La Ciudad

Malvinas: informe especial

“Los soldados no tenían balas”

02|04|19 09:49 hs.

Sorprendidos -para bien- porque después de 37 años el nombre de su padre esté ligado a un reconocimiento por la función que cumplió durante la guerra de Malvinas, desde Claromecó; sus hijos Carolina, Andrea y Alejandro, aceptaron responder unas preguntas de La Voz del Pueblo. 

Recuerdan al padre atravesar toda esta experiencia “enchufado en Claromecó”, oportunidad en la que además pudo convocar a dos radioaficionados más; “Gay Montangero”, un escribano de Dolores; y a Pedro Dolgbert, de Lavardén.  

En contacto 
“Papá había fabricado una antena que la instalaron en el faro. Entonces con las Malvinas no tenía ninguna interferencia. Los ingleses ponían unos indicadores para que los aviones de ellos aterrizaran en determinados lugares, y eso era lo que captaba la radio de mi papá, un ‘bip’ que emitía determinada señal y mi papá se las comunicaba a los militares argentinos”, apuntaron. 

Si bien este hecho de la historia los tomó con padres separados y en plena adolescencia, salvo al hijo mayor Sergio que también era radioaficionado y hasta participó de esas jornadas junto a su padre, tomaron conocimiento que en la casa de Claromecó se les había instalado “una línea directa con el comandante de las fuerzas armadas”, desde donde se comunicaban a diario para ver si la línea estaba en orden. “No querían perder contacto con papá. Era permanente, estaba las 24 horas”, indicaron. 


Los hijos junto a su padre y algunos nietos, hace 13 años. Sergio (fallecido), Lito, Carolina, Andrea y Alejandro


“Escribía todo” 
También lamentan no contar hoy con los registros que Lito llevaba a diario. “Lo más loco y triste es que mi papá minuto a minuto escribió cuadernos y cuadernos con una prolijidad impresionante y lamentablemente lo perdimos”, dijo Carolina, que además recordó que a esos documentos su padre “los cuidaba y los atesoraba porque estaba todo escrito. Todo lo que ellos escuchaban y percibían, lo escribía todo”. 

Pero como muestra de haber hablado con su padre, y de alguna vez haber leído algunos escritos, contó que en determinado momento “se enteró que los soldados no tenían balas”. Hechos como este, aseguró, hicieron que su relación no quedara bien “con los militares”. 

Y una consecuencia de ello fue que “le dieron un rango militar que lo devolvió. De hecho se entera que nos habíamos rendido mientras él comía en La Gallina Turuleca, y la moza dijo ‘¿se enteraron?’. Para mi papá fue un mazazo. El tenía comunicación directa y nadie había dicho nada”. 

La patente
Carolina, Andrea y Alejandro de todas maneras siempre tienen presente que su padre no dejó de mostrarse “muy orgulloso de haber servido a la patria. El participó en la guerra y aportó muchos datos -y muy importantes- para que derribaran aviones ingleses y demás”. 

En medio de la entrevista con este diario también dieron a conocer un inesperado hecho que se dio después de la guerra. “Los ingleses estaban reinteresados en esa antena, y de hecho se las vendió. Fue a Inglaterra porque era muy amigo de Fico Vogelius, no sé si fue el nexo -o quién- pero los ingleses quedaron maravillados con esa antena porque ellos no lograban lo que lograba acá un ‘don nadie’ atando alambres. Papá fue y de hecho la patente se las vendió porque en Argentina nunca le dieron importancia”, fueron explicando. 

Este interés fue de la mano de un hecho periodístico que incluso Lito pudo corroborar en suelo anglosajón. “El ejército de allá reconoció en notas a la prensa el daño que le hicieron los radioaficionados argentinos. Ellos lo asumieron por eso se contactaron después”. 



“Muy libre” 
Antes que falleciera en el mes de mayo de 2013, trajeron a la memoria una charla en la que había dejado en claro que nunca había buscado un resarcimiento económico por su contribución al país en la guerra, desde el faro y su casa en Claromecó. Al día de hoy lo recuerdan como un hombre “muy libre, que siempre buscaba la justicia, y que hasta sabía más que un abogado, había temas que le obsesionaban y se veían en su biblioteca como la religión”. 

Con el “Che” 
Otra muestra del espíritu inquieto que siempre guió a Lito López Cabañas fue una anécdota que Carolina compartió al cierre de este informe al relatar otra experiencia relacionada con su hobby de radioaficionado. “El estaba en tercer año de Ingeniería en Bahía Blanca y solicitó el pase a Buenos Aires. Se lo negaron. Entonces organizó un viaje con amigos con destino a Venezuela. El salió solo en un Jeep Willys, por supuesto con su equipo de radio”. 

Pero las vueltas del viaje harían que en Colombia llegase a conocer al Che Guevara, y que hasta terminara como “mano derecha” del ministro de Telecomunicaciones de ese mismo país.