La Ciudad

Costos y vivencias de la actividad en la ciudad

El remís también tambalea ante los embates de la inflación

12|05|19 09:53 hs.

Texto y fotos: Jorge Enrique Mendiberri


La historia es cíclica. Pero en Argentina, esa repetición de hechos siempre trae un ingrediente extra. En la actualidad, es la inflación. Y sus consecuencias, un mal al que no logra escapar el remís. Una de las actividades que, por lo general, significó un refugio para los miles de desocupados que fue dejando la economía nacional, en Tres Arroyos también se siente jaqueada por el bolsillo. 

Según datos oficiales de la oficina de Transporte de la Municipalidad, en nuestra ciudad, hay nueve agencias de remís entre las que se reparten los 183 vehículos autorizados para dar el servicio. Sin embargo, las responsabilidades ya no son las mismas.

Para subirse a un auto, el vehículo tiene que ser de no más de 8 años de antigüedad, patentado en mayo de 2011 como tope. Además, desde 2017, tiene que ser blanco, con un ploteado cuyo valor ronda los 1600 pesos y un número de licencia que otorga el municipio, luego de pagar los 1200 pesos de habilitación. 

Con esos números, si se es dueño de un auto, se necesitan alrededor de 31.200 pesos mensuales para trabajar que, con los constantes aumentos de combustible, hacen cada vez más pequeño el margen. En forma paralela, el castigo de la inflación a los bolsillos, impiden pensar en una actualización de la tarifa. Marcelo Calvete tiene 58 años y hace 14 que es remisero. 

Eligió este trabajo después de haber trabajado en el campo, donde un inconveniente cardiovascular decretó el final de sus días de esfuerzos físicos a los 43 años. “En ese momento me encontré en la disyuntiva. Entonces, decidí comprarme el auto y trabajar con el remís”.

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Su testimonio, es un reflejo de los cambios generacionales y el costo de las exigencias que se fueron sumando a este trabajo, “antes era más fácil. No te exigían modelos tan nuevos en el auto y eran coches más fáciles de reparar”, recordó. 

Dueño de un VW Suran modelo 2018, adquirido en enero, por el momento, sólo piensa en sobrevivir y reconoce que su plan de renovación, basado en una administración ortodoxa de sus ingresos, se va diluyendo con la inflación. “Yo ando 14 a 15 horas por día. Lo que es para el chofer, el 30 por ciento de bruto, lo dejo aparte para cambiar el auto. Si uno tiene chofer, de ninguna manera se puede mantener todo y cambiar el auto”, explicó el trabajador que, a pesar de tener la edad jubilatoria, sabe que tendrá que manejar “hasta que el cuerpo aguante”, aunque por estos días, vea alejarse de manera vertiginosa la posibilidad de cumplir su plan de renovación vehicular cada dos años. 

“Es insostenible todo. Pero veo que es muy difícil ahorrar. Hace 4 meses que tengo un auto nuevo, pero no puedo guardar nada para el cambio. Si me pongo en el lugar de mis compañeros, que tienen el autito carreteado, es imposible salir adelante y actualizarse”, afirmó, antes de hacer una observación dramática de la erosión del ingreso como trabajador, “hace 6 meses, la tarifa mínima estaba a 50 pesos y el metro de gas a 12,5. Ahora, el metro cúbico está a 24 y la tarifa sigue igual, sin pensar en el costo de las gomas, “hay gente que nos dice ‘¿todavía están a 50 pesos?’ y otros a los que les sigue doliendo”. 


Yanina Subrani. A veces ayuda con el teléfono en la agencia 424242


Las jerarquías 
Los dueños de su propio auto como Calvete, se llevan a su casa el precio lleno menos el gas (hoy 600 pesos por día) y el gasto de planilla, la autorización para recibir viajes de una agencia (300 pesos diarios). 

Aquellos que logran conseguir un auto para oficiar como choferes, pueden llegar a percibir un ingreso de alrededor de 400 pesos diarios (en promedio) y, con algún “buen día” en el mes, llegar a juntar 15.000 pesos, una cifra muy lejana a los últimos datos señalados por el INDEC para no caer en la pobreza. Gabriel Chilindrón tiene 49 años, y es telefonista del 428787, una agencia en la que maneja el programa Geo Dat, un sistema con ubicación por GPS en cada auto, que brinda un plus de seguridad y mayor calidad de trabajo. 

Fue tomado de una agencia marplatense y hoy es utilizado para monitorear a los más de 30 autos que trabajan en esa agencia. Chilindrón está vinculado al remís desde 1992. Como chofer arrancó en 2009 (“antes la plata te alcanzaba”, señaló), pero hoy, a pesar de disponer de la comodidad de la tecnología, asegura que las necesidades mensuales no lo dejan disfrutarlas, “esto es un lujo, pero con la situación actual no se luce. Imaginate, que vamos al supermercado con mi señora y nos gastamos 4000 pesos por semana. ¿Cómo hacés para pagar la luz y el gas?”, se preguntó. Gabriel trabaja 12 horas por día como mínimo. 

Sin financiamiento 
La agencia 424242 es tal vez una de las que más choferes tiene, junto a la citada arriba y la Moreno. Como en todas las oficinas de este transporte, el teléfono no deja de sonar y el humo de los cigarrillos envuelve a todos. Pero a nadie le molesta.

El más sano, se fuma un paquete por día. “Es otro costo extra, que encima te mata”, le comenta un chofer a LA VOZ DEL PUEBLO, mientras, entre mate y mate, comparten un momento de sus vidas para la nota. Yanina Subrani es remisera de esa agencia. El oficio lo agarró a finales de los ‘90, cuando la vida la llevó a la obligación de buscarse un trabajo siendo muy joven. 


La tecnología. Da un plus de orden y seguridad a las agencias, aunque sus usuarios aseguran que la inflación "no permite disfrutarla"


Es con respecto a aquellos años cuando recuerda que el valor del viaje, a un peso, terminó con el trabajo, “en dólares, incluso era un poco más barato que ahora, pero no había inflación y se podía pagar en cuotas cualquier cosa que te pasara. Hoy sacás algo en cuotas y lo pagás el doble”, analizó, antes de agregar, “hoy se hace difícil, porque engomar un coche es así (dice haciendo un gesto de pago en efectivo con su mano). En un solo pago. Hay que tener la plata”. 

Así, la mujer mencionó un ejemplo claro y útil para la economía de hoy, “en 2009, un chofer me dejaba 1000 pesos manejando toda la noche para mí y la cuota del auto me costaba 750”. En el hall de Rivadavia y Liniers se escuchan voces, pero cuando el teléfono suena, reina el silencio. Hay que esperar el viaje. El destino que sumará una nueva salida a la lista del día. 

Sin embargo, en la cabeza de los trabajadores, los sueños siguen viajando junto a las ideas. Es ahí donde el remís ocupa un lugar importante en los planes de algunos. Gustavo Curruinca es chofer y no lo duda. 

Si tuviera el dinero, invertiría en un auto. Aseguró que no conoce otro negocio en el que, invirtiendo lo que sale un auto, pueda tener la rentabilidad que tiene trabajando como remisero, “por un almacén en el barrio Colegiales me piden 120.000 pesos sin mercadería. Si te va mal, lo perdés todo. Encima, si no podés pagar el alquiler, quedás enganchado con el contrato. ¿Cómo hacés?”, explicó a modo de comparación. 

Por el pequeño televisor que acompaña las extensas jornadas desde un rincón del ambiente amplio, llegan noticias de todo tipo. Algunas, reviven el pasado. Otras, advierten la posibilidad de un retroceso fatal, al que Gustavo no tiene por qué temerle, “hoy en día, el que tiene plata la pone en el banco, porque le da el doble. Lo que no veo es lo que van a hacer si el día de mañana se da otro corralito. Porque esto pinta para eso, no puede ser que te paguen tanto sólo por depositar en el banco”, se preguntó antes de tomarse un mate y salir a la calle para cumplir un nuevo destino que lo acerque a su sueño. 

Un lugar que, en la actualidad, parece que cada vez tiene menos espacio.