La Ciudad

Fue el timón del ARA General Belgrano en su hundimiento

Por “diosidad”, Daniel timoneó por última vez el General Belgrano

07|04|19 09:40 hs.

Por Valentina Pereyra


Estaba solo y a las 16.01 del domingo 2 de mayo de 1982 el submarino que los seguía disparó un torpedo en la proa y otro en el sector hélices. En ese momento, Daniel Agüero -timonel de combate del buque General Belgrano- recibió la orden: “¡Todo timón a babor!”. 

“Sentí como si hubiera tocado una mina, lo único que veía en la proa era una enorme cantidad de agua”. Menos de una hora después, mientras el barco se hundía, el grito helado en aquellas aguas fue: “¡Viva la Patria, Viva el Belgrano!”. 

Daniel Agüero tiene 59 años, nació en Caucete, provincia de San Juan, y vive en Mendoza desde los ocho años. La “diosidad” (término que utiliza durante la entrevista) hizo que se inscribiera en la Armada para realizar una carrera y así conocer Buenos Aires, el mar y ser timonel de combate. 

No recuerda si fue el último en abandonar el crucero General Belgrano, pero sí que al subir a la balsa que lo salvó no había nadie detrás de él. Nunca dejó su puesto, algo que finalmente hizo cuando abrió la puerta de su timonel y vio al busque escorado y a su comandante que acercaba una balsa. 

Creció en una humilde familia, su papá falleció a los 44 años y la mamá se volvió a casar. A los 13 años fue a trabajar a la panadería La Celeste, en la capital mendocina. Allí, el maestro de la cuadra le sugirió inscribirse en la Marina y así evitar quedarse en esa ciudad, por si en el sorteo para el servicio miliar le tocaba el Ejército. 

La Marina era una posibilidad de conocer Buenos Aires. Daniel tomó el consejo. Se inscribió, rindió, aprobó y estudió en la Escuela de Mecánica de la Armada. Al mes siguiente, el destino jugó por primera vez con él, lo sortearon para el servicio militar y sacó el 009... Se hubiera salvado. En 1978 -durante una de las primeras maniobras que hizo en el río de La Plata- otra vez la “diosidad” -no la casualidad- lo llevó a timonear. 

“Salimos en un barco que hacía navegación de adiestramiento, una noche me acerco al timón y me dejaron probarlo. Hice algunas maniobras, lo que sorprendió a los marinos porque yo no conocía el mar. Por lo tanto creyeron que tenía atributos para esto y me dijeron que hiciera esa especialidad de mar, además de explicarme que si lograba estar entre los primeros del curso podría dar la vuelta al mundo”. 

Algo que ocurrió en 1979, cuando en la Fragata Libertad visitó 26 países. Conoció el mar, navegó y cruzó la línea del Ecuador, donde el Dios Neptuno lo bautizó “Anémona”, a través de una ceremonia muy marina que Daniel relata al detalle. Al año siguiente viajó a Estados Unidos a buscar un buque a la Base Naval Puerto de Mayo y luego regresó al Edificio Libertad. 


Daniel Agüero visitó Tres Arroyos y describió en diálogo con La Voz del Pueblo su experiencia en la guerra de Malvinas


A fines del ‘81 lo mandaron al crucero General Belgrano en Punta Alta, lugar que visitará después de 37 años junto a los Jóvenes por Malvinas en el día de hoy. Fue encargado de la Novena División -como cabo segundo- del buque emblema de nuestra patria, con el que realizó navegaciones en operativos con países del norte, simulacros, otra a Ushuaia y en todas cumplió funciones de timonel de maniobras.

“Me dicen el último timonel del crucero porque en los momentos de combate uno tiene que ir al lugar específico para esa situación, a su puesto en el timón de maniobras”, donde lo sorprendió solo el ataque y posterior hundimiento del Belgrano. 

La guerra 
A fines de marzo de 1982 había rumores de guerra, así que el crucero General Belgrano, que medía 197 metros y tenía una tripulación de 536 marinos, pasó a incorporar nuevos soldados y llegó a tener 1097 entre el 2 de abril y el 15 del mismo mes. Zarpó desde Puerto Belgrano el 16 de abril al mediodía, con rumbo hacia el sur. 

En esa navegación hubo simulacros y otras situaciones preparatorias porque la guerra ya estaba declarada. En abril el mar es peligroso en esa latitud, las olas pueden tener hasta nueve metros y las temperaturas son de menos 10 grados con sensación térmica de menos 20 grados. 

En alta mar hay masas de agua o pozos, por lo que la navegación por momentos requiere de maniobras complejas. Daniel siempre estaba en el puente durante el ingreso a puerto y también en fenómenos climáticos adversos. “Tenía el privilegio de estar en esas situaciones climáticas que solo ve el que está en ese lugar del barco, en el timón, ya que en cubierta no puede quedar nadie”. 

Vivió con 22 años experiencias que se pueden contar, pero no trasmitir. “Ya había dado la vuelta al mundo, era el primero de mi curso, por eso tenía ese cargo y lugar. Era como el banana del barco”, relata entre risas. 

De Punta Alta llegaron a Ushuaia –ciudad que visitó nuevamente después de 36 años-para cargar combustible. A Daniel le tocó en esa circunstancia estar en el timón. Ese día apareció un avión que no se reportó y no se podía saber si era un enemigo, por lo que decidieron abortar la operación; “saltaron las mangueras y logramos abrirnos del otro barco que nos estaba proveyendo de combustible sin tocarnos, fue una situación de tensión”. 

De ahí zarparon hacia el sur, porque la orden que debía cumplir el Belgrano era la de interceptar barcos ingleses que iban a abastecerse a Chile. Otro hecho límite ocurrió en ese trayecto. Se encontraron con otro barco que no se identificó -estaba cortando la proa- al que estuvieron a punto de bombardear. Justo un tiempo antes de disparar –el buque nunca lo había hecho antes en combate efectivo- se identificó una lancha rápida argentina. “La vivencia también generó adrenalina en estado de guerra”.  



El ataque 
El crucero General Belgrano inició la navegación en dirección al sur de Malvinas. Llevaba la orden de hacer un ataque “en pinza” o ser “un puente entre barcos ingleses y las Malvinas”. El buque acorazado de fabricación americana era un sobreviviente de la batalla de Pearl Harbor -en aquel momento se llamaba “El Fénix”-. Al llegar a nuestro país lo bautizaron 17 de Octubre y luego con el nombre de crucero General Belgrano. 

Tenía armamento de la Segunda Guerra Mundial, algo que inquietaba a la armada y aviación inglesa, porque a pesar de que se enfrentaba a barcos británicos de 1982 con sistemas modernos, el acorazado era muy peligroso. “No peleaba con táctica convencional, porque cuando disparaba las torres de 6 pulgadas que tenía ya era imparable. Además poseía una enorme cantidad de cañones antiaéreos con 36 bocas de fuego, que disparaban a 300 kilos por minuto. No hacía falta que el cañón apuntara porque establecía una cortina de fuego. Era viejo, pero con mucho poder bélico no convencional y a eso le temían”, explicó Daniel. 

“No existe en la historia naval del mundo un rescate en esas condiciones climáticas y en un barco que se hundió en una hora”


El General Belgrano no logró cumplir con el cometido previsto y le ordenaron regresar al continente custodiado por dos barcos –Bouchard y Piedrabuena-. “Eran más chicos y tenían la función de enviar información del fondo del mar, porque el Belgrano no podía tener el sonar de profundidad dado su tamaño”. 

El submarino nuclear británico HMS Conqueror ya los había detectado y los venía siguiendo. En la madrugada del 2 de mayo el crucero General Belgrano volvía a territorio desde el sur de las Malvinas en situación de combate, es decir, cada uno en su puesto. 

Más tarde navegó en “crucero Z”- para mantener su estanquidad (sellado y sin filtraciones)-, y fue cuando regresaron a las guardias normales. A Daniel le tocaba ocupar su lugar en el timón de combate de 4 a 8 de la mañana y de 15.45 a 18. 

Cuando tomó la guardia de la tarde- ese 2 de mayo- estaba solo y a las 16.01 el submarino HMS Conqueror disparó dos torpedos. “El gobierno de (Margaret) Thatcher fracasó –interrumpe Daniel su relato-, eligió para atacar, para hundir el barco, un día con temperatura de menos 10 grados y menos 20 de sensación térmica, vientos de cien kilómetros y oleaje de cero a nueve metros. Eligió ese instante para generar el mayor daño y que no hubiera sobrevivientes. Además que le dieran en los lugares exactos para que el hundimiento se produzca en una hora, algo que sabían por datos aportados por Estados Unidos que había fabricado el barco”. 



Fallecieron 323 marinos y al hundimiento sobrevivieron 770 que fueron rescatados por dos barcos; “no existe en la historia naval del mundo un rescate en esas condiciones climáticas y en un barco que se hundió en una hora”. 

El Conqueror se tenía que haber quedado ahí en superficie -por las leyes internacionales de guerra- y buscar sobrevivientes, “pero se escapó y fueron los barcos argentinos quienes nos rescataron”, cuenta con orgullo infinito. 

Testimonio 
“Lo que viví desde el puente cuando se me ordenó ¡Todo timón a babor! es algo que puedo contar, pero no transmitir. Siento el impacto, al principio creía que había caído en un pozo de agua. Pedí timón auxiliar para mover las palas porque lo hidráulico y eléctrico se había perdido”. 

Daniel no tenía idea de lo que estaba ocurriendo afuera del puente, sólo veía por los ojos de buey porque el barco era acorazado y él se encontraba a diez metros de la cubierta principal. “Me guiaba en forma auditiva”, recuerda en medio del silencio absoluto de la audiencia que lo escuchó en la casa de su amigo Sergio García. “Al impactar los torpedos en zona de hélices, destruyeron tres cubiertas y rompieron la estanquidad del buque, que lo hizo escorar y ahí comenzó el hundimiento”, continúa. “Se ordena el abandono del barco y yo sigo en el timón, no me moví hasta que me dieron la orden”. 

Algunos marinos estaban en las balsas, pero Daniel todavía no tenía noción visual, “cuando abro el puente de la timonera el barco ya estaba escorado y la cubierta principal tocando el agua. Entonces tomo conciencia de lo que estaba pasando y siento miedo”.

Aprovecha esta parte de su descripción para enseñar: “Hay dos cosas que van a salir del soldado en momentos límites: el espíritu de supervivencia o el pánico. Si tiene pánico y está formado se muere, si tiene espíritu de supervivencia y no está formado se muere. Por eso ahí aparece el misterio de la fe, de aquello a lo que muchos se niegan, y el milagro, porque el que tiene espíritu de supervivencia no deja solo al que tiene pánico”, explica valorando la formación académica. 

“El coraje permite enfrentar la situación, no sé si fui el último o no, pero recién cuando salí del puente vi al comandante subir a una balsa y entonces yo subí a otra”. 

El primer escollo -ya en aguas heladas- fue despegar la balsa del barco porque la corriente la arrastraba en dirección al lugar donde se produjo el impacto. “Después sube otro marinero que estaba en otra balsa y entre los dos tratamos de separarnos del buque. No puedo describir qué sentí, pero de pronto una ola saltó la quilla -que estaba para arriba- y logró pegarle a la balsa y abrirla del barco”. 

El crucero se hundió “en una vuelta campana” algo que para Daniel es la muestra fehaciente de la nobleza del nombre General Belgrano y del barco. De haber hecho un sifón todos hubieran sido arrastrados al fondo del mar.  


Sergio García, quien recibió en su casa a Daniel Agüero, tiene diversos elementos relacionados con la causa Malvinas


La balsa 
“Mirábamos esa situación en la que a pesar de lo límite hay un protocolo de formación y respeto, en ese momento que va bajando el barco, se va hundiendo y nosotros mirábamos y se empiezan a ver explosiones y entre gritos se escucha: ¡Viva la Patria. Viva el Belgrano! Mientras el buque desaparece de la superficie”, cuenta y estremece. 

En la balsa en la que Daniel esperó su rescate hubo veinte personas que sobrevivieron y un fallecido. “El descontrol y el orden producto de su formación convivían. Había elementos de supervivencia, agua, caramelos, pero no se podían tocar hasta después de 72 horas del hundimiento. Sin embargo, lo primero que se utiliza y no se espera ese tiempo es La Biblia. Ahí empieza el espíritu de supervivencia”. 

Para mantener el calor siguieron los pasos aprendidos, lo hicieron a través de la orina, de la materia fecal, de saliva que se pasaban por el cuerpo uno a uno, “se escupe y se mantiene el calor entre los cuerpos, a pesar de la situación de enojos y nervios cuando las olas envolvían la balsa y la cubrían nos poníamos cuello con cuello y nos cuidábamos. El amor al compañero es lo místico a pesar de las discusiones y los estados de nervios, el clima y el estado del mar”. 

El rescate 
"Me rescatan el martes 4 a las 13.15, transcurridas 44 horas desde el hundimiento. A mi mamá y mi hermana le avisaron que seguramente no había sobrevivido por el tiempo que había pasado”. 

Daniel insiste en lo difícil que es trasmitir lo que sintió y vivió o lo que le ocurrió a cada soldado en defensa de nuestra soberanía. Sin embargo, no hubo un solo minuto a lo largo de toda su historia que no conmoviera y arrancara la admiración más profunda. 

Daniel es un héroe, no dejó su timón hasta recibir la orden, no abandonó el buque ni a sus compañeros. 

La “diosidad” lo llevó al General Belgrano y la “diosidad” lo trajo a Tres Arroyos a contar su vivencia para que armemos nuestra historia de soberanía.