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Entrevista a Leandro Fjellerup

“Mi objetivo es que los chicos no pierdan el sueño de jugar”

14|04|19 11:34 hs.

Por Jorge Lopez de Ipiña


Animarse a más, ir siempre en busca de nuevos desafíos y de mantener viva la pasión por lo que uno ama son deseos que cualquier persona aspira; y si todo esto se alcanza fertilizando el placer personal, pero fundamentalmente dándole un fuerte impulso a una institución y apoyando el desarrollo de pequeños deportistas, este desafío pasa a tener un significado más puro, donde valor y la calidad humana brillan con una radiante luz. 

Que Leandro Fjellerup haya vuelto a jugar al básquet a sus casi 44 años, y después de 5 temporadas y media, es un hecho donde los amantes de este deporte sentimos un gran regocijo, y que lo haya hecho bien, en buen nivel, nos genera placer. Pero esto casi que pasa a un segundo plano, lo verdaderamente importante es la fuerza que le regala el básquet a Leandro, y lo que ambos pueden tributarle a una comunidad como la de Alumni de Orense. 

Tras el juego entre el Rojo y Sports Club, y en una cálida charla, Fjellerup reconoció que “loco es el que hace locuras, y yo con mis casi 44 años estoy loco. Pero la vida me puso en un lugar difícil porque pasé dos años complicados en lo personal; no vivo más en Tres Arroyos y mi cercanía a Orense desde lo laboral y por darle una mano a un amigo familiarmente me acerque mucho, hasta meterme en el club. A trabajar con los pibes, a hablar o transmitir lo poquito que he aprendido en este deporte; pero como el amor por el básquet es más fuerte me agarró la locura de ponerme la camiseta porque mi cabeza necesitaba competir y distraerme, y como el básquet fue siempre mi mejor terapia, no quiero dejar de hacerlo”, confesó con una gran sinceridad. 

Pero esta es una locura respaldada con mucha seriedad, desde la lógica; jugó 26 minutos, estuvo bien físicamente, con buenos tiros y gran goleo (22 puntos). Pero desde afuera se lo vio disfrutando, y mucho, de todo esto… “Obviamente, mi cabeza de competir no cambia, sigo queriendo ganar hasta en los entrenamientos, pero soy consciente que con casi 44 años no puedo hacer las mismas cosas que hacía antes. Aunque lo más valioso es que me encontré con un grupo de pibes muy chicos, que me escuchan, que tienen ganas de aprender; por ahí mi rol dentro de la cancha pasa por hablarles mucho. Y si, lo disfruto muchísimo; sólo espero que me dé el físico para seguir un tiempo más. Me he preparado para esto, no me sentí tan mal y creo que puedo darle una mano al equipo”, deseó. 

Y del proceso acotó: “Los chicos se están dando cuenta del valor que tiene ir a un gimnasio, de que cuando tienen un minuto libre tienen que ir a tirar al aro; le están tomando el gustito y ven que con esas simples cosas mejoran. Yo sólo les trasmito lo que Maxi me enseñó, lo que viví en Bahía Basket al lado de verdaderos monstruos”. 

En un momento del partido, Leandro tuvo en cancha cuatro compañeros más jóvenes que su hijo, saber qué sintió en ese instante era toda una incógnita que él resolvió con simpleza: “Que para eso estoy en Alumni; si me preguntas por qué estoy en este club, es porque el año pasado (cuando el Rojo no actuaba en los torneos superiores de la ATB) mirando a los cadetes me pregunté ‘por qué no jugar con estos pibes en primera’. Después se sumaron unos refuerzos, es verdad, pero mi objetivo es que estos chicos no pierdan el sueño de jugar. Me acerqué a ellos, les hablé; traté de armar un mini gimnasio en la misma cancha. Yo estoy a 20 minutos de Orense, si lo estuviera de Tres Arroyos probablemente esto lo hubiese hecho en Argentino Junior; pero durante más de 20 años hice 150 kilómetros por día para entrenar; ahora estoy viviendo en el campo y no es fácil, entonces cómo no voy a hacer 20’ de viaje para ayudar al club. Ambas partes valoramos lo que hacemos porque entendemos que es beneficioso para todos”, aseguró. 

Nombró a Maxi, pero hay que saber qué dice su hijo de todo esto: “El otro día cuando jugué un amistoso hablé con él y fue directo al decirme, ‘Viejo, mientras puedas hacerlo, hacelo. Yo sé lo que vos amás esto’. El sabe que el básquet es mi terapia y que me ayudó mucho; y como estos años fueron duros con las pérdidas de familiares que me golpearon en serio, me vendría bien. Pero Maxi siempre está conmigo y apoya mis decisiones; igual, este fue un tema consensuado entre ambos”, confesó. 

Leandro habla de que no es el mismo de antes, y tiene algo de razón. Pero muchos de sus movimientos, su tiro, su orden en la cancha y más, me hicieron acordar a aquel Leandro que de jovencito irrumpió en el básquet superior de Huracán. Además, el jueves, sus compañeros lo miraban con admiración. “Como dicen, por más viejo que sea el viento, no deja de soplar… No me olvido de jugar al básquet, pero mi cuerpo me hace jugar de otra manera. Mañana me voy a despertar con el cuerpo todo dolorido, pero a la noche voy a volver a tener las mismas ganas de entrenar de siempre. Eso no lo perdí y lo disfruto”, destacó. 

Sebastián Roppel volvió a trabajar en Alumni y es una cabeza de grupo importante para encaminar este proyecto. “Por ahí una de mis cláusulas para estar era tener a alguien como Seba. No es fácil estar conmigo al lado, tengo carácter fuerte, pero me dejan participar; hemos hecho un lindo grupo junto a Pedro Consentino que en silencio está haciendo un trabajo bárbaro. Arrancamos con 6 escuelitas y ahora hay 27; con casi todas las categorías cubiertas. El otro día pasé a la tarde por el club y afuera había 27 bicicletas paradas; eso es lo que me pone contento, no haber jugado hoy, yo me acerqué al club por lo otro”. 

En la despedida, entre el agradecimiento por volver a verlo en una cancha y el deseo de un buen año, fundamentalmente sano, Leandro Fjellerup dijo: “Vamos a tocar madera y esperar que no tenga ninguna lesión grave; y mientras me sienta bien y lo disfrute, voy a seguir con la “10” puesta”. Que así sea.