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Sociales

Silvana Olivera, jefa del destacamento de Lin Calel

Mujer de ley

10|03|19 11:06 hs.

POR VALENTINA PEREYRA Y FERNANDO CATALANO 


“Soy ‘la Oli’, me dicen ‘La 22’”, dice entre risas Silvana Edith Olivera una mujer aguerrida, decidida, idealista y con convicciones firmes. La subteniente escalafón comando desborda vocación, entusiasmo y muestra que se hace Patria en cualquier lugar; en el campo o en el conurbano. 

Afirma que la cuestión es amar al otro y tener la fuerza para defender aquello que está bien, de lo que no lo está. Nació en el Barrio Quilmes de Tres Arroyos en la familia de Alfredo y Marilú -que hace 34 años están casados- y es la tercera de cuatro hermanos, dos varones y dos mujeres. 

Un cartel clavado al ingreso del Destacamento de Lin Calel anuncia que allí está la Policía. El techo rojo y las paredes blancas se destacan en el paisaje de construcciones desgastadas por el tiempo, como símbolos de otras épocas. 


Un pequeño cartel advierte sobre la presencia de la sede policial en Lin Calel, que se destaca por sus colores vivos


La prolijidad es lo primero que se observa cuando se llega al puesto policial. La bandera argentina flameando en un mástil enclavado en un cantero, hecho con adoquines, y la puerta abierta que invita al ingreso. Adentro, una mesa grande con bancos bien pintados, ambiente cálido y ordenado. 

Se observa un barril de 200 litros convertido en estufa por los propios agentes, y un par de cortinas hacen que el lugar luzca más amable. Hace unos 22 años Silvana -mientras estudiaba- sabía que quería ser policía, no tenía dudas de eso aunque para su familia no fue algo fácil de asimilar. 

Recuerda que cuando se los dijo “casi se descomponen”. Su historia y raíces están en Tres Arroyos, toda la primaria la hizo en la Escuela N° 8 y la secundaria en el ex Colegio Nacional. Allí encontró parte de su vocación al cursar Cívica o Construcción Ciudadana, materias que le gustaron mucho. 

Quiso estudiar abogacía pero la familia no podía solventar el costo de enviarla la Universidad, fue cuando sintió que su destino estaba en la Policía. La determinación de estudiar en la Escuela Juan Vucetich surgió de su deseo y de algunos ejemplos familiares como el de su prima hermana la comisario inspector María del Carmen Escujiri, y de un hermano de su padre al que siempre escuchaba contar historias policiales cuando ella era pequeña. “Nunca le plantee antes a mis padres esta idea de ser policía, pero María para mí siempre fue un referente y eso me inspiró”.

Todo comenzó cuando Silvana fue a la Policía Científica a averiguar. Como quería ser perito forense hizo su ingreso en esa dependencia. En ese momento la llamaron de la Vucetich para comenzar a estudiar. Llegó el 25 de marzo de 2008 y por doce meses cursó la Tecnicatura en Seguridad Pública que es el título terciario que ostenta. 

En 2009 terminó sus estudios y partió con destino a Lanús 4ª Remedios de Escalada en el conurbano bonaerense “Mi mamá tuvo un pico de presión muy fuerte cuando lo supo mientras yo estaba con toda la adrenalina de querer empezar cuanto antes”, confesó a La Voz del Pueblo. 

En el conurbano 
En el conurbano Silvana se encontró con un grupo de compañeros muy unidos. “Es otra realidad porque tenés que saber que tu obligación es llegar a casa todos los días y tenés además la obligación de cuidar a tu compañero”, dijo en referencia a una especie de mandato que se comparte entre pares. 

Estuvo tres años en ese destino en el que participó de enfrentamientos. “Son normales, lo peor que viví fue tener a un compañero herido -traga saliva, corre la mirada y sigue- entonces tenés que salir corriendo en el móvil hasta un hospital sabiendo que hay que llegar”. 

La pregunta casi de rigor sobre el miedo tiene una respuesta contundente. “No tengo, pero sí cuidado”. Y agrega: “Me encanta lo que hago, cuando me vine del conurbano a Tres Arroyos tuve que bajar mil cambios y ser más confiada porque allá no confiás en nada”. 

En Lanús 4ª Remedios de Escalada el patrullaje se hacía mirando para los techos porque nunca se sabía cuándo alguien podía tirar desde allí, por eso a Silvana al principio le costó acostumbrarse a la realidad local.  


Silvana Olivera es la jefa policial del destacamento de Lin Calel


Volver a la ciudad 
Silvana ingresó a la Policía con dos nenas de siete y cuatro años que se quedaron con sus padres mientras ella estudió, y también durante su destino en el conurbano. “Estuvieron con las mejores personas que las pudieran educar y cuidar que son mis padres. Julieta cumple 18 años, Melina tiene 15 y Dante de 7 años; para los amigos de mis hijas soy la ‘mamá gorra’”, contó entre risas. 

Fue justamente el nacimiento de su tercer hijo lo que la devolvió a Tres Arroyos. Contó que uno de sus jefes en el conurbano le dijo que “no podía trabajar más”, después de haber asistido a un operativo. “Salí a cubrir un llamado y estaba embarazada de seis meses. Pero en ese momento sentís en la capa -y señala su uniforme- que tu compañero te necesita y tenés que ir, te tiene que correr sangre, adrenalina, es una angustia lo que provoca el llamado cuando te dicen que se necesita apoyo, que les están tirando porque participan de un enfrentamiento”, describió como si estuviera reviviendo el momento. 

Ese día corrió con el oficial de servicio en un vehículo particular para dar apoyo. “Terminó bien para nosotros pero después cuando volví empezaron (sonríe culposa) las contracciones. Fue lo que me dejó fuera de ese destino y me devolvió a Tres Arroyos”, confió. 

Un 28 de febrero -siete años atrás- comenzó a cumplir funciones en la Comisaria Primera de nuestra ciudad después de la licencia por el embarazo de su hijo Dante. Allí inició una nueva etapa. “Me puse el uniforme y sentí lo mismo, por ahí no con tantos riesgos como en el conurbano, pero con la misma adrenalina”, recuerda Silvana. 

Estuvo siete años en la Estación Policial de la calle Pringles 66 hasta que tuvo la posibilidad de ir a Cascallares donde cumplió funciones 15 días hasta que el comisario inspector Axel Bogda le propuso hacerse cargo del Destacamento de Lin Calel. 

La mujer policía 
“Es complicado ser mujer y policía en un ámbito tan machista, es más difícil aunque algo cambió con el ingreso de femeninas, o de las Comisarías de la Mujer y las políticas de género. Hace unos años atrás sólo mujeres como María (Escujuri) y alguna otra audaz se arriesgaban a entrar en Policía”, dijo Silvana respecto al lugar de su género en la fuerza. 

La pregunta sobre el amor resultó ineludible. “Es complicado tener pareja -más si es civil- porque no entienden los horarios o si estás de franco en tu casa, te llaman y tenés que salir. Arbitrás los medios para dejar a tu familia y tenés que irte porque si te convocan hay que hacerlo”, dice y esquiva así la pregunta sobre sus sentimientos y deseos de enamorarse. 

Pero al respecto expresó que “esto hace difícil las relaciones de pareja. Como mamá soltera me complicó trabajar en el conurbano porque me iba de Tres Arroyos los miércoles y volvía -con suerte- los domingos. Las nenas ya estaban escolarizadas y se manejaron muy bien con mis padres, pero como siempre le digo a mis hijas: Hay que estudiar y trabajar de lo que te gusta”. 

Silvana no tiene dudas que para entrar en la policía “tenés que tener más que amor por el uniforme. Hay que tener amor por ayudar al prójimo”, afirmó. 

Y explicó que cuando ingresan “damos a cambio la vida -si bien es invaluable- no se trata sólo de subirse a un móvil y salir a combatir delincuencia, no es sólo venir a cumplir un servicio, si fuera sólo eso no lo podría hacer”, reconoce. 

Ser mujer 
Silvana analiza la situación del género, “hay una diferencia que se nota en los cargos, hoy es raro encontrar en las cercanías de Tres Arroyos tanto en las comisarías, subcomisarias o destacamentos mujeres. De la totalidad solo hay dos a cargo de destacamentos”.

Y agregó: “no sé si tiene que ver con la confianza, o creen que tenemos menos capacidad. Es cierto que priorizamos a nuestros hijos. Un padre es raro que se saque una carpeta porque su hijo tiene fiebre, en cambio una mujer lo hace”. 

Otra cuestión que hace a la diferencia de oportunidades es que “hay que tener determinada cantidades de años cumplidos para ascender, pero las licencias por maternidad, certificados médicos o licencias por familiar -si bien son derechos adquiridos- retrasan el tiempo porque se descuentan de la antigüedad y atrasa el ascenso”, explicó. 

En cuanto a su relación con los efectivos con los que trabaja a diario en el destacamento confió que “somos seis y no hay diferencias, hay confianza para llamarnos para proponer ideas para cambiar algo o para pedir la venia y hablar con el jefe directo que es el Comunal nuestro. Trato de ser un par”, dijo. 

Silvana reflexionó también sobre las futuras generaciones de policías y dijo que “me gustaría que ingresen por amor y teniendo en cuenta que lo hacen entregando la vida y que sólo a los 32 ó 35 años de servicio -cuando se retiren- te la van a devolver, pero en el transcurso esa vida siempre estará en juego. En el campo o en el conurbano no se pierde la vida sólo en enfrentamientos, también la arriesgamos en cada viaje que hacemos para llegar a los lugares de trabajo, en todo momento”, expresó. 

La vocación 
El sol se cuela cada vez más fuerte entre las cortinas apenas movidas por el viento, aunque afuera del destacamento se siente con más fuerza. Un mate cebado por el oficial Salinas, oriundo de De la Garma, abrió un paréntesis para más preguntas. 

Tanto a LA VOZ DEL PUEBLO como a su propio compañero les intrigó los motivos por los que eligió la carrera. “Entré por vocación, algo que fui descubriendo desde los 15 años. Aunque no hay policías en el ámbito familiar, sólo el hermano de mi padre, un mayor retirado de la fuerza, hablaba de la policía y yo sabía que quería eso pero para mí”, recuerda la subteniente. 

Pero también no olvida que en su familia “no querían, y mi tío le dijo a mi padre que no me dejara porque la policía no es para las mujeres, pero yo no iba a estar detrás de un escritorio. Por eso elegí ser lo que soy, con todo lo que significa”. 

La mujer policía reflexiona sobre el futuro, “quiero que sea un mundo igualitario en el que se pueda decir lo que se piensa sin ofender y que se pueda aceptar al otro sin enojarse. Somos una fuerza muy mal vista, muy basureados y me preocupa que eso piensen los jóvenes a los que escucho hablar de “los milicos”. Trabajo con el ejemplo porque no hay que defenderse de nada, sólo actuar consecuente con lo que pensás y decís”, remarcó. 

No puede dejar de ser quién es, vestida de civil, con el cabello suelto, su mirada y postura es de subteniente. Pero también hay tiempo para la vida social y es así que comparte el gusto por la pesca con amigas. 

Pero reconoce que “rara vez” se desprende del uniforme. “Nunca dejo de ser policía, no lo hago ni en la playa, ni en el centro, porque siempre estoy atenta a lo que pasa alrededor”. 

Silvana piensa que esa veta la va a acercar a la idea original de ser abogada. “En esta etapa en la que los hijos son grandes y hay mayor estabilidad me gustaría estudiar y también hacer una carrera en Policía. Estoy pensando en cursar la Licenciatura en Seguridad en la Universidad de Bahía Blanca”, dice y agrega “las mujeres algunas veces tenemos que demostrar un poco más”. 

Es una madre joven, soltera, luchadora. Una Subteniente escalafón comando responsable que cuida su vida y la de sus compañeros, implacable y audaz. 

Con el pelo suelto -o con rodete- sabe quién es y por qué eligió esa profesión. Entiende que ser mujer policía implica más que sólo portar uniforme, subirse a un patrullero o correr delincuentes, tiene la certeza que hay que tener amor por el otro sobre todo lo anterior. 

Hace patria en Lin Calel, hace patria en su casa con sus tres hijos, tiene un lugar de respeto aunque le divierta que la llamen “La 22”. 

Una mujer sin vueltas y con mucho para dar.