Opinión

Por Esteban Ernesto Marranghello

Desde el balcón sonríe el General: “Todos son peronistas”

30|06|19 11:19 hs.

Mauricio: “Truco con Pichetto”. 


Alberto: “Quiero retruco con Massa”. 

Cristina: “Mi General que grande sos”. 

Si a cualquiera que pretendiera entender a la política argentina, sin ser argentino, podría encontrarse en un laberinto difícil de transitar, con resultados que superarían su equilibrio racional. 

Un ejemplo: en la historia de la política argentina, la arquitectura proyecta un singular y aparente sencillo elemento, nada extraordinario técnicamente, salvo que sobresale para mostrar; un balcón, especial, de la Casa Rosada. 

Desde que lo “inaugurara” el coronel Perón, un 17 de octubre, se fueron sucediendo presidentes en la historia argentina y estuvieran allí o no, nunca el emblemático “rincón” dejó de tener gravitación. 

Cada presidente electo recibe la presión de la impronta política del “arquitecto”, que no lo construyó, pero le otorgó una identidad, a la que nadie se puede sustraer y sin la cual, hasta hoy, no habrá vigencia en el futuro político.

Así son las realidades políticas, a veces extrañas, otras no esperadas, casi siempre con la magia de lo impredecible que suele ganar la voluntad popular, golpeando fuerte determinado “statu quo” nacional que no puede detener la contundencia de su gravitación futura. 

Juan y Eva Perón impactaron con su presencia los estamentos políticos, literarios, sociológicos, religiosos y artísticos. Lo mismo Madonna que Vargas Llosa, el clero, la cinematografía y hasta una de las comedias musicales de mayor gravitación popular, con Eva como protagonista. 

Cada cual con sus ideas, sus intereses, sus análisis. Todos interrelacionados, en contra o a favor. Esto conforma una historia que se ha mantenido con estos personajes con una vigencia que sobrepasó la distancia hasta nuestros días. 

Otra vez la Argentina enfrenta un proceso electoral, cuyos protagonistas pretenden o aspiran a imponer sus propuestas, con un mismo “paraguas”, el del “ave Fénix” de la política argentina, el peronismo. 

Las cartas sobre el tapete electoral con las opciones para elegir y posteriormente decidir. Pareciera existir un ordenamiento dentro del cual, nadie puede eludir jugar con otras cartas que las presentadas. Pero cuidado, la política es un juego cuyos naipes no son ajenos, como en el póker, a que cualquier participante pueda modificar con un “bluf” inteligente. 

La influencia de Pichetto, políticamente hablando, con los gobernadores peronistas es nula (también lo dijimos), nunca los “patrones” volverían a confiar en un “empleado” desleal, sobre todo en la política


Las apuestas pueden ser o no legítimas, pero sólo al “final”, cuando se muestran los naipes, alguien gana o alguien pierde. Por eso el juego es tan apasionante y atrapante de la voluntad de las personas, pocas alternativas tienen la magia y el misterio que provoca en el ser humano. 

Participar en política conserva estas características. Significa armar propuestas y estrategias y volcarlas a la acción que se multiplica detrás de objetivos de poder, para conducir, mal o bien, una sociedad o un país. 

Macri apostó a Pichetto, sólo él sabe el porqué de la decisión. 

Creyó en la influencia del rionegrino en el peronismo, falso. Fundamentó que esta incorporación apuntalaba la gobernabilidad. Irreal. 

Si “creyó” el cuento de la influencia de Pichetto con los gobernadores peronistas. Erróneo. Tal vez con esta decisión se “quitó” la responsabilidad de la designación de un radical en la fórmula. Peligroso. 

El senador Pichetto, tiene buen reconocimiento como exitoso negociador, después de 18 años en el Congreso como peronista “obediente”. 

Apoyó la aprobación de las leyes del Gobierno, no propia decisión, sino de sus mandantes. Un eficiente empleado, sin representatividad ni territorio, de Río Negro, el peronismo lo excluyó (lo anunciamos). 

Defendió a rajatablas las políticas kirchneristas de gobierno, incluido la resolución 125 y las expropiaciones. Expreso férrea oposición, como correspondía y por mandato, a la quita de fueros de Cristina. 

Lo demás es conocido y de poca importancia referencial. Se sumó al denominado “Peronismo federal” del que participaron Schiaretti, Urtubey, Massa y Lavagna, promocionando la candidatura presidencial del economista y criticando a Cristina, después de defenderla durante ocho años. 

De repente, borrón y cuenta nueva, sin aviso aceptó la candidatura a vicepresidente con Mauricio Macri. Obviamente “abandonó” a sus amigos del “Peronismo federal” y se cambió de “camiseta” en pleno recinto del Senado, sin notificar previamente a sus “patrones” gobernadores, los llamó posterior a su aceptación a Macri. 

Las explicaciones de la “borocotización” fueron tan indefinidas y “flojas” de papeles que consumó una de las “panquequeadas” más insólitas e inexplicables, con definiciones políticas a favor de Bolsonaro, el FMI y las posiciones del presidente Trump. 

Cualquiera de ellas pondrían “los pelos de punta” al más tibio de los peronistas. Automáticamente el peronismo “se vacunó” y lo erradicó de sus filas. 

Falsa su influencia en la oposición y mucho menos, votos. Su pase no significó ningún cambio en la gobernabilidad del gobierno de Macri, esta decisión no fue de Pichetto, fue del peronismo, que la mantiene con otros interlocutores, fuera de la sartén de los panqueques. 

La influencia de Pichetto, políticamente hablando, con los gobernadores peronistas es nula (también lo dijimos), nunca los “patrones” volverían a confiar en un “empleado” desleal, sobre todo en la política. 

Pichetto le vendió, si es que él lo hizo, un “buzón” a Macri. Los únicos peronistas que convocó pertenecieron a la gerontología menemista. El único con vigencia, tal vez el último caudillo de la política argentina, Carlos Menem, para el que los “bisoños”, para él, Macri, Cristina o Pichetto no lo convencen y le hizo rechazar a su hija Zulema un ofrecimiento de cargo político del oficialismo. 

Pichetto viajó a Córdoba, no le fue bien, Schiaretti lo invitó con un café y le ratificó que en la presidencial va con boleta corta, la tiene complicada. Peor aún, políticamente su reemplazante como presidente del bloque en el Senado, el senador Caserio, presidente del peronismo provincial, no proclive a Cristina, pero sí amigo de Alberto Fernández que apoyó su designación, prometió poner de pie y trabajar en Córdoba por la fórmula Fernández – Fernández. 

Decía Borges, “los peronistas son incorregibles”, “chocolate por la noticia”, don Jorge Luis. La provincia de Buenos Aires, con lógicas disidencias, que no pasaron a mayores, “los melones se acomodan andando” con el objetivo del triunfo. 

Peronistas – kirchneristas – massistas lograron acordar. La Cámpora cedió lugares en los cargos no sólo en Buenos Aires. Tenía 23, ahora logró 15. 

Las compensaciones tienen que nacer del triunfo electoral. 

Kicillof mide bien y Magario mejor. 

El joven candidato a gobernador, perfectamente aclarado no pertenece a La Cámpora, esto está chequeado. 

Del otro lado, el Gobierno juega sus cartas. Mucha muestra Macri – Vidal juntos en lugares elegidos. Argumentos principales la obra pública y la corrupción kirchnerista. 

El peronismo le borró a María Eugenia el principal dialoguista, Diego Bossio. 

A Vidal le preocupa que no está bien en las encuestas. Asimismo el “apagón” en La Plata y alrededores por cinco días, la colocó en el ojo de la tormenta con fuertes críticas. 

Cosa insólita, la gobernadora en persona y su gobierno no “aparecieron” públicamente para afrontar el problema. Sólo al cuarto día, el vicegobernador, Salvador, aplicando multas y prometiendo sanciones y reconocimiento económico a damnificados. 

La “escondieron” por directivas de Durán Barba. Un error, opinión personal, Vidal no era así, era distinta del gobierno de Cambiemos y por ello, por obrar distinto a las directivas del ecuatoriano. Era la “mejor imagen” del oficialismo.

Con estas acciones puede poner en riesgo su futuro político. Debe reaccionar, tiene con qué hacerlo -sola-. Tiene enfrente una representante del mismo género, que transita por las calles de La Matanza, de que es intendenta electoralmente invicta, sin custodia y sin permitir interferencia en sus decisiones. 

Una cuestión en “la actualidad” no menor a su favor. 

En el tema corrupción, el oficialismo tiene una “piedra” en el zapato con el juez Ramos Padilla. Este magistrado lo tiene “contra las cuerdas” al fiscal Stornelli, en “rebeldía”, insólito y grave. El fiscal no está seguro si concurre a la citación del juez, si sale “solo” o “acompañado”. 

A Vidal le preocupa que no está bien en las encuestas. Asimismo el “apagón” en La Plata y alrededores por cinco días, la colocó en el ojo de la tormenta con fuertes críticas


También la tiene complicada el periodista del diario La Nación, Diego Cabot, en investigaciones muy sólidas que lo comprometen, la “excusa” de la libertad de expresión está posible, pero la complicidad en ilícitos no es una cosa menor para desestimar. Ultimamente Ramos Padilla cita al propio juez Bonadío, informándole que tiene en sus actualizaciones dos acusaciones a las que Bonadío deberá responder. 

No es una buena noticia para el Gobierno y la corporación judicial de Comodoro Py, que el juez y el fiscal de las causas de los “cuadernos” se encuentren presuntamente involucrados en los operativos de las escuchas ilegales. 

Tampoco los indicadores económicos de producción y consumo, inflación, empleo, actividades empresarias en importantes empresas y en las Pymes, estas últimas peor, muestran resultados alentadores. 

El Gobierno acaba de anunciar medidas de reactivación del consumo y promete otras de similar contenido. 

Habrá que esperar su implementación y posterior resultado. Fracasó el oficialismo en su intención de suspender las PASO, que en definitiva pudo interpretarse como un signo de debilidad política. 

La campaña recién comienza, el tiempo calentará los motores, cosa natural y no preocupante.

La vida continúa en pueblos y ciudades de la geografía nacional, con una población preocupada, con razón, por su presente y su futuro. 

Desde un famoso y en este momento frío y solitario balcón de la Casa de Rosada, se aguarda al próximo inquilino con la banda y el bastón. 

El dueño, en espíritu y por historia, sobrevuela con una enigmática sonrisa, no exenta de justificado orgullo, con derecho a pensar “todos son peronistas”. 

Por Esteban Ernesto Marranghello