La Región

En el Jardín 921

Todo lo que enseña la huerta en Claromecó

05|06|19 09:36 hs.

Por Marina Andreasen

Este año, el proyecto institucional del Jardín 921 de Claromecó es la creación de una huerta en la que trabajan las tres salas. Es un espacio en el que se articula la enseñanza y el aprendizaje de varios temas y disciplinas. Estará ubicada en el patio de Jardín, en un sector que años anteriores permanecía en desuso. 

Según contó Gabriela Pross, docente de la sala de 4 años, la idea surgió el año pasado con la sugerencia de una mamá. En ese entonces se empezó a trabajar con el cuidado de las plantas, a partir de plantar unas aromáticas y seguir su crecimiento. 

En el presente ciclo lectivo se amplió la propuesta, con el apoyo de las maestras de las otras dos salas que se sumaron al proyecto, convirtiendo la idea de realizar una huerta en el jardín en el proyecto institucional, y que, se espera, pueda tener continuidad incluso en años próximos. 

El proyecto institucional anterior fue el de “la buena alimentación”, a partir del cual se implementó que los niños y niñas trajeran todos los días una fruta, para realizar una primera merienda saludable en el jardín. Esta práctica sigue vigente hoy en día. 


En el Jardín 921 destacan que crear una huerta deja huellas en los chicos


La huerta es una actividad que incluso la complementa y refuerza, ya que agrega, al hábito de comer saludable, la cuestión del origen de los alimentos, y permite experimentar la siembra y cosecha de plantas para el consumo. Por otro lado, la iniciativa cuenta con el apoyo de Pro-Huerta (INTA), que colaboró con material didáctico para las salas y una gran variedad de semillas.

Integral 
En relación a los modos de abordar este trabajo en el jardín, Gabriela Pross señaló que “empezamos siempre las actividades con un cuestionamiento. Preguntamos, por ejemplo, si saben lo que es una huerta, o para qué sirve, o cómo nos alimentamos, de dónde vienen las frutas y verduras que comemos…”. 

Explicó que “de todas esa preguntas empieza a surgir la idea de una huerta, y nosotros sembramos la semillita del deseo de hacerla, y trabajamos para que eso sea posible”. La docente manifestó que “el trabajo de la huerta es integral”, ya que permite articular todas las áreas en un mismo proyecto. 


Fotos Carolina Mulder


Hasta el momento las tres salas han visto un video educativo de cómo hacer una huerta, y posteriormente cada grupo ha podido trabajar en distintas tareas vinculadas, por ejemplo, a prácticas del lenguaje: “conversamos, anotamos los pasos a seguir, armamos una lista”. 

Esa lista, a su vez, supone un trabajo en equipo: distribuir roles y tomar decisiones, y es un disparador para buscar la organización y convivencia. “Vimos también que para fertilizar la tierra se puede hacer un compost, y como nosotros comemos mucha fruta, siempre tenemos una buena cantidad de cascaritas para tirar. Entonces en vez de tirarlas le pedimos a la preceptora que nos las guarde”, agregó Gabriela. 

La realización de la huerta también permite trabajar arte y reciclado, hacer esculturas, pintar cajones, intervenir y decorar el espacio, reutilizar recipientes plásticos y convertirlos en palas o herramientas. 



Por último, el proyecto es valioso para enseñar y aprender en relación a la búsqueda de información y el uso de tecnologías. “Todo lo que no sabemos también es una excusa para averiguar sobre ese tema. Podes investigar en un libro, en una tablet, en una computadora, en un teléfono… y vas trabajando la información y despertando la curiosidad de aprender…”, expresó la docente. 

Colaboración 
Las familias también se entusiasman y colaboran con las iniciativas del jardín. Hasta ahora, según cuenta la docente, una mamá trajo un calendario de siembra, otra donó una cerca para poder cerrar la huerta, y muchos trajeron información y semillas. Otros, por su parte, se acercaron al jardín a ordenar el espacio junto a las docentes: cortaron el pasto, armaron una compostera, cercaron la huerta y prepararon la tierra y los canteros para comenzar las siembras.

“Es una idea buenísima -manifestó María José, docente de la sala de 5-. Además de todo lo que podemos trabajar al aire libre, pudimos darle uso a este sector del patio que siempre estaba cerrado y en el que se juntaba basura” 

Fotos Carolina Mulder


Por su parte, Gabriela expresó que crear una huerta es gratificante porque deja huellas en los niños y niñas y puede extenderse también a sus familias: “Es enseñar un estilo de vida. Plantar una semillita de estilos de vida. Que ellos conozcan de donde provienen los alimentos, que puedan reconocer cuáles son los desperdicios que pueden volver a la tierra, que incorporen hábitos para una alimentación más natural, para que tengan el entusiasmo de ver crecer y cuidar lo que van a comer”. 

Finalmente, dijo que “esto que plantamos en ellos, puede ser que se extienda a las madres y los padres, que los niños enseñen a las familias y cambien pequeñas cosas de su vida para estar mejor”.