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La Ciudad

El adiós a Arie Groenenberg

Hasta siempre

16|05|19 09:57 hs.

Arena y mar, atardeceres increíbles y temporales indomables son, podría decirse, algunas de las características que definen a Claromecó. Una localidad que, sin embargo, no sería tal sin el más esencial de los componentes: su gente. Arie Abraham Groenenberg fue parte indivisible de este lugar y la comunidad así lo reconoce. Lo seguirá siendo porque permanece en tantos recuerdos y anécdotas, en la huella que dejó firme y va a perdurar. 


Su partida física se produjo el martes por la noche, a la edad de 90 años en la Clínica Hispano Argentina, donde se encontraba acompañado por familiares y otros seres queridos. Había nacido en 1928, en lo que hoy es el partido de San Cayetano.

Allí sus padres se habían instalado en las primeras décadas del siglo XX. Creció en medio de las duras tareas que, por entonces, demandaba el campo, en tiempos en los que no abundaban la tecnología y el confort. Abrió un camino, que luego siguieron sus hermanos, ligados a la actividad productiva con los cultivos y la ganadería. 

Fue el primer hijo de Jacobo Groenenberg y Josina van der Horst, miembros de familias de inmigrantes holandeses que llegaron a estas tierras en busca de un venturoso porvenir, lo que consiguieron en base al trabajo y valores inamovibles transmitidos por sus mayores. 

Arie Groenenberg tuvo cinco hermanos: Humberto, Abraham, Gert, María Catalina (Riet) y Clara, y le dio a estas tierras otros tantos hijos: Enrique; Margarita, Jorge, Carlos y Marina. Años más tarde, luego de los inicios juntos a sus padres, la zona de Claromecó lo vio desarrollar sus tareas de productor agropecuario, en su establecimiento ubicado a cuatro kilómetros de Dunamar. 

Padre de familia, abuelo, miembro de una población a la que a lo largo de su existencia también supo otorgarle gran parte de su tiempo, ya sea desde las entidades ligadas al agro, como desde la Delegación Municipal, a cuyo frente se desempeñó en tres oportunidades, durante los gobiernos de Angel Cortese, Jorge Foulkes y Carlos Aprile. 

Impulsó desde este último lugar una actividad intensa por la localidad balnearia, con las puertas de su despacho siempre abiertas. Vecinos le retribuyeron a través del afecto, el esfuerzo y predisposición que ofreció a los demás. El 8 de agosto próximo hubiese cumplido 91 años. Era un apasionado por la pesca y amante del mar. Su imagen a bordo del jeep con los perros, con una caña delante o en otros espacios de su lugar en el mundo, quedarán grabadas en la memoria. 

Sus restos fueron velados en CELTA Sepelios y serán cremados en el cementerio parque Las Acacias, de Necochea. Ayer por la tarde, se realizó un culto de despedida en el templo de la Iglesia Reformada, donde el pastor Detlef Venhaus compartió una descripción de las características y condiciones humanas propias de su personalidad. 

Disfrutó de la vida y tuvo la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de extender una mano cuando hizo falta. 

Virtudes que se mencionaron muchas veces en el momento de decir hasta siempre Arie.  

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