ya falleció. Vino la dictadura y sacaron todo. Después se volvió a reabrir, con Juan Carlos Pellitero en esa función”. 


El jueves se realizó una cena para celebrar el Día del Mecánico




En una descripción histórica, cuenta que “estuvimos unos cuantos años bien, hacíamos cenas con más de 200 personas. Después vino un parate, como pasa ahora”. 

Plantea que el desafío es “armar una comisión nueva. Yo estoy para dejar la posta y el tesorero, Rearte, lleva los mismos años en esa tarea. Nos han dicho más de una vez ‘sigan ustedes’, pero puede haber gente que no le gusta que estemos tanto tiempo. No creo igualmente que nadie piense nada malo, no hay razones. En los comienzos, se compró un terreno baldío, después se hizo un fogón chico y luego el salón más grande, se le van haciendo cosas porque se alquila”. En este sentido, insiste en que es tiempo de que asuman otras personas y de concretar una renovación muy necesaria.

Está “entre los fierros” desde muy joven. Cuando egresó de la Escuela Técnica, entró en la estación de servicio de Florez Hnos., en Colón 550; “quería ingresar al taller, pero no me pasaron. Enfrente vivía uno de los Santamarina, quien había abierto un taller de la Ford. Siempre venía a charlar, me propuso ir a trabajar con él y acepté”. 

Durante más de una década fue empleado del taller de Santamarina, Blanco y Del Arco y luego unos doce años formó una sociedad con Santamarina y Del Arco, porque Blanco se había retirado. Primero tuvieron las instalaciones en la segunda cuadra de calle Brandsen y posteriormente, en Olivero Duggan 384. 

La etapa siguiente fue en su propio taller, ubicado en Solís 169, donde se desempeñó hasta su retiro hace tres años. Actualmente lo alquila Omar Guerrero, quien se dedica especialmente a la alineación, dirección y tren delantero. De Filippo expresa que “hemos pasado buenas y malas. Ahora es en un momento medio crítico –reitera-. Los valores son tremendos, cualquier cosa que quieras hacer requiere asumir costos muy altos”.


“Estoy para dejar la posta. Es necesario armar una comisión nueva”


Los cambios 
Tiene en claro que “con todos los adelantos que se registraron, hay que capacitarse. A la edad nuestra no estamos ya para estudiar. El auto ha cambiado, ahora no podes meter mano si no estás seguro porque podés hacer lío. Se necesitan muchas herramientas nuevas y hacer cursos”. 

Hace referencia a los tiempos en que se incorporaron los sistemas de inyección y puntualiza que “por entonces, hace varios años, trajimos varios cursos que se hicieron en la CGT. Más que nada para saber cómo desenvolvernos y no equivocarnos al desarmar un motor”. 

La actualización es fundamental tanto en conocimientos como en equipamiento. “Hay que invertir. Quizás compraste un equipo para inyección hace cinco años y ahora es distinto”, señala como ejemplo. 

Con gratitud, valora que “recibí a distintas generaciones de clientes. Y no me puedo quejar, he tenido buena clientela. En mis inicios era más especializado en Ford, pero con los años fui trabajando en todas las marcas”.  

En familia 
Está casado con Ana y tienen dos hijos, Rosana y César. A su vez, Rosana es madre de Tobías, quien no se separó del abuelo durante la entrevista; mientras que César es padre de Melisa y Franco. “Siempre la familia me acompañó –indica-. Cuando era empleado, también trabajaba en mi casa, había armado un pequeño taller. Más adelante, como socio, pocas veces salía temprano de trabajar. Cuando uno estaba haciendo las primeras armas trataba de ir avanzando, hay que esforzarse. Tengo clientes que son más que un amigo”. 

En la parte final de la conversación, Tobías interviene y anticipa, satisfecho, que “voy a empezar el Industrial. Quiero hacer Electromecánica”. Con diferencias en el camino y en el contexto, seguirá en cierta manera los pasos del abuelo, quien es uno de los referentes del rubro.