Opinión

Por Carlos Ordóñez (para La Voz del Pueblo)

Las dudas propias y del rival

15|06|19 11:29 hs.

Llegamos a Salvador el día jueves, a última hora, tras el largo periplo que siempre implica viajar, desde Tres Arroyos, seis horas a Ezeiza, las cinco horas a esta ciudad brasileña de casi 3.000.000 de habitantes. 


Nos sorprendió por la gran cantidad de turistas, no sólo los venidos para la Copa América, sino porque habitualmente llegan desde distintas partes de Brasil, y resto del mundo a aprovechar su clima tropical, sus playas, y los vestigios de aquella ciudad que fue durante siglos la más importante del Brasil, y quizás de América, por la producción de azúcar, que llevó al reino portugués a traer miles de esclavos africanos para su explotación. 

Así es que Salvador se constituye en el lugar de Brasil con mayor número de negros y mulatos. Viajamos seis tresarroyenses, y un necochense; casi todos compañeros en la excursión a Rusia durante el Mundial pasado. Allí nos prometimos acompañar a la Selección en esta Copa América. 

Claro que las expectativas distan de ser aquellas, por el menor calibre de la competición, y porque lejos está Argentina de tener una identidad de equipo, más allá de la lógica pretensión que siempre significa el peso de esta camiseta, y la presencia de Messi. 

Ayer viernes, mas descansados, nos amanecimos con un paro general resuelto por los sindicatos brasileños, como respuesta a la desigualdad entre ricos y pobres que se ha profundizado con la gestión del presidente Bolsonaro. 

Así es que decidimos dar una vuelta por el centro histórico de la ciudad, “el Pelourinho”, así se llama el barrio declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, allí se respira música, sobre todo samba-reggae, y por estas horas mucho fútbol, con la presencia de simpatizantes argentinos y colombianos, a la espera debut, hoy en la Copa América.

La inauguración y el debut de Brasil. El debut del equipo local, ganador ocho veces de esta Copa América se produjo este viernes en el estadio Morumbí de Sao Paulo, contra Bolivia, luego de una ceremonia breve y sencilla. Allí el local venció a Bolivia por 3 a 0 (ver página 8). 

El rival argentino. Tras el exitoso ciclo de José Peckerman al cabo de casi siete años frente Colombia, que lo depositó en dos mundiales y en la consideración del mundo futbolístico, tremenda responsabilidad afronta el portugués Carlos Queiroz, ex entrenador de la Selección de su país, que busca consolidar el proceso anterior, y para ello ha apostado a la mayoría de los referentes. 

Tiene Colombia jugadores de indudable jerarquía, tales como James, Falcao, Cuadrado, entre otros, claro que muchos de ellos no tuvieron en la última temporada la continuidad acostumbrada, producto de lesiones, y bajos rendimientos. El que sí viene de gran temporada es nuestro conocido Duban Zapata, el ex Estudiantes, con 28 goles en el Calcio, se convirtió en el cuarto máximo goleador de las ligas europeas. 

En suma, muchos marcan a Colombia como uno de los animadores y candidatos en esta Copa América, pero ponen sus dudas en el cambio de entrenador, y en que varios de sus jugadores son más pasado que presente. 

El técnico argentino. Menudo desafío se le presenta a Gerardo Scaloni, un hombre que entró por la ventana como entrenador de la selección, mirado de reojo por muchos de los jugadores, por la prensa especializada y por casi todo el país futbolero, sin méritos anteriores para estar en la posición que está, y sólo sostenido por los inciertos manejos de la conducción de la AFA, y sabedor de que únicamente lo mantendrá en el cargo ganar la Copa, y además desplegar un fútbol que por ahora, más allá de los continuos ensayos no ha logrado. 

El recambio generacional. La selección Argentina en esta oportunidad, y a pesar del recambio de jugadores tan pedido por algunos sectores del periodismo y apoyado también masivamente por un amplio sector de los argentinos, no genera las expectativas de torneos anteriores. 

Se solicitó un recambio porque para muchos argentinos se entendió como un fracaso las tres finales “perdidas”, en realidad empatadas a lo largo de los 90’, dos de ellas perdidas por penales, y en todos los casos con pasajes favorables para ganarlas, sólo que la fortuna no estuvo de nuestro lado. 

Así somos, triunfalistas en la victoria, fatídicos en la derrota, sin mensurar que siempre resulta muy difícil estar en una final, como repite un amigo, “las finales las pierden solo los que llegan a ella”. Esperamos con expectativas el enfrentamiento de esta noche. Ojalá que sea con triunfo y buen fútbol. Hasta la próxima. Abrazo a la distancia. 

Por Carlos Ordóñez (para La Voz del Pueblo)