Opinión

Psicología

Dime que envidias y te diré de qué careces

15|06|19 19:47 hs.

Por Claudia Torres (*)


“De repente sintió algo interno que le costaba reconocer… lo negaba, pero estaba ahí. ¿Por qué esa persona podía tener eso que ella tanto quería? No era justo… quedaba en evidencia que muchos nacen con más “suerte” que ella. Su mirada cambió, su cuerpo denotaba algo que no podía descifrar… tenía una emoción que le costaba reconocer…” 

Cuando tenemos la oportunidad de preguntar a una persona si siente envidia por otra, la respuesta suele ser negativa, luego de un silencio que da cuenta, quizás, de un cierto inconveniente para reconocerlo. Cuando hablamos de sentimientos solemos hacer referencia a algunos de ellos con mayor frecuencia que otros, la alegría, el amor, la tristeza, la ira o el enojo suelen estar en la lista de los “aceptables”. 

La envidia se ha considerado tradicionalmente como un elemento negativo, debido al profundo malestar que provoca juntamente a la relación de hostilidad que supone hacia otras personas, que está relacionada con falta de autoestima y al hecho de que proviene del sentimiento de inferioridad e inequidad. 

Como hemos comentado en otras oportunidades, no hay sentimientos buenos o malos, negativos o positivos, solo hay sentimientos, el hecho es ver qué hacemos con ellos. Este sentimiento hacia otras personas puede hacer aparecer reacciones defensivas en forma de ironía, burla y agresividad dirigida a otras personas, ya sea física o psicológica. Es común que la envidia se transforme en resentimiento, y si es una situación prolongada en el tiempo puede inducir a la existencia de trastornos depresivos. 

Del mismo modo puede inducir sentimientos de culpa en las personas que son conscientes de su envidia, que asocia con el deseo de que al envidiado le vaya mal, así como ansiedad y estrés. Es un sentimiento de malestar, rabia o tristeza, ante el bien material o no, de otra persona, deseando que esa persona lo pierda. 

El envidioso se entristece, esto lo puede llegar a transformar pudiendo convertirse en un ser odioso. Si llega a obsesionarse, puede estar ante un grave problema, si logra reconoce a tiempo lo que esta sintiendo, podría llegar a descubrir sus propias carencias e intentar superarlas. Es importante poder diferenciar los celos de la envidia. En los celos se juega una estructura triádica, es decir, el celoso, el objeto de los celos (la persona amada) y el rival, situación basada en el amor. 

En la envidia la relación se da de a dos y la existencia del amor es nula. Es ver en el otro lo que uno desea y no ha podido lograr y a la vez sentir dolor por ello. En los casos más graves cuando se experimenta una emoción negativa, puede llegar a casos patológicos como lo señala Goleman (1977): la ira en extremo se convierte en violencia y odio patológico; la tristeza en depresión grave y el temor en fobia o pánico. 

La envidia es destructiva, y sin control puede llegar incluso hasta el asesinato. Un envidioso es incapaz de ser caritativo, es malicioso, injusto, hostil y actúa con resentimiento. 

La gente le teme a la envidia, esto lo podemos ver diariamente en la utilización de diferentes amuletos que utilizan para contrarrestarla, por ejemplo el uso del color rojo, las plantas como el ajo o la ruda… hacemos de todo para detenerla y a la vez negamos poder sentirla. 

Todos de alguna manera u otra la hemos experimentado en algún momento de nuestras vidas, la diferencia fundamental es la manera de elaborarla, si nos quedamos atados a este sentimiento puede llegar a generar ansiedad, trastornos del apetito y del sueño y tendrá un peso determinado en la actitud que tomemos al enfrentar la vida. 

El envidioso suele desear, fantasear y hasta realizar acciones en perjuicio o destrucción dirigida a ese otro que posee lo que él no tiene. El portador de este sentimiento, suele argumentar que en su vida ha tenido “mala suerte”, mientras que el otro ha sido “muy afortunado”. 

Suelen presentar baja tolerancia a la frustración y el deseo de tener las máximas satisfacciones en un plazo inmediato. ¿Cómo podemos contrarrestar este sentimiento? Sé que no es tarea fácil, más bien es un trabajo arduo e inacabable, pero quizás si intentamos: 

•Reconocerla y aceptarla como señal de un deseo que no hemos podido satisfacer. 

•Reflexionar sobre la razón por la cual no hemos alcanzado ese deseo en particular.

•Identificar los recursos que necesitamos para lograrlo 

•Favorecer la confianza en uno mismo.

•Aprender a ponerse en el lugar del otro. 

•Interpretar nuestros progresos personales mediante la comparación de nuestras competencias y habilidades y no con la de los demás. 

•Si en el ámbito familiar y escolar se compara al niño con las realidades de otros, la envidia estará a la orden del día y el daño realizado. 

Para finalizar les dejo esta frase de Miguel de Unamuno, escritor y filosofo español (1864-1936) que quizás nos ayude a reflexionar: “La envida es mil veces más terrible que el hambre, por que es hambre espiritual” 


 (*) Lic.Claudia Eugenia Torres 
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