La Ciudad

Con una prótesis en la pierna izquierda

Una travesía especial hacia el fin del mundo

23|07|19 08:47 hs.

Yeslie José Asdrúbal Aranda Mora es venezolano y desde ayer se encuentra en Tres Arroyos. Lleva adelante lo que él define como “una travesía motivacional”, que consiste en recorrer Sudamérica “con una sola pierna”, ya que tiene una prótesis. 


 En la tarde de ayer, describió en la redacción de LA VOZ DEL PUEBLO el origen y los alcances de esta iniciativa, que comenzó hace un año y 25 días, el día en que partió desde su patria natal. 

Su discapacidad es consecuencia de un accidente, un hecho trágico por el cual además su hija Diayar Paola Aranda Hernández quedó en silla de ruedas. Relató que “soy técnico en electrónica, pero el encierro no me llamó. Me dediqué primero a las ventas, incluso estuve residiendo en España y por cuestiones de enfermedad de mi papá volví a Venezuela. Empecé con el transporte de carga pesada y luego fui conductor de buses”. 

El 27 de agosto de 2013 a las 11.30 se produjo el choque que cambió su vida y la de su hija para siempre. “Un conductor de un vehículo de carga por inexperiencia y venía trasnochado”, dijo sobre el otro protagonista de la colisión, que ocurrió en Barinas. Hubo 13 heridos y dos personas fallecieron, un pasajero del micro y el mencionado conductor del otro rodado. 

“Mi hija, que tenía 23 años, perdió toda la pierna derecha y la pierna izquierda le quedó bastante lastimada. No puede caminar. Yo perdí desde encima de la rodilla izquierda”, puntualizó. 

“Trato de compartir, humildemente, la importancia de perseguir los sueños, conquistarlos y vivirlos. Yo estoy cumpliendo uno”


Se trató de una experiencia “muy fuerte”. Contó que poco después del choque, “sufrí dos paros cardiorrespiratorios, en el segundo por unos segundos me fui de este mundo”. En este sentido, recordó: “Uno de los médicos me dijo ‘yo lo quería conocer a usted, se nota que vive por una razón muy grande, búsquela. Porque de donde lo trajeron, son pocos los que regresan’. La razón de vivir era motivar a mi hija”. 

Es que ella no quería continuar en esas condiciones, prefería que la dejaran morir. “Esperaba un milagro –comentó-. Yo le decía ‘¿qué más milagro que hayamos vivido y tengamos la oportunidad?’ La ayuda fue mutua, nos dimos fuerzas. Le repetí que debemos ser como los veleros, así tengamos el viento en contra, avanzamos y llegamos a destino”. 

Transcurridos menos de seis años, la realidad de Diayar Paola es muy diferente. “Juega básquet en silla de ruedas, tenis, ping pong”, explicó su padre y sostuvo además que “ganó la maratón de San Sebastián para atletas con una discapacidad motriz”. 

Vale la pena 
En San Cristóbal, su ciudad de origen, se venera a Santo Cristo de La Grita. Una de las ciudades más importantes del Estado de Táchira es La Grita, ubicada al occidente de Venezuela. 

Los festejos religiosos en su honor tienen lugar cada 6 de agosto. Durante cuatro años, desde que sufrió la amputación, realizó una caminata hacia la imagen del Santo; “la primera vez hice una parte del recorrido en muletas y luego tuve mucha ayuda de la gente que iba en automóviles. Cuando llegué, en un trayecto total de 80 kilómetros, y con todo lo que había vivido, surgió la idea de recorrer Sudamérica en una pierna”.

La segunda caminata por la celebración de Santo Cristo de La Grita la concretó con una prótesis, pero partió desde la mitad del recorrido; en la tercera fue acompañado por su hija menor; y la cuarta logró cubrirla de manera completa. “Había llovido bastante, les dije a quienes estaban cerca de mío ‘si tengo que meterle los dedos al barro lo hago, pero voy a subir’. Y fue así. Cuando terminé, me estaba quitando el barro de los guantes y una señora me dijo ‘permítame que le lave las manos. Iba a regresar y verlo a usted me llevó a seguir’. En ese momento me di cuenta, lo que hago vale la pena”. 


Ayer por la tarde, Yeslie José Asdrúbal Aranda Mora visitó este diario y describió su experiencia


Por Sudamérica 
A comienzos de 2017 habló con su hija Diayar Paola y se dio cuenta que “estaba lista”, podía continuar en la vida aunque él partiera durante un tiempo. El año siguiente comenzó su travesía. En Venezuela quedaron su esposa y cinco hijos, tres biológicos y dos del corazón. 

Aspira llegar a Ushuaia, con una distancia en línea recta desde San Cristóbal –según estimó- de 10.406 kilómetros. “Vengo de recorrer Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y hace poco menos de cuatro meses estoy en Argentina. Mi idea es llegar al fin del mundo, allá donde está el Faro y el cartel, gritarle al mundo que lo logré; retornar por Chile, Uruguay, Paraguay, Brasil”. 

No obstante, aclaró que “Chile está en duda porque con la nueva legislación que tiene, por ser venezolano no puedo pasar por el territorio si no cuento con un pasaje en avión. En ese caso, con todo gusto lo voy a hacer por Argentina, porque la recepción de la gente ha sido espectacular”. 

Lleva una prótesis que le proveyó la empresa Nueva Biónica. Señaló que “en Colombia caminé mucho. Tuve inconvenientes físicos y necesité 22 días de recuperación. De ahí en adelante cambié y dije lo mío es una travesía motivacional, no es pagar una penitencia. Empecé a alternar la caminata con traslados de personas que me ayudaron; muchos sonríen cuando les respondo que voy al fin del mundo, ‘hasta ahí no lo llevaré, pero lo hago avanzar algo’, me dicen”. 

Como una manera de generar recursos, aprendió a hacer artesanías. “Son muy sencillas, pero están hechas con la mejor intención para culminar algo que quiero hacer”, afirmó. 

Recibe colaboración con alimentos y estadías, sobre lo cual sostuvo que “me he quedado desde el sitio más humilde, siempre hay un pancito, y también me recibieron en lugares suntuosos”. 

En nuestra ciudad, mostró predisposición por extenderle una mano Cristian Verkuyl, a quien conoció “mediante una aplicación. Nos contactamos y se interesó en lo que yo estaba haciendo”.  

Con fe 
En el cierre de la entrevista, Yeslie José Asdrúbal Aranda Mora subrayó que “es posible hacer lo que uno se propone. Trato de compartir, humildemente, la importancia de perseguir los sueños, conquistarlos y vivirlos. Yo estoy cumpliendo uno. Las cosas hay que hacerlas con fe, con esa fe que sale del alma”. 

Consideró, finalmente, que es fundamental “que nada borre la sonrisa. En la mañana agradézcanle a Dios el día que les regala y en la noche el día que les dio, independientemente de la religión que profesen. Lo que busco es eso. Estoy convencido de que los milagros existen”.