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Opinión

Escribe Pablo Tano

El gran Poch: de granjero a graduado

01|06|19 11:31 hs.

Por Pablo Tano (*)

En un pueblito alejado de las luces de la gran urbe, se asoma Murphy. Sí, así como se escribe o también se lo puede pronunciar “marfi”. Da igual. La pequeña comuna del sur de la provincia de Santa Fe salió del anonimato más absoluto para transcender por un hombre que se destaca sobre el resto: Mauricio Pochettino, un hijo pródigo que comenzó su carrera como futbolista en el Club Recreativo Unión y Cultura hasta convertirse en técnico del fascinante Tottenham de Inglaterra. Pero antes, el proceso fue largo y sacrificado.

A 180 kilómetros de Rosario, a la vera de la ruta provincial Nº 33, en el acceso a la localidad de sólo 4000 habitantes, junto al mojón de bienvenida, se lee: “Embajadores de buen fútbol”. El cartel también deja visualizar la imagen de doce futbolistas que aprendieron en la escuela de la pelota del pueblo y lograron convertirse en profesionales. Orgullo murphynense. 

Fundada en 1911, la Estación de Ferrocarril fue la que primero tomó la denominación de origen inglés. Luego vendrían los pioneros pobladores, la mayoría inmigrantes italianos. Una de esas familias fueron los Pochettino (tres generaciones). Habían dejado atrás Piemonte con la finalidad de lanzarse a una nueva aventura para explotar lo que habían aprendido en la península: trabajar la tierra para sobrevivir al siempre duro desarraigo que significó huir de la Primera Guerra Mundial.



Entre el campo y el fútbol 
El matrimonio conformado por Héctor y Amalia tuvo tres hijos varones: Martín, Javier y Mauricio. Éste último fue el que más condiciones adquirió después de jugar a la pelota hasta esos atardeceres infinitos, no sin antes terminar con las tareas agrícola-escolares y hasta esperar la hora de la cena. En Murphy se vive del campo, se come asado y se práctica fútbol. 

“Algunas ciudades tienen monumentos o paisajes para sentirse orgullosas, nosotros tenemos esta riqueza, este don: el de la fábrica de jugadores de fútbol, se enorgullece Marcelo Camussoni, presidente comunal, en diálogo con Pedro Caffa, periodista local, radicado en Inglaterra, y quien administra las Redes Sociales de Los Spurs. 

Mauricio jugó junto a su hermano Javier en Unión y Cultura y marcaron muchos goles. El confeso hincha de Racing por herencia paterna solía convertir con la cabeza, virtud que lo destacaría para su posterior desarrollo y crecimiento profesional. Pero si el partido se complicaba también sacaba a relucir su personalidad para ubicarse en cualquier puesto. Ya se perfilaba como un diferente. 

“Mis zapatos tenían un gran agujero en los dedos de los pies, y siempre recuerdo una imagen que me encanta. Tenía dos años, con la pelota en mis brazos, y la sostuve como si fuera mi tesoro. Es una foto emotiva para mí porque es lo que representa mi vida. Todo lo que sucedió después en mi vida se debe a esta pelota”, rememora el catador de vinos finos, de 47 años. 

Bielsa y Griffa descubren un futbolista 
Cuando Pochettino había cumplido 14 años, y estaba cerca de irse a Rosario Central, el entrenador y experto cazador de talentos realizan uno de los tantos viajes para probar futbolistas por la zona. La leyenda cuenta que llegaron hasta la casa de la familia Pochettino a las 2 de la madrugada en pleno invierno porque les habían comentado que allí vivía un joven que jugaba a la pelota.



“Llegamos a su casa a las dos de la mañana. Golpeé la ventana, la madre de Mauricio me reconoció, entramos y empezamos a hablar sobre la soja y otros cultivos, que no me interesaban para nada”, recuerda Griffa. Y el Loco, dicen, pidió que lo despertaran al chico. Fueron hasta la habitación y, siempre según cuenta la anécdota, Bielsa, exclamó: “¡Estás son piernas de futbolista! Vamos a jugar a Newell’s”. A partir de ese instante, Pochettino y Bielsa establecerían una relación paternal. 

De futbolista a entrenador 
Con sólo 20 años, Pochettino se consagraba campeón con Newell’s con Bielsa como técnico en 1992. Tiempo más tarde compartirían juntos el dolor de la frustración en Corea-Japón 2002. Uno desde adentro y el otro sentado en el banco. “Marcelo es como un padre, mi segundo padre. Porque mi relación con él comenzó cuando yo tenía 12 años. Todas mis palabras van a ser positivas para él", confiesa el ex técnico del Espanyol, PSG y Bordeaux. 



En 1994 desembarcó en Barcelona con su mujer Karina embarazada. Fue una leyenda del club periquito (Real Club Deportivo Espanyol), al que salvó del descenso en su primera experiencia como DT, una vez retirado del fútbol en la temporada 2008/2009. Sus hijos Sebastiano (24) y Maurizio (18) nacieron allí. Catalunya es uno de sus lugares preferidos donde eligió tener una casa para disfrutar con su familia cuando el tiempo y las obligaciones se lo permiten. Los lazos forjados fueron determinantes para lo que vendría.

Cuando decidió colgar los botines se alejó un poco del ambiente para capacitarse en Gestión de Empresas y tener otra mirada de la sociedad. “Yo cuando terminé de jugar tuve la curiosidad de ver el mundo real y comportarme como un chico becado más, como los que venían de Brasil, de México o eran de Cataluña. Viví un año maravilloso yendo a clases, preparando trabajos y estudiando con gente normal. La relación con gente diferente a la que yo había conocido en los últimos 20 años me ayudó a comprender mejor a la sociedad", destaca. 

En 2013 recibe una propuesta para dirigir en Inglaterra al modesto Southampton. No sabía ni una palabra en inglés, entonces inventó con sus hijos una lista con términos básicos. Era un desafío más que interesante. Promover jóvenes y potenciarlos. Darles confianza. Y lo logró. El equipo fue la revelación de la Premier League y su trabajo motivacional y metódico generó admiración entre colegas, dirigentes y patrones. Ya era el proyecto del Sheriff. 



En su estadía en el modesto club de la costa sur de Inglaterra sorprendió a todos cuando sometió a sus jugadores a pasar caminando por un camino de brasas como parte de una serie de ejercicios motivacionales que él había leído en “Jugar con el corazón”, un libro escrito por el exitoso extécnico de handball del Barcelona, hoy especialista en control emocional y poder personal, Sexco Espar. 

Un año después de incursionar en el fútbol inglés, Poch asume en el Tottenham Hotspur. Un destino que le permitiría continuar explorando y explotando sus ideas y capacidades. El objetivo fascinante de continuar descubriendo jóvenes y trascender en base a coherencia, exigencia y en busca de la excelencia. El aporte fundamental de figuras promisorias y otras ya confirmadas al seleccionado inglés como Kane, Ali, Clyne y Dier. Una experiencia transformadora que describe a través de un relato íntimo, el propio rosarino, en el libro Un mundo nuevo (2018), en coautoría con el periodista Guillermo Balagué. 

En una de las innumerables conferencias de prensa que brindó en los últimos años, Pochettino reflexionaba sobre su futuro ante la requisitoria periodística. “Nunca voy a ser entrenador del Barcelona o del Arsenal porque estoy muy ligado al Espanyol y al Tottenham. Yo he crecido en Newell’s Old Boys y nunca entrenaré a Rosario Central. Es mi decisión. Prefiero trabajar en mi granja de Argentina que ir a entrenar a ciertos lugares”. 

Hoy por la tarde de la Argentina, noche en Madrid, en Murphy se colocará una pantalla gigante para vibrar con la final de la Liga de Campeones. Y claro, si de un lado estará su embajador, su hijo pródigo, su orgullo, su joyita. Y no será un atardecer campestre más junto a la ruta 33.  

(*) El autor es periodista. Nació en Tres Arroyos y reside en Capital Federal