Gustavo Fernández y Novak Djokovic levantan sus trofeos, ambos por ganar en singles el Abierto de Wi

Sociales

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La desigualdad los iguala

21|07|19 09:00 hs.

Por Horacio Arbasetti


Desde hace mucho tiempo, en todos los estamentos sociales, se trata con total cuidado lo de las personas con discapacidad. 

Muchos se quejan por no tener veredas y edificios “accesibles” para quienes tienen alguna discapacidad física. También y a pesar de todas las leyes ¿vigentes? siempre es más que difícil para quienes tienen algún tipo de discapacidad acceder a los beneficios otorgados. Los tratamientos y medicamentos recetados, conseguir los benditos pasajes en transportes públicos y privados, los innumerables trámites para que les otorguen el certificado de discapacidad, etc. 

Estos son los diferentes caminos que deben de emprender la propia persona, padres, hijos, y/o hermanos para lograr que un familiar suyo pueda acceder a algunas de estas cosas y un sinnúmero de argumentos imposibles de refutar. 

En todos estos casos, y a pesar de tener justificados los permisos, aún es más que dificultoso cobrar los subsidios que les otorgan y más conflictivo aún, y teniendo la ley que los ampara, lograr un empleo digno a pesar de que el Estado sea quien debe hacerse responsable de su pecunio y favorecer a la empresa empleadora. Si no, pregunten a los titulares de beneficios; a los padres con hijos en esta situación en nuestra patria chica; a las escuelas 501 y 502 con los problemas que tienen con el edificio, las combis rotas o el mantenimiento; a Coadis, ALPI o a la Asociación Amigos del Menor y la Familia que llevan adelante los Frutillitas. 


La Escuela 501 espera tener su nuevo edificio luego de larga espera



La Escuela 502 concretó en 2015 un viejo anhelo de “casa nueva”


Todas estas cosas se suman cuando hablamos de discapacidad pero aún es más penoso que, pudiendo acceder a un medio como la televisión, cosas de este tipo pasen también en el mundo de los deportes.  

Un tal Gustavo Fernández 
Muchos o quizás algunos por haberlo sabido o simplemente recorriendo los canales de deportes se deben haber encontrado con que el domingo pasado y mientras estaba en los comienzos el “gran” enfrentamiento entre Novak Djokovic y Roger Federer había en la misma señal (ESPN) un argentino que estaba jugando la final de Wimbledon de tenis adaptado en silla de ruedas. 

A quienes les gusta el “deporte blanco”, más aún si se trata de Wimbledon, deben haberse detenido para ver esta curiosidad: que saliera por televisión un partido de este tipo. Allí se estaban enfrentando el cordobés Gustavo “Gusti o Lobito” Fernández con el japonés Shingo Kunieda, quien además de ser su rival de turno es también su compañero de dobles. 

Y acá vale, aunque más no fuera, la comparación marcada en el título “La desigualdad los iguala” porque justamente es esto. Similares retribuciones o posibilidades tiene un deportista de elite que ha tenido una discapacidad que quien por tenerla debe vivir el día a día penando ante cada cuestión que debe resolver. 

Porque Gustavo Fernández, a pesar de estar jugando una final en Wimbledon, y a metros del court central, no más de 200 personas eran espectadoras -entre ellas los padres, la novia, su hermano con su mujeres y los sobrinos de Gusti-. Al momento de entregársele el premio sólo fue una pequeña copa y un “mister” el que la llevaba. Tremenda contraposición se desarrollaría horas más tarde cuando la esposa de príncipe Guillermo de Inglaterra y duquesa de Cambrigde -Catherine Middleton- le entregaba la copa a Djokovic ante un Centre Court con miles de personas que de seguro no deben de haber pagado barata su entrada para estar allí. 

Y si habláramos de diferencias en cuanto a premios… los ceros faltan o sobran. Mientras Nole embolsó la suma de US$ 3.000.000 por su conquista, Lobito sólo se llevó 57.000 de la misma moneda, cinco mil dólares más de lo que recibe un tenista “sano” que gana un partido en el cuadro mayor del mismo torneo. Me parece que los comentarios sobran… 

Lucha, garra y perseverancia 
Desde hace años en todos los deportes, principalmente en el tenis y ahora en el fútbol, las mujeres pugnan por tener igualdades en cuanto a los premios. También se da en cuanto a las remuneraciones laborales, las oportunidades y en cuanto reclamo en torno a las desigualdades de sexo y gratificaciones. 

Esto se puede llevar al terreno de los reclamos que citábamos al comienzo de esta reflexión. ¿Realmente queremos un mundo de iguales? Seguramente no muchos deben saber la historia de este cordobés de tan sólo 25 años, que comenzó con esto del tenis a los seis como una forma de vencer al infarto medular que desde el año y medio de nacimiento lo dejó discapacitado de por vida. 

El mismo, que nacido en una familia de deportistas, su padre es ex basquetbolista y técnico de Estudiantes de Olavarría y su hermano Juan Manuel juega en el Triestre italiano, no dudó en ningún momento seguir luchando desde su disparidad. Ese al que hace un tiempo atrás se lo pudo ver por las redes y medios reclamando porque una compañía de aviación le había extraviado su silla de ruedas y no podía participar de un torneo. 

Ese argentino que hace unos días se convirtió en el primero en ganar un Abierto de Wimbledon, superficie más que esquiva para los tenistas criollos. Pero todo no termina acá, porque en enero de este año ganó el Abierto de Australia, en junio Roland Garros y si se llegara a adjudicar el Abierto de los Estados Unidos se transformará en el primer argentino en la historia del tenis en ganar un Grand Slam en un deporte tan selectivo como individualista. 

Por eso es que la desigualdad los iguala. Tanto para una persona con una discapacidad como para quien teniéndola y practicando un deporte tan caro y tan selectivo justamente la retribución monetaria, de reconocimiento, laboral o de inclusión, es la misma. 

Sólo basta con recordar que para el Abierto de Australia, en enero de este año, Gusti Fernández debió ir sin preparador físico “porque el presupuesto no le daba”, debido a los altos costos de los pasajes de avión para trasladarlo. Y estamos hablando del tenis, un deporte que consume e insume muchas horas de televisión con firmas que gastan fortunas en propaganda, marketing y sponsoreo. Pero claro, “el tenis adaptado no vende” como tampoco fueron los Paralímpicos, lo de este pasado domingo solo fue una casualidad y porque se trataba de un argentino, algo que seguro a la señal de ESPN mucho le importa para vender sus paquetes plus.