Sociales

En Primera Persona

“El instrumento que llevamos puesto”

17|06|19 09:43 hs.

Por Valentina Pereyra


Mientras voy subiendo las escaleras que me llevan al lugar de ensayo siento frío y algo de cansancio producto de la fiebre que me acompañó durante todo el día de ayer. Escucho las risas, el murmullo, alguna nota suelta que fluye del piano que Marcela Palmieri trajo para ensayar. Y es en ese mismo momento que renuevo mis ganas, me cargo con la motivación de los coreutas que entusiasmados esperan mi llegada. 

Las presentaciones de rigor, algún chiste e inmediatamente después los ejercicios corales y corporales que traje para enseñar. Una canción colombiana y otra que la directora del coro venía trabajando se fusionan para conseguir no solo un resultado, sino la trasmisión de un sentimiento único y especial. 

No imaginé de niño que alguna vez iría a dirigir un coro o varios coros, fue algo que me ocurrió, me atravesó, fue esa primera experiencia que tuve cuando alguien me puso frente a niños que querían cantar. 

Sin embargo no creo que el trabajo coral de cuerpo y voz sea sólo algo escenográfico, es mucho más que eso, se trata de interpretar y recrear la música coral que para mí tiene mente, corazón y parte física, te hace sensible, más entendido desde lo intelectual. Además te fortalece en cuanto a la conciencia de tu cuerpo y la música. Interpreté grandes músicos durante toda mi carrera, pero lo que hizo en mí el canto fue único y casi mágico. 

Un semicírculo bastante bien formado pone en actitud a niños que tienen muy buena capacitación, son entendidos, buenos coreutas. Levanto las manos, me muevo al compás del ritmo colombiano y empiezo a interpelarlos a través del paisaje sensorial. 


Agudelo con las directoras de los coros Municipal, Romina Reimers (foto arriba), y del Colegio Holandés, Marcela Palmieri (foto abajo) e integrantes de ambas formaciones





Entonces el cuerpo de cada uno de los niños produce sonidos que imitan gotitas de lluvia, tormenta, relámpagos, lluvia torrencial y calma. La letra de la canción que cantan en distintas voces interpretan aquellos sonidos que acompañamos de percusión corporal, palmas, golpecitos en el pecho, zapateos con ambos pies sobre el suelo y la dramatización final que los convierte en actores y artífices de su propia interpretación, esa que les enseño y ellos absorben rápidamente y la hacen suya. 

Micaela Jensen toca la caja y Marcela Palmieri acompaña en el piano, el ensamble se da de a poco después de varias repeticiones y aplicación de un método muy actual y sumamente interesante para el desarrollo pedagógico en la dirección de coros. 

Me siento casi en casa, en mi pueblito, revivo momentos de mis comienzos. Soy músico desde niño, pero cuando hice la carrera no esperé nunca estar dirigiendo coros algo que hago hace once años. Fue ahí, en ese momento de mi vida cuando el canto coral me tocó tanto como a ellos hoy, porque se los veo en las miradas, en la alegría que ponen en cada movimiento y en la armonía que surge en cada ensayo. 

Una voz solista sigue a otra y al ritmo de una letra pegadiza se acoplan los restantes coreutas que no dejan de moverse. ¡Eso quiero! Es la razón por la que me dedico a esto, el canto coral trasforma. En cada presentación, en cada taller intento que la gente sienta que los toca como a mí y los hace seres diferentes y más sensibles. 

Desde el pueblo
La experiencia en Tres Arroyos me remonta un poco a mis comienzos, estos coreutas ávidos de aprendizaje y de cantar, porque se trata de eso, de cantar, tienen el mismo gesto que podría reconocer en mi rostro y en mis ganas cuando comencé la carrera coral en un pueblo pequeñito, un municipio llamado Donmatías de la provincia de Antioquia en mi Colombia. Y desde allí continué en mi tierra natal Marinillas cerca de Medellín -que es la capital de la misma provincia-. 

La ilusión de cantar, no importa donde se haga o comience, fue lo que traje como aprendizaje de cada lugar que me formó y la que me decidió a llevar hace cinco años a extender esos conocimientos a otras regiones como Argentina, España, Ecuador y países que recorro impartiendo talleres de cuerpo y voz, un trabajo siempre conjunto. 

Un instrumento poco explorado 
Hay una expresión que me suele arrancar una sonrisa y otras veces cierta preocupación. Escucho muchas veces decir a la gente que para conciliar el sueño pone música coral y me niego a que ese preconcepto siga girando como si fuera cierto. El canto es otra cosa, no solo es la voz del grupo que canta durante una hora, parado, rígido. 

No nos dicen que hay que entender al canto como algo que no tiene como único instrumento a la voz. Fue justo esa certeza que me llevó a este presente en el que imparto talleres de exploración sensorial donde es importante sentir, luego comprender, enterarnos que nuestro cuerpo está como un instrumento que llevamos puesto. Más adelante y en otro nivel trabajo para despertar esa parte corporal aun cuando ya esté el canto coral bien incorporado. 


“Soy músico desde niño”, dice Agudelo González mientras dirige al grupo coral de niños con Marcela Palmieri al piano y Micaela Jensen en la caja


Cantar a coro me tocó tanto como a estos chicos cuando empezaron a ensayar y practicar en las distintas formaciones de las que son parte. Ese deseo irrefrenable de interpretar diferentes canciones, de moverme al compás de la música que se expande desde bien adentro por todo el pecho y sale en forma de voz es lo que me decidió a dedicarme al canto coral. No puedo dejar de intentar que esta disciplina los toque como a mí. 

Despliego todo lo que aprendí de grandes pedagogos, métodos, prácticas con gente con la que he hecho talleres, enorme mochila que me para frente a los coreutas con mayores certezas. Cómo explicar que lo que mejor me posiciona en la dirección de estos coros no es aquello que estudié sino lo que viene desde mi pasión porque fui tocado por el canto. Lo aprendí de forma tal que hace que lo traNsmita como lo siento. 

No puedo dejar de sentirme un coreuta, aún parado frente a los semicírculos de chicos y chicas que ensayan las expresiones que les traigo para disfrutar, para experimentar y cantar, cantar. 

No puedo evitar verme en los coros infantiles de Tres Arroyos, o en los chicos del proyecto coral de San Cayetano, en los coros de la Escuela de Estética del Colegio Holandés y de la Municipalidad de Tres Arroyos, el Coro de Niños y Jóvenes municipal y con los coreutas del Colegio Holandés. 

Durante tres días levanté mil veces las manos para marcar la cantidad de veces que se repetía una frase final, un dedo, y otro y otro hasta indicar el giro que acompaña la letra de una canción tradicional y se despide con la voz y con el cuerpo. Alrededor de 100 niños y jóvenes participaron en un trabajo colectivo. 

Sentí que en esta ciudad podía trabajar y traer la inquietud del proyecto que se desarrolla en Colombia y del que soy parte, para que en cada municipio haya una banda como la que me tuvo tocando en mi adolescencia hasta mis inicios en la carrera de la música a nivel universitario. 

Todos sienten gusto a poco, lo veo en sus gestos, también en el de Romina Reimers y en el de Marcela, así que no dudo en invitar a los grupos a una última interpretación. El espacio en el que ensayamos se convierte en el mejor y más acústico teatro, los cortinados pesados de un escenario imaginario se deslizan para dejar al descubierto a los coreutas de Tres Arroyos y San Cayetano que van a presentar un espectáculo en movimiento en el que el cuerpo es su instrumento. 

Suspiro, levanto mis manos, miro a cada cual para que lean las instrucciones que antes convinimos y ante un movimiento suave invito a iniciar la canción ensayada. 

Cantan, usan la percusión y hacen las coreografías sonriendo, por eso pienso mientras me muevo de una punta a la otra del supuesto escenario que para sentir y transmitir lo que produce en cada uno este momento hay que cantar, cantar, cantar. 

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Perfil 
Juan Pablo Agudelo González es director y docente coral colombiano, licenciado en Educación Musical de la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia, alumno becario del plan nacional de coros del Ministerio Nacional de Cultura y la Presidencia de la República. A lo largo de su formación ha pertenecido a diferentes agrupaciones musicales como bandas, orquestas y coros. 



Se ha desempeñado como director de varias agrupaciones corales como: Coro Infantil del municipio de Donmatías, Coro del Colegio seminario corazonista, Coro Infantil de Cámara de la Fundación Sirenaica y Programa de Coros del Municipio de Marinilla; agrupaciones con las cuales ha participado en diferentes festivales nacionales y latinoamericanos (México, Ecuador, Argentina, Colombia). Así mismo, ha dirigido el estreno de algunas obras comisionadas por reconocidos compositores y para el año 2018 fue director asistente del Coro Infantil y Juvenil de Colombia. Ha sido maestro invitado a impartir talleres de pedagogía vocal y música latinoamericana en festivales corales en Colombia, Argentina y España. 

Actualmente, se dedica a impartir talleres a coros Infantiles y Juveniles en diferentes lugares de su país, es fundador y director titular del Ensamble Vocal Polimnia de Marinilla, director general del Programa de Coros del Municipio de Rionegro y se desempeña como docente de cátedra en la Facultad de Música de la Fundación Universitaria Bellas Artes de Medellín, Colombia.