La Ciudad

Lin Calel

Donde las calles no tienen nombre

11|03|19 10:43 hs.


Por Valentina Pereyra y Fernando Catalano

A la altura del monte de Guisasola un cartel anuncia que hacia el sur de Tres Arroyos se encuentra el pueblo de Lin Calel, y allí otra señalización indica que hay 4 kilómetros hasta llegar. Sin embargo parece que -por alguna razón- se borró el 1 que precedía al 4 y el recorrido fue mucho más largo de lo que informaba el cartel.

La localidad se encuentra situada al sur del distrito, al oeste del arroyo Claromecó y al NO de la localidad de Claromecó. Para su acceso, desde la ciudad, se debe transitar por la Ruta Nacional Nº 228 hasta empalmar con la RP Nº 73. Sin embargo otros caminos también llevan a Lin Calel, desde el cruce RP Nº 73 y RP Nº 72 girando hacia la derecha y transitando por 20 kilómetros de camino de tierra. 



Tomando como referencia el acceso por el camino vecinal, seguido al monte largo de Guisasola sobre mano derecha en dirección a Claromecó, se debe transitar hasta atravesar la estancia La Juanita hasta la segunda bocacalle; luego se gira a la izquierda (un cartel muy pequeño muestra la dirección a tomar) hasta empalmar con el camino que une al pueblo con San Francisco de Bellocq. 

Antes de llegar aún habrá que tomar un nuevo giro hacia la derecha. La distancia del poblado con la ciudad cabecera es superior a los 60 km.



Otros tiempos 
Antiguamente la localidad de Lin Calel, se denominaba Claromecó. Posteriormente su nombre sufrió una modificación para evitar confusiones con la principal localidad turística del partido. Se impuso el nombre Lin Calel que significa en lengua indígena “carnes blancas”. 



La zona posee tierras muy fértiles y sus pobladores se desempeñan en actividades agrícolo ganaderas. Tras la apertura de la estación ferroviaria en agosto de 1929 en el ramal que unía Orense y Copetonas fue desarrollándose una pequeña población -que llegó a tener 300 habitantes- que se sostenían a partir de actividades agropecuarias de la zona. 

El auge económico y el incremento de la población generó la fundación de la escuela y su posterior ampliación; la construcción de una Cooperativa y el Club Juventud Agraria Cooperativista que llegó a tener dos equipos de fútbol, uno en primera y otro en segunda que jugaban en la Liga Libre de Copetonas. 



En ese entonces había más negocios, como una tienda, una panadería, una carnicería y hasta un hotel. Pegado al ferrocarril desde donde antes se embarcaba la hacienda, coexisten galpones en donde las empresas agropecuarias acopiaban el cereal. 

El Ferrocarril le dio vida a Lin Calel, definiendo un estilo de vida; era sinónimo de trabajo y esperanza. Pero su ausencia dejó al paraje sin su principal vía de comunicación, perjudicando notoriamente su economía y provocando el inevitable despoblamiento.  



En la actualidad 
Por estos días perduran pocas y antiguas edificaciones como la Escuela N° 31 Bartolomé Mitre; la Capilla; el Club Juventud Agraria Cooperativista; y la estación de trenes que se encuentra en desuso y abandonada. El pueblo donde las calles no tienen nombre llegó a albergar muchas casas más a ambos lados de la vía. Hoy apenas son poco más de una decena. 

No cuenta con servicios de transporte público y de unidad sanitaria. Carece de Biblioteca Pública, el club está en recuperación, tampoco hay una librería. No hay distribución de diarios, ni revistas, no hay locutorio con Internet, ni telefonía pública. Sólo un almacén de productos básicos para la venta hay disponible para los 37 habitantes que -se estima- el pueblo tiene. Además hay poca señal para comunicarse a través de teléfonos celulares. 



La Escuela 
La Escuela Bartolomé Mitre inició sus actividades en agosto de 1931 en un inmueble prestado a metros de la actual. En 1949 comenzó a construirse el nuevo edificio sobre un lote donado por un vecino, familiar de Carlos Daniel Hastrup, que fue habilitado para el 8 de junio de 1951. 

Es la única institución educativa en el paraje, por lo que su papel es de gran importancia para la vida social y cultural de los que allí viven al ser el único espacio social público existente, a excepción de una plazoleta. Por eso el principal valor es su propuesta pedagógica. 



Su cultura, su identidad y sus valores representan su marca distintiva. Por ser una escuela rural el modelo organizacional de la institución es el de agrupar a niños y niñas que cursan años distintos en una misma sección escolar. De los tres alumnos matriculados, solo uno vive en la planta urbana; el resto se domicilia en el campo y hacen un gran sacrificio para llegar, sobre todo cuando la intransitabilidad de los caminos resulta un gran impedimento. 

Históricamente la matrícula ha ido fluctuando, pero siempre osciló entre 15 y 19 alumnos; descendiendo considerablemente a partir del año 2016. Entre las causas están las consecuencias del contexto económico que entre otras provocó una menor rentabilidad para los pequeños productores; también hay propietarios de campos que han comenzado a tomar empleados sin familias; los avances tecnológicos que requieren de una menor cantidad de mano de obra; y el arrendamiento de las extensiones de tierra.

Fotos Fernando Catalano


Todo ello va generando campos vacíos con cada vez menos animales y sólo actividad de siembra. La suma de estos factores provocó un éxodo hacia las ciudades porque los empleados buscan mejores ofertas laborales, pero también impactó en el cierre transitorio del JIRIMM (el jardín de infantes rural de matrícula mínima).