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La Ciudad

Por Dolores Pérez Müller

Caídos en Malvinas: un viaje que ayudó a cerrar el duelo

15|03|19 10:54 hs.

Por Dolores Pérez Müller*


65 son los familiares que viajaron el miércoles hasta el cementerio militar de Darwin, ubicado en la Isla Soledad, con el fin de homenajear la tumba de los últimos 22 soldados reconocidos por pelear en la Guerra de Malvinas en el año 1982. Fermín Pérez Müller, Licenciado en Hotelería y Turismo, tuvo la suerte y el placer de acompañarlos y vivir en carne propia una de las experiencias más movilizantes y revolucionarias de su vida.

Fueron 649 argentinos que murieron en conflicto, 237 de ellos están enterrados en este cementerio. 112 soldados ya están localizados y restan 10 casos por reconocer. 

Los familiares, provenientes de distintos puntos del país, se alojaron durante los días previos en el hotel El Conquistador de Buenos Aires donde recibieron apoyo psicológico. Se prepararon allí para vivir el momento por el cual lucharon y esperaron estos 37 años. La herida parecía, por fin, dejar de sangrar. 



A las 4 am, y solo con DNI en mano, la tripulación partió para las Islas. Cerca de las 7 aterrizaron en la base militar de Mount Pleasant, construida después de la guerra, con capacidad aproximada para 1.500 soldados, sobre una población de 3.200 habitantes. En el control migratorio, como quien ingresa a un país diferente y no al propio, todos los pasajeros debieron presentar su pasaporte. 

Eran las 9 de la mañana y el frío seguía siendo tajante. En el cementerio los esperaron con café y comida caliente, para adaptarse a las bajas temperaturas del lugar. En silencio, cada uno volvía en el tiempo, cerrando los ojos imaginaban cómo habían hecho sus hijos, hermanos, primos, esposos y amigos para soportar ese viento crudo que se mete por los poros de la piel y te quiebra los huesos. 



De a poco, se fueron acercando a las tumbas y se abrazaron a su cruz blanca. Lloraron, en silencio, apretando la angustia y dejando el dolor en la garganta. El clima dio una señal y salió el sol. Parecía que desde arriba estaban disfrutando de la compañía y buscaban aminorar un poco la tristeza. 

Dejaron flores de tela, fotos, rosarios, camisetas, cartas, lágrimas y hasta las cenizas de una madre fallecida. Contaron sus historias y sus vivencias de aquellos años. Sonrieron. Cerraron un duelo. Respiraron hondo y suspiraron. Muchos no se despegaron de la lápida de mármol negro hasta emprender la vuelta.  


Fermín Pérez Müller junto a Geoffrey Cardozo, coronel británico.


Fermín observaba todo desde un costado, participaba sin participar. No invadía pero pudo vivir en carne propia el dolor ajeno. Dialogó con los isleños y militares británicos. “Fueron muy respetuosos, estuvieron en posición de duelo y algunos los vi llorando”. Geoffrey Cardozo, Coronel británico, fue quien se encargó en 1983 de darles honorífica sepultura a los caídos argentinos y motivó la creación del cementerio de Darwin. 



El padre Ponciano Acosta, familiar del gendarme caído en Malvinas Gumersindo Acosta, con la voz entre cortada y ayudado por el sacerdote de las islas, padre Ambrose, dio una emotiva misa. Ahora sí el sentimiento general era que los muertos descansaban en paz.

La voz en vivo de Alejandro Lerner le puso música a la despedida. Llegó el momento de la foto grupal final que, por primera vez en la historia, pudo ser acompañada con los colores blanco y celeste de la bandera argentina. 



“Nadie vuelve igual de ese lugar. La tristeza y angustia es interminable. La bronca que intenta entender por qué debieron esperar tanto tiempo para cerrar un duelo eterno”, reflexiona Fermín, con aquellos ojos que miran desde otra perspectiva porque vivieron un pedacito de la historia argentina en sus pupilas.  

*La autora es Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA), y cursó sus estudios primarios y secundarios en Tres Arroyos.