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Opinión

Por Esteban Ernesto Marranghello

Sorpresivo golpe de efecto no exento de debilidad política

02|06|19 11:04 hs.

Han variado las condiciones del desenvolvimiento político del peronismo. Las decisiones pasan por un futuro claramente profesional con aquellos con la experiencia, la paciencia y la visión, basadas en la realidad y la suma de todos los componentes imprescindibles con pergaminos, territorio, aceptación de la gente con resultados comprobados de apoyo comunitario en todas las regiones de la geografía nacional. 


La sociedad está sumamente sensible y cansada del fracasado experimento del oficialismo, con las excepciones que siempre existen y serán respetadas, en la vida política donde ocurran. 

El peronismo enfrenta, como moneda de cambio político, la responsabilidad de presentar propuestas reales a la crítica situación que envuelve al país y cuyas circunstancias actuales ameritan la necesidad de un cambio de orientación, medidas y acción de Gobierno, que reviertan una actualidad que debe modificarse, con hechos concretos que reemplacen positivamente, los resultados de la mala praxis de gestión del Gobierno que encabeza el ingeniero Macri. 

El peronismo debe volver a la realidad de su compromiso con el país poniéndose “los pantalones largos” de la perdida eficiencia de acción y gestión política. No quedan opciones de grandilocuencia oratoria ideológica de “pantalones cortos” militantes. 

El tiempo se acorta y la población se impacienta frente a las negativas muestras de incomprensión de los políticos de todos los sectores por reclamos sólidos y desesperados, en no pocos casos, de la falta de medidas y apoyos solidarios materiales a importantes sectores en los cuatro puntos cardinales del país. 

Nadie puede pensar seriamente que el cargo de vicepresidente tiene mayor importancia que la titularidad del Senado o el ejercicio de la presidencia, simbólicamente, por alguna ausencia temporal del titular del Ejecutivo


La necesidad de un verdadero cambio de los paliativos por planes, propuestas y opciones claras de acción directa que promueven el mejoramiento de la calidad de vida, rápidamente de los sectores más sufrientes y marginales, especialmente niños y ancianos. 

En este escenario sumamente complicado se produce la decisión de Cristina, de proponer que encabece una fórmula presidencial Alberto Fernández con ella como vice. Una especie de estrategia “de última”, tácticamente “apresurada”, basada en el análisis de la ex presidenta que debe evaluarse que contiene sólidos argumentos, no explicitados realmente en su origen, con floja exposición de “no querer ser obstáculo” a la unidad y por ello “declina” encabezar la fórmula. 

Sin su presencia, la fórmula no existiría. Nadie puede pensar seriamente en la Argentina que el cargo de vicepresidente tiene mayor importancia que la titularidad del Senado o el ejercicio de la presidencia, simbólicamente, por alguna ausencia temporal del titular del Ejecutivo. 

Solamente sería relevante por “fallecimiento” o “renuncia” del presidente en ejercicio. Conociendo la personalidad de la doctora Kirchner, demostrada en su accionar político, se hace difícil pensar que se “someta” a una pérdida real de protagonismo en “las decisiones” cuando precisamente ella es “la madre de la criatura”. 

En política cuando se utiliza la sorpresa como estrategia, sirve se origina en el momento adecuado, en este caso beneficiar al kirchnerismo. Pero también no perjudicar al peronismo. A Cristina la preocupa, porque sabe manejarse en política, el “poder peronista” instalado en esta etapa. Su decisión no improvisada, pero si obligada, es el convencimiento de reconocer inteligentemente, para sí, no para la “militancia”, su inocultable debilidad política para “construir sola”, como antes, las decisiones trascendentales. 

Llegó la hora “de compartir” el poder o arriesgarse a sucesos políticos de imprevisibles consecuencias personales. De las candidaturas justicialistas, luego del anuncio Fernández – Fernández, se bajaron todos, menos Daniel Scioli, hasta ahora. Esta decisión política, si la mantiene, el ex motonauta sería para un análisis futuro y no actual. 

La provincia de Buenos Aires, finalmente, parece haber llegado a un acuerdo para la fórmula de la gobernación. Primó en el análisis la postulación de Kicillof a gobernador, kirchnerismo, Verónica Magario, vice, peronismo bonaerense. Se otorga al economista la responsabilidad administrativa de la gestión, tarea nada fácil, pero para la que sus condiciones y capacidad profesional son confiables. 

Mientras que el manejo “político”, desde la presidencia del Senado, recaerá en la experimentada intendenta de La Matanza, acompañada de sus colegas bonaerenses. Previamente hay que ganarle a Vidal – Salvador, empresa política nada fácil y que promete una reñida campaña en la “madre” de las batallas en las elecciones 2019. 

Precisamente el justicialismo aguarda el resultado de dos provincias claves: Tucumán y Santa Fe, que le permitiría, en caso de ganar, cerrar un círculo virtuoso electoral. Otro próximo paso es la confección de las listas de senadores y diputados nacionales. Aquí tendrán relevancia los gobernadores por su peso específico, en este armado se concentra el futuro poder real político. 

Los gobernadores usarán la lapicera para designar. Los senadores nacionales, aceptando “discutir” los diputados nacionales. La mayoría ganó en sus distritos y los que necesitarán su “ayuda” son los “Fernández”. Es seguro que apoyarán la fórmula que lleva a Cristina. 

El adversario a derrotar es Macri. Es precisamente el señor presidente el que tiene preocupantes situaciones internas en su alianza. Su principal aliado, el radicalismo, transitó una conflictiva convención nacional donde se escucharon duras críticas a muchas políticas de Cambiemos, y también el retiro de convencionales que solicitaban abandonar la coalición. 

El vicegobernador bonaerense, Daniel Salvador, con el aporte mayoritario de sus delegados mantuvo la adhesión a Cambiemos y zafó a favor, una situación complicada. Con ello avaló con creces su reelección. Con disculpa por el término, los “deshilachados” del llamado “peronismo federal” o “no K”, continúan siendo los cuatro jinetes de su propio “apocalipsis” político. 

La última reunión en Córdoba con la conducción de Schiaretti, cada vez más desdibujado en su fallida incursión política nacional que siempre termina con abrazos y visitas a Macri. Lo mismo Urtubey y Pichetto, los otros preferidos de los abrazos y visitas de Macri. Los peronistas se preguntan, sonrisas de por medio, “¿no es Macri al que quieren ganarle?”. 

Su decisión no improvisada, pero si obligada, es el convencimiento de reconocer inteligentemente, para sí, no para la “militancia”, su debilidad política para “construir sola”, como antes, las decisiones trascendentales


Massa, el otro que prometió competir en el espacio, también fue a Córdoba, pero condicionó su pertenencia al espacio, después de una “asamblea” del Frente Renovador. El “escapista” tigrense sigue hablando a escondidas con la gente de Cristina. Parece estar esperando qué “hueso” le tiran los kirchneristas. “Patético”. 

Los camporistas que quieren a Massa como gobernador bonaerense, al que sacrifican es a Kicillof, porque Magario, parece inamovible. También le ofrecerían competir en la PASO con los Fernández y con Scioli, previa confesión de peronista que acepta a Cristina. 

 Con referencia al doctor Roberto Lavagna, que no quiere competir o pretende ponerles límites a otros candidatos con muchos más pergaminos que él, no pareciera proyectar un futuro político relevante en una soledad cada vez más pronunciada. Hay una realidad incómoda para el kirchnerismo, imposible de ignorar, la persona de Alberto Fernández. 

No les resulta “digerible” a muchos integrantes del peronismo. Le increpan al cristinismo porque resolvieron llevar como candidato “populista” a un “cajetilla” que vive en Puerto Madero, departamento que le presta “Pepe Albistur”, un conocido publicista que hizo fortuna con el gobierno kirchnerista. Y también es amigo personal del CEO del Grupo Clarín, Héctor Magnetto, con quien cenó a solas en su casa la última semana.

Cosas de la política, que a veces, no es lo que parece. Precisamente el “puente” de la política está sólido, frío, contemplando el agua que fluye con la imagen de los candidatos. Sabe por la experiencia de un observador paciente e insensible, que en esta corriente deberán navegar los “interesados” en llegar al puerto del “poder”. 

Esto recién comienza, falta bastante, pero algunos ya empiezan a “quedarse en la orilla”. Podrán cambiarse aún personas, alianzas y hasta estrategias, pero no existe mucho tiempo para cambiar la realidad política. En esa realidad están instalados hasta ahora como aspirantes sólidos el peronismo y Cambiemos. 

La historia tiene adeptos y no pocos, de que generalmente hay ciclos que se reiteran, con las variantes lógicas de tiempo y espacio, donde se suelen repetir estrategias frente a hechos similares. Podría ser que en la política argentina suceda esto otra vez. 1973, Cámpora al gobierno, Perón al poder. 2019, kirchnerismo al gobierno, peronismo al poder. 

Si esto fuera así, nada seguro, pero probable “saludo uno, General”.   

Por Esteban Ernesto Marranghello
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