Sociales

Cumplió 90 años

El Mundial fue, es y será un bazar

26|05|19 12:07 hs.

Los años pasan, la esencia queda. A 90 años de su fundación, El Mundial sigue siendo un bazar, “como los de antes”, dice con orgullo Norma Prado. Y gran parte de la culpa de la vigencia del tradicional comercio se explica por eso. 


Hay un esfuerzo por parte de Norma y Juan Carlos Spinelli, el matrimonio que conduce los destinos del negocio desde hace 37 años, de que El Mundial siga siendo un tradicional bazar, “de los que deben quedar muy pocos”. 

Porque entienden que ése es el principal capital que tiene y porque cuentan con una una fiel y abultada clientela que los sigue eligiendo a la hora de comprar elementos de cocina y otros artículos para la casa. 

“La gente nos dice que no cambiemos el negocio, que lo mantengamos así. Y si bien le hicimos algunos arreglos, hemos mantenido la estética. Adentro, el piso y los muebles no han cambiado. Sigue siendo un bazar, y se diferencia de los negocios de ahora que son más regalerías”, indica Juan Carlos. “Mi papá era muy conservador para esas cosas y siempre trató de mantenerlo. Y nosotros intentamos hacer los mismo”, explica Norma.


En el interior del comercio está a la vista el esfuerzo de Norma y Juan Carlos por mantener la fisonomía de bazar


Atención personalizada 
“Nos llamó la atención la cantidad de mensajes que recibimos por el aniversario. De gente amiga, de proveedores, de familiares, pero sobre todo de personas que no conocemos, que han venido a comprar alguna vez y se fueron conformes”, indica Norma. 

Y ahí está otra de las claves de la vigencia tras nueve décadas. “La gente valora mucho la atención, eso es lo que remarcaban en los mensajes. Y es algo que nos llena de orgullo y nos da un empuje también. La atención personalizada para nosotros es importante, por más que en muchos comercios se ha dejado de lado”, agrega Norma, que está en El Mundial desde que nació y comenzó a atender al público a los 14 años. 

“Nosotros acá tratamos de que la atención sea personalizada porque los artículos de cocina necesitan de su recomendación, de su consejo. Principalmente vendemos mucha moldería y vajilla, y no es lo mismo vender un sartén común que otro que necesita otro cuidado”, aporta Juan Carlos, que acumula 65 años en el bazar.

“Tratamos de tener lo moderno, porque hoy en día la cocina ha sufrido un cambio importante con vitrofusión, cocinas eléctricas, pero también ofrecemos lo tradicional”, completa. En lo que respecta al trato con el cliente, en El Mundial mantienen intacta la tradición de ofrecer una golosina y una escarapela en cada aniversario: el comercio cumple años el 18 de mayo, el día del símbolo patrio, y encuentran en ese gesto hacer partícipe de la celebración a cada uno que ingresa. 

Siempre juntos 
Juan Carlos y Norma están a cargo del negocio desde hace casi cuatro décadas, cuando Francisco Prado, el padre de Norma que primero fue cadete y luego se transformó en dueño del bazar, decidió pasarles la posta. Justamente Juan Carlos también ingresó como cadete y además de hacer toda su vida laboral en el bazar, conoció a Norma, con quien lleva 52 años de casados (estuvieron siete de novios).


El edificio de la tradicional esquina céntrica tiene más de 100 años y está prolijamente mantenido


“Entré el 1° de febrero de 1954 y todavía sigo acá”, cuenta con una sonrisa. Juan Carlos está a cargo de los proveedores, que hoy son alrededor de 90 pero en otros tiempos superaban con ganas los 100. Y es el primero en llegar, “como tarde a las 7 ya estoy acá -vivimos acá arriba-, prendo la calefacción y empiezo a ordenar el papelerío del día”. 

El matrimonio es conservador también en el sistema de comercialización. “Tenemos todas las tarjetas en un solo pago y toda la mercadería que tenemos ya la pagamos. Así lo hacía mi papá, y así lo continuamos”, cuenta Norma. “Todo lo que está acá es nuestro, si se vende mejor, si no tanto problema no nos hacemos porque está pago. Son artículos que no se pasan de moda, no se deterioran como en otro rubro. Y si entra plata se invierte en mercadería, porque nos gusta trabajar con mucho stock”, comenta Juan Carlos. 

Y suma más datos que ratifican que El Mundial es un comercio muy particular: “En caso de listas de casamiento nosotros entregamos lo que se compra, no es que después vienen los novios y juntan la plata de los regalos y lo cambian. Si vos elegiste regalarles seis copas, nosotros les llevamos las seis copas”, explica. “Lo que pasa es que si no quedamos mal con él que vino a comprar e invirtió tiempo eligiendo. Yo quiero que el amigo de los novios después vaya a la casa y ve las copas que le regaló”, interviene Norma. 

El Mundial siempre fue una empresa familiar y no fueron muchos los empleados que tuvo en los 90 años de vida. Norma cuenta con satisfacción que “hubo un empleado que empezó como cadete y se terminó jubilando acá”. La hermana de Juan Carlos se desempeñó durante más de 20 años y también se jubiló. 

El matrimonio tiene dos hijas que se inclinaron por la docencia, pero Norma le tiene fe a que algunos de los nietos (tienen cuatro) sigan el legado. “Hay dos varones que viven en La Plata y dos nenas que están en Tres Arroyos. Todavía son chicos, pero les encanta venir, así que puede ser que alguno quiera seguir”, dice esperanzada con la posibilidad de mantener el legado familiar. 

Y mantener a El Mundial como en estos primeros 90 años, como un bazar.  

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El año 30, el Rodrigrazo, la hiperinflación…
“El bazar las ha pasado todas, y no te exagero”, dice Norma Prado al referirse a los vaivenes crónicos de la economía argentina. “Hubo períodos de hiperinflación, de falta de mercadería… Durante el Rodrigazo de 1975 nos quedamos con la mitad de la mercadería”, recuerda Juan Carlos. 

“Mi papá contaba que apenas se casó con mi mamá tuvieron que vender hasta los regalos de casamiento, porque no había manera de conseguir mercadería. Iban a Buenos Aires a comprar y volvían sin nada. Era 1945, durante la Segunda Guerra Mundial”, cuenta Norma. 

“Mi papá siempre nos decía: la inflación es brava, pero cuando no hay mercadería es peor”, agrega. “Cuando estábamos en alguna época mala, él decía: ‘esto no es crisis, crisis fue la del año 30’. Fueron tiempos en los que durante días no entraba nadie al bazar”, aporta Juan Carlos reviviendo las charlas que tenía con su suegro.