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Y ahora… ¿Qué dirán?

31|03|19 19:10 hs.

Por Claudia Torres (*)


¿Alguna vez te pusiste a pensar cuántas cosas dejaste de hacer, que quizás te interesaban? ¿cuántas veces dejaste de vestirte de determinada manera o de reunirte con alguna persona por el qué dirán los demás? 

¿Dejaste de lado realizar algún curso o comenzar alguna relación sentimental, porque alguien te dijo que no era lo correcto?  

Estas situaciones se presentan de manera casi cotidiana en algunas personas y provocan estados poco placenteros. Así, viven sus vidas a merced de los demás: no hacen eso porque… “¡qué dirán!”; no se visten así porque… ¡qué dirán!; mejor se portan bien porque… ¡qué dirán!; no piden ayuda en su matrimonio que está en una crisis porque… ¡qué dirán! 

En cierta medida, podemos decir que en algunas oportunidades todos tenemos miedo a lo que digan y piensen los demás, pero las personas que han crecido en ambientes con normas muy estrictas suelen dar más valor a esa aprobación que a la satisfacción de sus necesidades. Esto lo podríamos considerar un error que provoca frustración y baja autoestima. 

El miedo al qué dirán es fruto de una educación demasiado arraigada en los prejuicios morales y las normas sociales El miedo al qué dirán es una realidad que se da con mucha frecuencia. Es esa angustia silenciosa a ser juzgados, a que se hagan determinadas ideas sobre nosotros. Queda claro que todos necesitamos ser aceptados, pero caer en este tipo de pensamientos de forma permanente puede condicionar por completo nuestra forma de vida.

Detrás de esta manera de actuar se podría llegar a esconder la falta de autoestima. Siempre podemos sentirnos más o menos preocupados sobre la opinión que puedan hacerse de nosotros aquellas personas a las que valoramos, y que son importantes para nosotros. Sin embargo, nunca debemos perder con ello nuestra libertad, ni callar nuestros deseos. 

En ocasiones podemos ver que hay personas a las que se les va la vida y viven preocupadas por quedar bien con los demás, aunque dejen de ser auténticos. Otras, al estar tan atentas al qué dirán, dejan de ser quienes realmente son. Sin caer en la cuenta de que, si se siguen preocupando por lo que los demás piensen de ellas, entonces siempre serán prisioneras de terceros. 

Aquí lo importante no es que las personas opinen de nosotros. Lo grave es que pongamos toda nuestra atención a lo que los demás dicen, al grado que dejamos que nuestra vida y estado de ánimo giren alrededor de terceros y de sus opiniones. Dándole poder a los demás sobre nosotros. 

Es ahí donde se comienzan a levantar muros a nuestra autonomía, que frena nuestros pasos y que nos obliga a estar atentos para no quebrantar esas normas implícitas de lo que se supone, “está bien”.

El miedo al qué dirán nos sitúa en un estado de eterna vigilancia extrema. Orientamos nuestra atención hacia ese mundo externo donde sacamos conclusiones sobre lo que los demás pueden estar pensando sobre nosotros. 

Si vivimos enfocados en lo que puedan opinar de nosotros, alimentamos el ciclo de la ansiedad. 

Esta necesidad de sentirse aceptado y valorado puede convertirse en un problema en el momento en que supera un cierto límite y se convierte en una preocupación generalizada y recurrente, llevando a la persona en busca de esa aprobación de los demás hasta el punto de llegar a hacer cosas como cambiar los puntos de vista u opiniones sobre un tema o situación para evitar la confrontación y el conflicto. Este cambio no se realiza por convencimiento, sino para coincidir con las otras personas y adaptarse a ellas.

Algunas de las características de esta actitud pueden llegar a ser las siguientes: 

Tomar decisiones buscando satisfacer las expectativas de otras personas, pero dejando de lado el convencimiento propio. 

Buscar constantemente la confirmación de otras personas, en relación a lo que uno hace, nos deja siempre en un segundo plano. 

Anteponer las necesidades de otras personas a las propias, con tal de resultar agradable o simpático.

Comportarse según lo que los demás esperan que uno haga o lo que se supone que es correcto o adecuado hacer en una determinada situación o contexto, aunque interiormente no se comparta. 

Buscar la constante aprobación y valoración de los demás. 

En definitiva, por miedo a ser cuestionados o rechazados por otros, estas personas muchas veces dejan de ser coherentes consigo mismas y pasan a fijar valores de referencia ajenos a ellas mismas. 

Una de las principales consecuencias para la persona que se ve empujada a este tipo de comportamiento es la frustración y la pérdida de contacto consigo misma, con sus deseos, necesidades, con sus principios y proyectos. 

Ahora bien, es aquí donde puede surgir la pregunta ¿Cómo hago para poder superar este famoso “que dirán”? 

En primer lugar creo que es importante trabajar interiormente para recuperar y potenciar la autoestima, la autoconfianza y la seguridad personal. 

Admitir que no se puede gustar a todo el mundo ni estar de acuerdo con todos. Siempre habrá alguien que no comparta lo que uno decide o hace y siempre puede haber alguien a quien no le gustemos. 

Aceptar y tolerar las críticas con naturalidad. Valorarlas y aprender de ellas cuando sean constructivas y desecharlas en caso contrario.

Aprender a discutir, a emitir opiniones y a negociar. 

Reflexionar sobre el motivo por el que hacemos determinadas cosas. Detectar qué cosas se están haciendo solamente con el objetivo de agradar a otra persona, diferenciándolas de las que surgen de nuestros propios anhelos. 

Atreverse a ser uno mismo y actuar como se desea. Es importante tomar conciencia de que somos como somos y tenemos derecho a mostrarnos así. Cada persona es un ser único, irrepetible y especial y nadie tiene derecho a coartar esa libertad. 

Tratemos de vivir nuestras propias vidas…dejando de lado este famoso “qué dirán…”,tengamos presente que las personas suelen respetar y valorar más a otras cuando éstas son auténticas y coherentes con sus opiniones, valores y principios. 


Lic. Claudia Eugenia Torres 
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