La Ciudad

Día de la Memoria

En el nombre del tío

24|03|19 10:00 hs.

La vida de Antonio Piovoso estuvo plagada particularidades. Sin embargo, su historia estuvo sepultada hasta que su sobrino Sebastián, hace una década logró rescatarla del olvido. “Para mí fue positivo sacar a la luz la memoria de mi tío, porque ni siquiera en mi familia se hablaba de él”, explica. 


La cruzada por descubrir la historia del Tano, su sobrino la comenzó en 2009, gracias al aporte de una profesora que tuvo en la facultad de arquitectura, Adriana Posse, y que había sido muy amiga de Antonio. “Yo quería averiguar quién había sido mi tío, quería reconstruir su vida, pero no sabía por dónde empezar. Ella me ayudó a hacer el recorrido”, cuenta.

León y Lobo 
Amante desde siempre de la pelota, el Tano, nacido en La Plata el 13 de agosto de 1953, hizo las infantiles en Peñarol de Gonnet y luego se incorporó a Estudiantes. Transitó todas las inferiores, pero cuando tenía edad para dar el salto a Primera un cortocircuito con un técnico lo llevó a cambiarse de vereda. “Parece raro pero fue así, decidió irse a Gimnasia”, cuenta Sebastián. 


Piovoso, en el arco de Gimnasia de La Plata


El arco del Lobo estaba muy bien cubierto: Hugo Orlando Gatti, el ídolo de Antonio, era el dueño de los guantes, y el lugar en el banco lo ocupaba Daniel Guruciaga. Piovoso no alcanzó a ser titular en Primera, pero jugó tres partidos. 

Ahí viene otra de las rarezas de la vida del Tano: tres veces en tres meses ocurrió que el arquero titular se lesionara durante el partido y tenga que ser reemplazado. Y las tres ingresó Piovoso, una por Guruciaga y dos por Gatti. 

Según detalla el periodista Andrés Burgo en una nota en El Gráfico en la que rescata la historia de Piovoso, el debut del Tano fue el 19 de abril, contra Argentinos en La Paternal, en un partido que estaba 0-0 a los 41 minutos cuando ingresó por Guruciaga. La tarde terminó mal, con derrota por los dos goles que el Tano, ya cerca del final, recibió de Horacio Raúl Cordero. 

El 24 de junio, también por el Metropolitano 73, se repitió la historia. Antonio reemplazó esta vez Gatti, y lo que era empate parcial en dos, finalizó en derrota 3-2. Hasta que cuatro días después, el jueves 28 de junio por la noche, en el Bosque, sucedió lo mismo, pero esta vez sería letal: “En un Gimnasia-Central televisado del que no hay imágenes, el Tano reemplazó a un lesionado Gatti en el entretiempo (1-1) y, como si fuese una maldición, su equipo volvió a perder (2-1). Su yunque fue un tiro libre de Aurelio Pascuttini, a los 42 del segundo tiempo, que todas las crónicas coinciden en adjudicárselo a un Piovoso con manos de manteca”, cuenta Burgo. 

De ese partido surge otro dato llamativo: Pascuttini no recuerda el gol que le terminaría costando la continuidad en Gimnasia al Tano.  


El Loco Gatti junto al Tano Piovoso, su suplente, en 1973. El emblemático arquero era el ídolo del platense


Al interior 
Esa derrota significó el último capítulo de Antonio en el fútbol grande. A partir del segundo semestre de 1973, Piovoso comenzaría un periplo por equipos del interior de la provincia de Buenos Aires, que sin tantas exigencias le permitían continuar estudiando la carrera de arquitectura. 

“Ahí se me escapa un poco como siguieron los pasos de mi tío. Sé que jugó en Atlético Mones Cazón, un pueblo de Pehuajó, que en 1975 fue el arquero de Athletic de Azul y que en 1976 atajó en Nación de Mar del Plata”, cuenta Sebastián. “Me había llegado el dato que jugó en Villa San Carlos, pero después comprobé que no fue cierto”, aclara. 

Nada sabía del paso del Tano por Huracán de Tres Arroyos, se enteró por el llamado de LA VOZ DEL PUEBLO, incluso agradeció el envío de la foto de la formación ante Racing de Olavarría como de los recortes del diario en los que figuraba su tío. 



El 6 de diciembre de 1977, ya alejado hacía un año del fútbol, Piovoso fue detenido en su lugar de trabajo, en las galerías Williams, en el centro de La Plata.

“Los testimonios coinciden en que el Tano, que no tenía militancia comprometida, a lo sumo el reparto de algunos volantes algunos años atrás, fue secuestrado por haber estado en el lugar equivocado: los militares fueron a buscar a otra persona (Jorge Martina) y, en su brutalidad, también lo cargaron”, escribió Burgo en El Gráfico. 

Homenajes 
Una tarde de 2009, luego del encuentro con la amiga del Tano, Sebastián recibió el impulso que le faltaba y fue a la casa de su abuela para que le contara todo lo que sabía. Además del relato aparecieron las fotos y los recuerdos guardados por miedo desde fines de 1977.

“Haber rescatado la historia de mi tío me generó sentimientos encontrados. Por un lado, una alegría por haberlo traído al mundo de nuevo, que se sepa quién fue, que tuvo una vida, que a los 24 años se estaba por recibir de arquitecto, que tenía un montón de sueños, que había jugado en Primera… Por otro, tristeza por no tenerlo y no haber podido conocerlo”, explica. 


Sebastián en el homenaje que en 2017 Gimnasia le realizó los deportistas del club víctimas de la dictadura militar


A partir de la búsqueda de Sebastián, la historia de Antonio también rebotó en los medios. El Tano es el único jugador profesional desaparecido, eso hizo que su nombre empezara a sonar en micrófonos y grabadores. 

Entonces, en 2017 llegó el homenaje de Gimnasia, que inauguró un museo de la Memoria y puso una plaqueta en el estadio en el que recuerda a los tres deportistas que fueron víctimas de la dictadura militar. Entre ellos, Piovoso. Y el fútbol, al igual que su familia, dejó de olvidarlo.