La Ciudad

La evolución de la salud pública local

Hospital Pirovano: 95 años cuidando y preservando la vida

28|07|19 11:12 hs.

Hoy Tres Arroyos cuenta con un Centro Municipal de Salud compuesto por 151 camas, 18 Centros de Atención Primaria, el servicio de Salud Mental y el Geriátrico Gregorio Aráoz Alfaro. Atiende en su estructura la salud de 1300 personas por día; y requiere de un presupuesto diario de 1 millón y medio de pesos de los cuales en un 85% es solventado por el Estado municipal y un 10% de los aportes provienen de la tasa de salud. Posee más de 30 especialidades y se registran más de 216 mil consultas ambulatorias por año. Los Centros de Atención Primaria realizan una labor preventiva indispensable. 


Desde 2004 se ampliaron alrededor de 3400 metros cuadrados de superficie y en solo un año se invirtieron 10 millones de pesos en mejorar su infraestructura. Quinientos empleados son los que hacen posible el cuidado de la salud de los 60 mil habitantes de nuestro distrito; que por lo menos en una oportunidad en su vida, deben acudir a la salud pública. Este es el hoy de una historia, que ayer cumplió 95 años de evolución. 

El Centro de Salud es un ejemplo de trabajo sostenido y mancomunado entre el municipio y las organizaciones de la sociedad civil; como lo son la Comisión Amigos y el Consejo de Administración de la entidad. 

Contar tanta historia en pocas líneas, no es posible; por ello, está es solo una semblanza de personas que se han dedicado a cuidar lo más preciado, la vida de todo aquel que pasara por el querido Hospital Pirovano, mencionado por todos como su “lugar” y que dan vida a una de las instituciones más importantes de la ciudad.  

Sus Inicios
El primer" hospital que tuvo la ciudad, se ubicaba en la calle Alsina entre Brown y Reconquista, que funcionaba como lo que hoy sería una sala de primeros auxilios. Luego se emplazó en Pedro N. Carrera al 600. Recién en la década del 20, con una comisión presidida por Juan B. Istilart, el 27 de julio de 1924, tuvo su edificio en Primera Junta Nº 400, gracias a las donaciones aportadas por empresarios de la comunidad.   


Los doctores Marcelino Reyes y Pedro Botinelli en una operación


Atender y resolver 
Adriana Moras tiene más de 30 años de trabajo en el Hospital; comenzó a los 22 años trabajando en la cocina; al poco tiempo ingresó su madre por lo cual comparten espacio. 

En aquella época era muy común la rotación en las tareas; en una oportunidad trabajando de mucama, debía cubrir tres salas de internación; atender más de 50 pacientes por turno; las distancias eran prolongadas; pero siempre se pensaba en el bienestar del paciente y en sus necesidades. 


Adriana Moras


Recordó en el marco de las anécdotas; que en una oportunidad, en turno noche realizaron el pase de sala de una paciente con muchas pertenencias; que debían trasladar y con rapidez; luego de un segundo viaje y ante la necesidad y el cansancio; recurrió a un método por demás original; decidió realizar el traslado en su bicicleta, por el interior del Hospital, esto demuestra cómo cambió la institución “hoy hay comodidad, hay infraestructura, hay personal en todas las salas, todo pensado para brindar mejores servicios a quien de por sí llega con una problemática a resolver”; relató, ya que hoy como telefonista que en su turno nocturno cubre el sector de emergencias; conoce muy bien como son las vivencias de quien llega al Hospital y que ella debe recibir.    

Algunas historias que cambiaron la historia 
Médicos, y enfermeros resaltaron entre los momentos que cambiaron el panorama de la salud local, la creación de la terapia intensiva, por parte del doctor Jorge Becutti, quien con Juan Carlos Caruso, en la década del 80, sentaron las bases de lo que hoy es una de las mejores terapias intensivas de la región con 5 boxes equipados con la última tecnología. 

Posee 6 médicos intensivistas provenientes de los mejores centros de referencia, 10 enfermeros calificados, y próximamente se incorporarán 2 kinesiólogos.   

Cincuenta años no es nada 
Se trabajaba desde el alma, destacó el doctor José María Marcolongo; o Marcolongo padre como es identificado por los pasillos del Hospital; ya que comparte profesión con su hijo Darío; con quien lamenta no haber podido compartir su tiempo laboral en la institución; ya que hace casi 20 años que está jubilado. 

“No solo se debía atender desde el punto de vista técnico sino desde el emocional y por sobre todo, con sumo respeto por el paciente y por la familia”


Pero que hoy recorre el Hospital como miembro del consejo asesor; rol que ocupa con mucho placer; ya que es el espacio donde aportar ideas y soluciones para mejorar el sistema de salud. Lo hace con mucho entusiasmo porque es un grupo donde se trabaja muy cómodo; además se comparte. Hoy, también, el doctor Marcolongo, se desempeña como pediatra en las localidades; se lamenta el gran inconveniente de la salud pública, que es el ausentismo a las consultas; responsabilidad que debe asumir la comunidad, en su carácter solidario para con el otro que necesita el servicio. 

“En 1982, llegue a trabajar ad honorem por tres años; en ese entonces pediatría se ubicaba donde hoy están los consultorios externos. Había que correr cuando llegaba un parto, en ese entonces”, señaló. 

Su memoria es envidiable; recordó como directores a los doctores Adaro, Moreno Ruprecht y a cada jefe de servicio de esos años. “Había 7 pediatras, y sólo teníamos consultorio pediátrico por la mañana y guardias pasivas”, puntualizó.

Indicó que “en esa época al igual que ahora, la atención se basaba en priorizar la vida del paciente, por lo cual se derivaba todo aquello que se debe derivar, solo lo necesario”. 


Nora Vázquez y José María Marcolongo


El doctor Marcolongo también resaltó que el cambio fundamental lo realizó la doctora Donatti; “luego los demás hacíamos lo que podíamos”, agregó. Con la creación de CAMI en la década de los 80, se generó en la ciudad el sistema de interconsultas y el diálogo entre profesionales; y que se llevó al Hospital; ya que se dejaron de lado el individualismo, algo muy característico de la profesión hasta ese entonces. Se generaron los pases de sala, como procesos que mejoraron la calidad de atención. 

Con Nora Vázquez hicieron referencia a haber viajado mucho; ya que cuando el doctor Marcolongo, veía un diagnostico complejo; sin esperar se subían a la ambulancia. “El doctor Marcolongo -contó Norita- es excelente en sus diagnósticos, en sus tratamientos; Recuerdo que en los años 80, en una oportunidad, llegó un niño con trasposición de vasos, patología gravísima en ese entonces; al momento salimos con el doctor Bahía Blanca; luego fue derivado en avión a Buenos Aires. Ese chico de otra forma no vivía. Hoy está muy bien”. 

Uno de los tantos relatos; que marcan el profesionalismo de antes y ahora. 

Por su parte, el doctor comenzó un consultorio de adolescentes; que luego a la llegada de la doctora Tarchinale a la ciudad lo continuó hasta la actualidad. Tanto Nora como el doctor Marcolongo subrayaron que los avances en la salud, son constantes; “es un orgullo trabajar en una institución que no deja de evolucionar y crecer; y que uno no puede dejar de amar”. De la que es muy difícil alejarse. De hecho para ellos no es posible ni siquiera pensarlo.  

Transcurrir de una vida 
Nora Vázquez ingresó en 1981. Hoy es la enfermera jefa del servicio de Pediatría, más de un tercio de la vida del Hospital es lo que Nora ha transcurrido, pasando por varios servicios, como laboratorio, guardia y geriatría entre otros. 

Señaló que había una sola mujer, médica pediatra; la doctora Olimpia de Tróccoli. Mientras describe como eran las instalaciones, le parece estar volviendo a vivir entre salas amplias, con camitas de fierro. No había habitaciones. Contó que los médicos eran amorosos pero ella, en su juventud, les temía; los respetaba tanto que hasta hoy; a pesar de los cambios en las pautas de socialización no puede tutearlos.

Un día de turno, lo repartía entre dos salas; donde debían colocarse camas en los pasillos. Dijo que nunca hubiera dejado el hospital; ya que a pesar de los ofrecimientos lo ama, aún después de 38 años de labor. Entre risas, Nora relató que “al primer hombre sin ropa, lo vi en el Hospital”. 

Rememoró que “al primer paciente que debió rasurar para ingresar a quirófano; en época de la conocida Gillete, la brocha y la espuma; lo debí haber hecho muy mal; porque cuando lo vio la enfermera jefe comenzó a gritar espantada”. 

En otro momento de la charla se muestra la importancia y el avance que se vio a través del tiempo; cuando llegaron las especialidades; los médicos especialistas en un primer momento no querían radicarse en la ciudad. La escuela de enfermería fue otro hito; que marco el avance de la profesionalización; mientras mencionó que José Luis Liébana, Viviana Valsano y ella fueron los primeros enfermeros profesionales formados en la ciudad. Hoy el municipio, forma más de 50 enfermeros por promoción. Lo que jerarquiza la ciudad. 

En toda la estructura de la salud pública del distrito se atiende por día a 1300 personas. Requiere de un presupuesto diario de 1 millón y medio de pesos


En los inicios de su profesión, el miedo y el sumo respeto por la vida y el cuidado de los pacientes; eran una constante. Sostuvo que su primer viaje lo hizo en una vieja Rambler; y fue llevando una niña quemada. Se demoraba días en cada viaje. “La familia sabia cuando nos íbamos, no cuando regresábamos”, afirmó.

Recordó que de cada área que le tocó salir, le provocaba llanto y sufrimiento por los lazos que se generaban. Llegó a atender 53 pacientes por turnos; “siempre los enfermeros estuvimos al pie del cañón. Hoy, la profesionalización del personal; la tecnología y la infraestructura hacen que trabajar sea un placer. Hoy salvar vidas es una constante”. 

“Trabajar con gente como Pocho Pescader; un señor que nos enseñaba de la profesión pero también de la vida. Hoy ya el Hospital cambió su cara; hoy ya no es el hospitalito que albergaba enfermos. Hoy, no sólo se cura se previene, se contiene, se cuida”, coincidieron los entrevistados. 


Lidia Donatti


En este contexto, se refirieron a la doctora Lidia Donatti como una de las profesionales que cambió el sistema de salud local. Ella creó la Neonatología.   

Las bases de la atención integral 
“Propiciar trabajo en equipo de igual a igual fue lo que considero como mi aporte a la salud”, dijo la doctora Lidia Donatti; quien reside en la capital federal. “Cuando llegué a Tres Arroyos, en 1977, a los recién nacidos los atendían los pediatras; y eran las enfermeras quienes los recibían en sala de partos. El Hospital tenía dos incubadoras, de última generación. Insumo con el cual inicié el servicio de recepción del recién nacido, a partir de mi obstinación que todo el mundo conoce”, dicho en sus propios términos; para lo cual debió formar enfermeras, personal de laboratorio y rayos para el trabajo con el recién nacido. 

Considera que “los primeros cinco minutos de un bebé, pueden marcar su desarrollo para toda la vida”. Ella era quien atendía todos los partos y los recién nacidos. “Estuve de guardia dos años en continuado”. Luego, con el personal capacitado, concurría a los partos más complejos. A partir de su visión integral de la salud; el servicio social comenzó a realizar visitas a los hogares; y no se daban las altas hasta que las familias no estuvieran preparadas para recibir al bebé, sobre todo prematuro. Así logró formar un sector de recién nacido, donde se replicaron las prácticas que se realizaban en ese entonces en las terapias intensivas neonatales de la capital federal. 

La doctora Donatti sostuvo que su aporte al cambio, radicó en hacer consiente la necesidad del trabajo en equipo; que cada integrante era igual de importante en su tarea específica. Las mucamas, las obstétricas y todos los colaboradores. 

Trajo como metodología novedosa la realización de ateneos y modificó los registros de las historias clínicas; de los libros de nacimientos; prácticas que en la actualidad, a casi 50 años se continúan. El valor de las estadísticas para mejorar el tratamiento y los cuidados para las familias vulnerables, sobre las que se hacía hincapié; el tiempo dedicado fue mucho pero se trató de un trabajo realizado desde el alma, siempre tratando al binomio madre- hijo de una forma integral y desde el corazón, pero por sobre todo con la mejor formación. Se desempeñó desde el año 1977 a 1992. Reiteró que el trabajo en equipo es fundamental, y en aquellos años se debía desempeñar la tarea sobre las bases de que todo somos igualmente importantes. “No solo se debía atender desde el punto de vista técnico sino desde el emocional y por sobre todo, con sumo respeto por el paciente y por la familia”, manifestó. Estos procedimientos que luego, fueron estructurados en el concepto de atención integral.


El Hospital ayer cumplió 95 años. La estructura de salud abarca además 18 Centros de Atención Primaria, el servicio de Salud Mental y el Geriátrico


“Siempre fui muy exigente; conmigo y con el personal de salud; la sala de recepción de recién nacido debía estar preparada para un bebé que salía llorando con normalidad; como para aquel que salía solo con latidos. Debíamos siempre estar preparados para la urgencia. Para ello, eran necesarios intercambios formativos entre obstetricia, pediatría y todo el equipo de salud”, expresó. 

Su última incursión en la salud, fue la coordinación de atención primaria en 2015 y luego acercó a Tres Arroyos los Centros de Primera Infancia; que en la actualidad están ubicados en tres barrios de nuestra ciudad. Hace 50 años, Lidia fue quien introdujo este sistema de atención innovador. 

En la actualidad no puede pensarse el trabajo en salud de otra forma; sino priorizando las necesidades de las personas en su contexto e individualidad. 

Los avances en el ámbito médico, tecnológico y de infraestructura han sido innumerables, como parámetro se puede mencionar que desde 2004 a la actualidad se invirtieron más de 180 millones de pesos pero nada de esto, sería significativo sin el profesionalismo de sus más de 500 empleados, que día a día cuidan la vida de los tresarroyenses como a la suya misma.