Opinión

Psicología

Ser responsable de tu vida

26|05|19 12:13 hs.

Por Claudia Torres (*)


¿Cuantas veces nos hemos encontrado en situación donde no sabemos hacia donde dirigirnos? Que quizás nos hace reflexionar y surjan, así como de la nada, preguntas muy difíciles de ser respondidas. 

¿En alguna oportunidad pensaste si realmente tenés el control de tu vida? ¿Si estás realmente donde querés estar o si llevás la vida que realmente te gustaría? 

Y sí… A veces nos levantamos con ese tipo de cuestionamientos, tal vez nos sentimos desprotegidos ante distintas adversidades, pensando que no podemos salir de ellas… que no podemos hacer nada para cambiarlas. Pensar de esta manera nos lleva a un punto donde creemos no poder modificar nada. Sin embargo, esto tal vez no sea así… 

Ahora bien, hagamos un pequeño recorrido sobre un concepto que se escucha muy a menudo, y que se íntimamente relacionado con la posibilidad de realizar ciertos cambios. Posiblemente hemos escuchado decir o lo hemos dicho frases como “se nota que estas distinta/o… se te ve empoderada/o”. 

Pero, ¿qué es estar empoderado?, ¿qué relación tiene con nuestro amor propio o autoestima? El empoderamiento individual es el fortalecimiento de los medios personales y profesionales para un mejor uso de las capacidades, las energías y el potencial. Significa convertirse en promotores de nuestra propia vida y trabajo, significa saber cómo ser creador y generador, cómo movilizar lo mejor para nuestra expresión y crecimiento. 

En definitiva, el empoderamiento trata de que la persona se vea capaz de tomar decisiones y de afrontar las distintas situaciones que se le presenten. En este proceso, es clave que la persona vea que el malestar no viene simplemente impuesto por hechos externos, sino que puede llegar a ser proceso interno que puede controlar y manejar. Sin dudas que para lograr alcanzar ese estado, la autoestima debería ser la adecuada. 

Podríamos decir que la autoestima es aquella disposición a considerarnos competentes para hacer frente a los desafíos básicos de la vida, eficacia personal, y sentirnos merecedores de afecto y aceptación, teniendo en cuenta el respeto a uno mismo. La manera en que nos vemos a nosotros mismos, podría condicionar nuestra manera de estar y actuar en las diferentes áreas importantes de la vida: personal, laboral, social, relación de pareja, anhelos, etc., de ahí la importancia de tener una alta autoestima. 

La autoestima, está formada por factores internos como las creencias, conductas, ideas, etc. y factores externos, entre ellos, la cultura en la que el individuo se desarrolla, las experiencias vividas y todos aquellos mensajes recibidos de las personas significativas en nuestras vidas, como las que provienen de nuestras familias y educadores. 

Potenciar una visión positiva de uno mismo va a hacer que confiemos más en nuestras capacidades y en el poder de cambiar aquello que nos gustaría. Ahora bien, esa autoestima tiene que ajustarse a la realidad. Si creamos unas expectativas demasiado altas que no vamos a poder alcanzar, entonces nos frustraremos. 

Por ello, es sumamente relevante que nos conozcamos bien y seamos conscientes de nuestros puntos fuertes y de nuestras flaquezas.

Tengamos presente que la autoestima, no es innata, la desarrollamos a lo largo de la vida, es modificable y estará influenciada por el contexto al cual pertenecemos. Se irá formando a través del equilibrio entre la protección y la libertad, el respeto, un contexto específico con normas y límites claramente definidos, la aceptación de sus sentimientos y pensamientos y la consideración de su propia persona. Nos formamos esa imagen a lo largo del tiempo, empezando en nuestra infancia. 

Esta idea de nosotros mismos puede coincidir con la idea que los demás tienen o no, incluso, esta idea puede coincidir con la realidad o no, pero cuanto más realista sea esta idea, más adecuada será nuestra interacción con el ambiente que nos rodea, más nos aceptaremos a nosotros mismos, mayor será nuestra capacidad de crecimiento personal y más sólida será nuestra autoestima. Una buena autoestima, podría llegar a prevenir algunos inconvenientes como la ansiedad, depresión, bajo rendimiento escolar o laboral, abuso de sustancias, etc. 

Todos tenemos una imagen mental de nosotros mismos, es decir una percepción y una idea de cómo somos tanto física como psicológicamente, esta autopercepción forma un concepto mental de quién y cómo somos. Se puede definir como el resultado emocional que surge si aceptamos y nos gusta nuestro autoconcepto. 

Se puede creer que surge de evaluarnos positivamente en cada situación, sin embargo nace de observarnos con objetividad y sobre todo de estimar y aceptar la percepción de nuestras capacidades y nuestra propia singularidad. Otro punto importante es que la autoestima no es un concepto fijo y estable, se manifiesta de forma cambiante en función de nuestra situación vital y nuestras circunstancias y se va modificando a lo largo de nuestra vida. 

Algunos de los síntomas principales que nos pueden advertir de que nuestra autoestima no está en el mejor momento son los siguientes: No tener seguridad en mí mismo, no expresar mis gustos u opiniones por miedo a ser rechazado o por pensar que mis opiniones no tienen el mismo valor que las opiniones de los demás. 

Puedo no sentirme merecedor de las cosas buenas de la vida, me cuesta relacionarme con los demás como me gustaría, ya que pienso que no voy a hacerlo bien y me van a dejar de lado; necesito la aprobación de los demás con mucha frecuencia, veo al resto de personas como superiores a mí y me gustaría ser como ellos; puedo atribuir a causas externas mis logros y a causas internas mis fracasos… ante algunas de estas cosas, puedo no sentirme feliz. 

Trabajemos en nuestro interior para poder llegar a que la toma de decisiones se lleve a cabo de la mejor manera posible. Les dejo una frase de Marcel Proust, novelista y ensayista francés (1871-1922) que quizás sirva para pensarnos: “Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia”

(*) Lic. Claudia Eugenia Torres 
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