Opinión

la historia de la ciudad

El 25 de Mayo de mi época ¿dónde está?

02|06|19 10:58 hs.

Por Alicia Sánchez (ex docente nacional) 

Hacía mucho frío. Me despertaban las 20 bombas que retumbaban en el aire de la mañana fría, contándolas y esperando la número 21 que era la más potente. 

Era el 25 de Mayo, el día de la patria nuestra, el día que cuando era niña iba a la Escuela Nº 16, y la profesora de música Ofelia Márquez nos enseñaba la canción: 

“Ya el sol del 25 
Viene asomando
Y su luz en el Plata 
Va reflejando” 

Y sigue… Aún hoy la canto días antes, mis recuerdos son imborrables.  

El acto en la escuela se hacía el mismo día, pero mientras transcurría, el director Luis Romeo formaba aparte unos 20 alumnos para ir a la Plaza San Martín con dos docentes. Ahí me encontraba, pertenecía a las primeras maestras recibidas en esta ciudad y comencé a dar clase en esa querida escuela. 

Caminando despacio, con abanderado y escoltas, allá íbamos llegando con nuestros guardapolvos almidonados y con los abrigos adentro para que no se vieran. 

Los profesores de Educación Física se encargaban de darnos el lugar correspondiente, porque se recibía a los boy scouts con su banda y el director, señor Medina Zambelli y el bastonero señor Alonso, quien le daba vueltas en el aire y caía en sus manos el bastón.  

Se izaba la bandera, se entonaba el Himno Nacional y era el turno del discurso, por lo general, de algún profesor. 

Y empezaba el desfile, escuela por escuela, delante del palco en la Municipalidad, donde estaba el intendente, personalidades y el párroco de Nuestra Señora del Carmen y participaban colegios oficiales y privados, colectividades extranjeras y representantes de sociedades de la ciudad. 

Pero no todo terminaba ahí, porque en la iglesia se realizaba el Tedeum, entrando los abanderados y escoltas al lado del altar mayor y esperando el ingreso del intendente en lugar preferencial. 

El sacerdote ya revestido de blanco en una iglesia iluminada y llena de banderas, comenzaba a cantar “Te Dominun” (en latín). 

Arriba en la parte final de la Iglesia se encontraba el coro Santa Cecilia, con el señor Mario Donegana y su hijo con los violines, la directora del coro de dos voces, señora Berta Reyes de Regot, el armonio con la profesora señorita Nilda Petroni y el coro contestaba el Tedeum completo, en latín, con las partituras en mano (ahí estaba yo) con total atención a los cortes y comienzos, que no hubiera una cola, porque la directora era enérgica en el manejo del cierre con los brazos en alto, dirigiendo las voces. 

A continuación el padre Rómulo Digiorno se dirigía a los presentes, recordándoles nuestras obligaciones como cristianos en todo tiempo y lugar, levantando la voz fuerte y golpeando el púlpito para terminar felicitando y agradeciendo la presencia de todos. 

Y así las campanas al aire, con un sol radiante, bajábamos sabiendo que todo había salido bien, encontrándonos abajo y saludando en una mañana fría pero con sol. 

Era un momento en que los asistentes luciendo sus mejores galas se abrazaban y sonreían contentos hasta la próxima fiesta patria. 

Era hermoso, la ciudad era otra, chicos, alumnos por todas partes, todos con escarapelas, nos sentíamos patriotas como los que fueron a la plaza en 1810.