Opinión

PANORAMA POLÍTICO BONAERENSE

Vidal no puede cambiar de tema

29|04|19 08:10 hs.

 

Justo cuando comenzó a desplegar su plan para torcer un destino electoral que asoma adverso para Cambiemos en territorio bonaerense, la gobernadora María Eugenia Vidal debió enfrentar una especie de maniobra de pinzas para que asuma la candidatura presidencial, una posibilidad que volvió a rechazar pero cuya sola persistencia define su situación política en medio de una crisis económica que le impide cambiar de tema cuando más lo necesita. 

Primero fueron los hombres de negocios del Consejo Interamericano de Comercio y Producción, a quienes les habló con un discurso exclusivamente provincial, que no bastó para despistar: igual le preguntaron si iba a ser candidata a presidenta. En realidad, más que una indagación, fue una sugerencia. 


Héctor Gay, intendente de Bahía Blanca, dijo sobre un eventual “Plan V” que “no afirmo ni niego nada”


El intendente de Bahía Blanca, Héctor Gay, un PRO puro, se animó a más: “no afirmo ni niego nada”, respondió al ser consultado sobre la posibilidad de que finalmente se opte por el mentado “Plan V”. Vidal, por enésima vez, negó cualquier otro destino que no sea el intento de reelección. Lo hizo de modo explícito en el almuerzo con los empresarios, donde dijo que Cambiemos es la única fuerza que “ya tiene candidato a presidente, Mauricio Macri y una candidata a gobernadora”, ella misma. Y también usó el lenguaje de señales implícito de la política, al suspender un viaje a Córdoba previsto para apoyar a Mario Negri, para evitar que se lea como un movimiento de instalación nacional de su figura. 

En el medio, la gobernadora participó de una reunión de Macri con sus pares radicales y Horacio Rodríguez Larreta, también mencionado, con menos intensidad, como carta de recambio: el Plan H. Ella fue cauta, pero el presidente habría explicitado los motivos de su persistencia con una sinceridad que hasta ahora no había usado: ese movimiento, habría dicho, no sólo no garantiza el triunfo de Vidal, también podría complicar el objetivo que lo desvela hoy: terminar su mandato sin más sobresaltos. 

La opinión del “círculo rojo” sobre la necesidad de cambiar el armado electoral ya era conocida. Su persistencia, entienden cerca de Vidal, obedece a la dificultad del equipo económico de encontrar un piso a la crisis tanto -o más- que a los números desfavorables que arrojan las encuestas para el oficialismo. Aun a los que indican -tal como se adelantó aquí hace tres semanas- que Macri podría perder un balotaje con Cristina Fernández de Kirchner. 

Por eso, las palabras de Gay, mucho menos difundidas, son tal vez más significativas. En principio, porque son la expresión de superficie de una opinión muy extendida entre los alcaldes de PRO. Todos, podría arriesgarse que sin excepción, quieren que Vidal se postule a la presidencia, aunque ninguno vaya a decirlo en público. 

Sus colegas radicales, que miran las candidaturas a vice, piensan exactamente lo mismo pero tampoco dirán nada ante los micrófonos. Ese mutismo es el telón de fondo de un sinfín de especulaciones. Una de las más verosímiles es la reedición de una vieja maniobra defensiva de los poderes locales, que suelen “militar” las boletas les convienen y desentenderse de las que no. Traducido: se trata de “mover” la boleta sólo hasta el tramo en el que figura Vidal porque ella mide relativamente bien y, ocultar o al menos no repartir la de Macri, que funciona como un lastre. 

Minucias de la “maña” electoral aparte, Vidal terminó la semana con una convicción: el deterior económico y su impacto en la imagen del presidente condicionan la primera etapa de su plan para remontar los pronósticos electorales desfavorables, que consiste en centrarse en la gestión. Y eso porque no le permite cambiar de tema: la ratificación de su rol electoral se vuelve el centro de un discurso no querido pero necesario para el oficialismo.

En el Conurbano se pueden apreciar pintadas con consignas tales como “Ella es trabajo”, “Ella es felicidad”, “Ella es esperanza”


Contrastes 
 En la oposición, el lanzamiento de Sinceramente, el libro de Cristina Kirchner, se transformó en la enésima ratificación de su centralidad. Para bien o mal, su presencia o ausencia define el escenario. Y si la publicación fue leída en clave de pre lanzamiento, la campaña de pintadas que, comenzando por el Conurbano, está siendo desplegada por estas horas, va en la misma línea. “Ella es trabajo”, “Ella es felicidad”, “Ella es esperanza”, es la consiga. Casi una obviedad: “es ella”, es la lectura que se induce. 

Ese envión contrasta con el estancamiento en el que parece hacer entrado la postulación de Roberto Lavagna. Al punto de que, hoy, no mediría mucho más que la de Sergio Massa, lo que complica un acuerdo que evite una interna. De hecho, allí se especula que nada se decidirá hasta después de las elecciones en Córdoba del 12 de mayo, donde se espera un triunfo de Juan Schiaretti que algunos cifran en torno al 60% de los votos. Eso le permitiría al líder mediterráneo acumular el poder para cortar el nudo gordiano de Alternativa Federal. 

Mientras, casi nada se mueve: Gilberto Alegre se autopostula candidato a gobernador de Pichetto y Miguel Saredi, despechado de Cambiemos en La Matanza, hace lo mismo pero representando a Urtubey. Son movidas que sólo sirven para confirmar que, como se contó acá, Marcelo Tinelli no se aventurará a la arena electoral este año: sus veleidades duraron lo que la necesidad de dar volumen a Lavagna, que en las últimas horas se vio con Florencio Randazzo. (DIB).