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Despejado

Opinión

Escribe Denise Poulsen

Grupo Construyendo: derribando muros

21|04|19 12:32 hs.

Por Denise Poulsen (*)

El tul blanco es una tela suave y delicada. Las bailarinas lo usan para sus trajes, en los moisés y cunas aleja los insectos, también forma parte a la hora de confeccionar los vestidos y telas de novia. Puede llevar piedras bordadas o ser negro para la danza del tango. Tul, con su textura ni cerrada ni completamente abierta. 

Intacto, sin un agujero más abierto que otro. Ahora este tul que usamos con el recién nacido o en aquella noche donde brillabas. Imagina, imaginen, está comenzando a abrirse y ser permeable. Cada costura emite un sonido de quiebre, se estiran sus elásticos, los hilos se desatan.

Ya no cubre rostros ni acompaña danzas. Los canutillos y piedras que se adherían a él corren y saltan ligeramente por el suelo. Ruedan infinitamente. 

El tul que era un vestido ahora son retazos. El moisés blanco, inmaculado, se lava con sus lágrimas. 

Violentaron cubriendo con ese tul toda su vida. Su vida, nuestra vida. Maquillando esa huella violácea con una sombra rosada. Apretando los dedos para no volver al triángulo que es un laberinto del miedo. Llevas ese nudo que va de la garganta al pecho ante la humillación pública. Pariste tu hijo antes de tiempo por qué ya no soportabas más, en la sala de parto tu placenta apareció pequeña y débil. 

Expulsando, ahondando, reprimiendo lo que se calla. No más. Dijiste nunca más y otra vez caíste al pozo, un pozo ciego, sus ecos pocos llegan a escuchar. 

Los vidrios se rompieron, las puertas se golpeaban. No por el viento, los gritos eran más fuertes que los martillazos. Los hijos eran el refugio, ¿ellos, dónde? 

Amenazas recorrían el mismo laberinto y un día te ibas a encontrar nuevamente con la Bestia. Esa noche que no te respetó por puta, el día que tu boca dejó sangrando para hacerte callar. Cuando fuiste a buscar a los guerreros para que encadenen a la Bestia, te pusieron frente a ese espejo que deformó tu rostro viendo su cara en la tuya. 

El tul es un tejido transparente de seda, algodón o hilo que forma una pequeña malla. Imagínenlo lleno de arañas que se cuelan por él, atacan, inyectan su veneno en ese ser. Una mujer muerta cada 30 horas. Ahora, cada día, al recorrer las calles véanlas a ellas cubriendo con sus velos los rostros del dolor. 

Y encuéntrenlas a ellas, las costureras que con su sonoridad acompañan el camino de vuelta, quitando los velos, develando los secretos y dándole luz a una mirada apagada. Allí están ellas, con sus manos entrelazadas siendo más fuertes y cada vez más. Tendiendo la mano al pozo donde están, juntando retazos, uniendo y emendando con sus seres a tantas de ellas, que ahora salen vestidas nuevamente en sus vestidos de tul de mil colores con una sonrisa de triunfo y sus hijos en brazos, habiendo derribado los muros del dolor. 

(*) La autora es profesora de Letras (Universidad Nacional de La Plata)