Opinión

Psicología

En las buenas y en las malas

21|07|19 11:35 hs.

Por Claudia Torres

Y ahí está… en ese momento que pensé que me derrumbaba, que sola no iba a poder… o en ese otro cuando me invadía la felicidad y sabía que contándole a ella, iba a ser una alegría compartida. 

En esos instantes de mutua escucha y compartir, cuando más lo necesitaba… cuando menos lo esperaba. 

Para ser sincera, no nos vemos muy seguido, cada una tiene sus tiempos y responsabilidades y creo que se trata de eso, cuando el encuentro se produce, sé sin dudarlo, que puedo contar con mi amiga. 

Son esas personas con las cuales se puede ser totalmente sincero, abrirse por completo sin temor y sin reservas, depositamos confianza y se espera, por otra parte, comprensión. Debemos estar dispuestos a dar sin reservas todo aquello que se espera de nosotros mismos. En la amistad hay dos sentimientos fundamentales que son la confianza y el cariño. 

Es muy posible que la mayoría de las amistades surjan cuando comienzan las pequeñas confidencias personales. Cuando hacemos esto tenemos que “saber elegir bien” a quién se las hacemos para en un futuro no sentirnos defraudados. 

Todas las relaciones personales sean de pareja, familia, amigos, compañeros, conocidos, son muy importantes. El placer que obtenemos de la vida se basa en la colaboración, la interacción con el resto de los seres humanos y en compartir los buenos momentos. 

Somos seres gregarios, término que se utiliza para referirse a una conducta específica, en este caso, aquella referida a mantenerse en "manadas". Entre los grupos de personas, interactuamos en diferentes niveles y con diferentes individuos, y esta retroalimentación que recibimos en relación con estos vínculos, es muy importante para nuestro bienestar general. 

La “socialización” es un proceso mediante el cual el individuo adopta los elementos socioculturales de su medio ambiente y los integra a su personalidad para adaptarse a la sociedad. Dicho en otros términos, socializar es el proceso por el cual el niño aprende a diferenciar lo aceptable de lo inaceptable en su comportamiento, es un proceso muy importante que debe fomentarse desde muy corta edad. 

La socialización primaria se lleva a cabo en el seno familiar, comienza en la niñez, y por medio de ella se convierte en miembro de la sociedad. Se caracteriza por una fuerte carga afectiva. Tengamos en cuenta que entre mayor interacción, relaciones sociales o socialización tengan nuestros hijos (as), con sus grupos pares, podremos ayudarlos a que se conviertan en personas más seguras y esto, sin dudas, les beneficiará en su desarrollo. 

Existe también una socialización secundaria, que induce al individuo ya socializado a nuevos sectores del mundo objetivo de su sociedad, donde descubre que el mundo de sus padres no es el único. En esta etapa, la carga afectiva es reemplazada por técnicas pedagógicas que facilitan el aprendizaje y durarán toda la vida. 

Por supuesto que el grupo de pares tiene una gran relevancia en esto de ser sociables: empieza a aparecer el concepto de “la amistad”, que no viene impuesta, no es una unión por obligación, una de las características principales es la libertad. Libertad de elegir con quien fomentar este lazo y con quien no. Este acto de libre elección se podrá sostener en el tiempo solamente a través del deseo, dentro de las particularidades de cada persona. 

La relación con los semejantes es esencial en la constitución de los seres humanos. El otro es un espejo que consolida nuestra identidad y a la vez organiza el lazo social, ese conjunto de rasgos propios de un individuo o de una comunidad, los cuales caracterizan al sujeto o a la colectividad frente a los otros. 

Es ahí donde la generosidad y la confianza se muestran como características básicas de esto que llamamos “amistad”. Nos identificamos con el otro por tener proyectos comunes o quizás por compartir experiencias vitales de un pasado que en algún punto, puede llegar a ser similar al nuestro. 

Las relaciones amistosas no son precisamente altruistas, es decir, no significa brindar una atención desinteresada al prójimo, aún cuando dicha diligencia atente contra el bien propio. Convive con sentimientos de rivalidad, envidia, celos, como también de generosidad y bienestar, donde compartimos alegrías y tristezas por aquellas causas e intereses que nos unen. 

Es ahí donde nos podemos aliviar de los dolores y sufrimientos y hacer visibles a la vez, nuestras alegrías y nuestras rutinas diarias, es donde recurrimos en busca de consuelo, de una reafirmación, de complicidad, de una palabra… los amigos forman parte de esa red de contención tan necesaria para nosotros. 

La relación con un amigo es muy importante en nuestras vidas: la contención que nos puede brindar ante un problema puede llegar a ser un factor protector, donde los consejos recibidos a veces nos pueden ser de utilidad… aunque en ocasiones puede que sus consejos no sean objetivos y no nos brinden la ayuda que realmente necesitamos. En este punto, cabe la aclaración que es diferente a la relación que se establece con un profesional de la psicología, donde no se aconseja a los pacientes, por el contrario, se los orienta o ayuda para que se orienten a si mismos. 

El tiempo que le brindamos a la construcción de los vínculos amistosos, no solo es de gran valor, sino también muy necesario. Necesitamos una sonrisa, un gesto cariñoso, un abrazo para poder seguir, necesitamos mirar y sentir al otro. 

Sigamos apostando a incrementar estos lazos. Que no se pierda la sana costumbre de compartir cara a cara anécdotas y vivencias. 



Lic. Claudia Eugenia Torres 
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