La Ciudad

Recuerdos de Claudio Pandolfo

El Huracán del 74 en primera persona

31|03|19 10:30 hs.

Mi primer contacto con Carlos Rivada fue deportivo: la selección de Azul enfrentó a la de Tres Arroyos en cuatro partidos seguidos, y él fue uno de los delanteros que me tocó marcar (los otros: José Ramón Palacio, Roberto Barrionuevo y Mariano Floro Moreno). Al poco tiempo, el señor Roberto Lorenzo Bottino fue a visitar mi ciudad para conversar sobre la posibilidad de jugar en Huracán. Con la promesa de tener trabajo no bien me recibiese de contador, se concretó el pase. 


El segundo contacto fue en un vestuario “indiferente” en el momento de mi debut (viajé a jugar partidos contra el equipo de Indio Rico -Torneo Milanesi- y luego con San Lorenzo de Mar del Plata, amistoso preparatorio para el Torneo Regional). Recuerdo que de inmediato se acercaron a saludar Carlos y Aquiles Olivieri (gran arquero), poniéndose a disposición para lo que necesitase… 

Después de eso, Carlos me llevó a la casa de familia, presentándome a su padre (también gran arquero y dirigente deportivo) Héctor Rivada, y a sus hermanos Margarita, Silvia y Guillermo. Fue un hecho que me quedó grabado, por la calidez que suponía para con un desconocido foráneo. 


El contador en La Voz del Pueblo, junto al libro de los 80 años de Huracán y una carpeta repleta de recortes de diarios y revistas en la que se refleja buena parte de su trayectoria como futbolista


Sus características como jugador de fútbol eran la de un puntero rápido, con gol, “guapo”, aguerrido y de gran despliegue. Pero además era un líder intelectual y anímico, por sobre compañeros de mayor edad y gran calidad: Adolfo Argentino Luna, Carlos Varela, Nicandro Goroso, Mario Nicolás Guarino, Juan Domingo Pérez (venía desde Necochea), Carlos Coria (de La Plata), Vicente Luis Pedone, José Ramón Palacio, Ricardo Federico Mayer, los mellizos Fernández. Tenía voz de mando y su opinión y palabra era respetada. 

Por alguna razón me dispensaba un trato afable, que lo llevó a invitarme un par de veces a cenar en la casa en que vivía con su esposa (9 de Julio a mitad de cuadra). Recuerdo a la distancia hablar de temas académicos (era profesional universitario, ingeniero) y de cuestiones de la política, además, claro, de fútbol y básquet. En esa disciplina se destacó: fui a ver algunos partidos, quedándome la imagen de que aprovechaba “contragolpes” corriendo velozmente y definiendo con “bandejas”. Además, era muy persistente con la marca a rivales (no tengo conocimientos del básquet como para opinar, pero me parece que jugaba bien y contagiaba por su despliegue). 

Carlos me llevó a la casa de familia, presentándome a su padre Héctor Rivada, y a sus hermanos Margarita, Silvia y Guillermo. Fue un hecho que me quedó grabado, por la calidez que suponía para con un desconocido foráneo


Pretemporada 
Un momento especial: al poco tiempo de estar en Huracán, se decide hacer una pretemporada en Claromecó, cosa excepcional para la época y el hecho de ser un club de ciudad chica. Por razones que no supe, solamente viajaron José Ramón Palacio, Carlos, Adolfo Luna y yo, acompañados por el masajista y dirigente gremial Héctor Mario Lacetera. A lo largo de más de una semana, alojados en unos departamentos frente al Hotel Claromecó y a las órdenes de Rivada que dirigió todas las prácticas, entrenábamos en triple turno, arrancando muy temprano entre médanos, trotes, gimnasia y fundamentos. 

Imagen 2

Era implacable con los tiempos y encabezaba la fila; Palacio era muy profesional, yo lo seguí comenzando a sentir el gusto por el entrenamiento fuerte y continuado; y al que Carlos no pudo “doblegar” fue a Adolfo Luna, un extraordinario jugador que le gustaba practicar con el balón todo el tiempo. Uno de los últimos días, recuerdo con cariño llevar “a caballito” a su hermano Guillermo (hoy colaboro con el asesoramiento contable de su empresa) desde el vivero dunícola y hasta el lugar de alojamiento. 

Desde fines de 1973 y hasta aquel febrero de 1977 compartimos partidos, entrenamientos, triunfos y algunas derrotas (pocas). En algún momento probó jugar como lateral por la derecha, y algún partido de defensor central, pero era puntero… Siguió siendo el capitán y símbolo. 

Unos días antes, hubo una cena en el fogón del club. En algún momento ingresaron dos o tres personas que sacaron fotos; hicimos bromas diciendo que eran de El Gráfico o algún diario nacional. De esa cena me vuelvo para Azul; días después, yendo a la iglesia Nuestra Señora del Carmen, un vecino de mi barrio natal me comenta lo ocurrido… 

Estilo Gatti 
Antonio Piovoso era arquero, y vino a reforzar al equipo de Huracán de nuestra ciudad que participaba en el Torneo Regional (que terminaba dando plazas para el Nacional de primera). Creo recordar que fue recomendado por algunos jugadores que venían de La Plata (Carlos Coria, Luis Cecatto y Luis Sasso, si no me falla la memoria). Como arquero recuerdo que era de estatura más bien baja para el puesto, pero lo suplía con mucho dominio del área. 

En particular, tenía una característica que era totalmente novedosa para esa época: salía con el balón al pie llevándolo muchos metros (incluso pasando la mitad del campo de juego) al estilo de lo que hacía Hugo Gatti, aquel arquero de Boca (que luego leería que era su ídolo y que hasta había sido su suplente). 


Huracán en el Regional de 1974, en la cancha de Racing de Olavarría. Parados de izquierda a derecha: Sasso, Mayer, Goroso, Pandolfo, Azurmendi, J. D. Pérez, Coria, Piovoso, Fernández. Hincados: Palacio, Varela, Rivada, Perrone, Pedone y Flores


En el último partido de aquel regional que Huracán jugó con Atlético Paraná de San Nicolás (derrota 2-1), llamó mucho la atención una jugada que lo tuvo como protagonista: salió a cortar un pase en profundidad a un delantero, se hizo del balón y lo llevó hasta pasando tres cuartos de la cancha, terminando con un centro y volviendo velozmente a cubrir el arco. 

Respecto de su forma de ser, se daba la situación que venían a jugar y se iban de regreso a su ciudad una vez terminado cada partido. Llegaban un día antes del encuentro y se alojaban en un hotel (creo que en el City Hotel de calle Lavalle y tal vez en el Parque Hotel). Por lo tanto, el contacto era muy acotado; por lo general conversaban los foráneos entre ellos con sus situaciones personales y circunstancias. En mi caso, no desarrollé una relación que superase los saludos y poco más. 

A la distancia, me queda la imagen de una persona normal para la época, bromista y con un tipo de humor algo “ácido”, típico de los platenses de aquel momento. En el caso de Piovoso, recién me enteré de su situación muchos años después, leyendo algún artículo sobre deportistas que habían tenido situaciones como las señaladas.