Policiales

4 de agosto de 2009

Hace 10 años, Marcelo Martínez moría sin saber que iba a ser padre

04|08|19 08:53 hs.

Por Quique Mendiberri

El 4 de agosto de 2009 el policía Marcelo Martínez se despedía de su novia Carmen Oliva a las apuradas. Era un momento especial, hacía dos años que salían y estaban muy enamorados. 

Planeaban casarse en septiembre y, esa mañana soleada de invierno, se preparaban para conocer el resultado de un test de embarazo. 

En eso, un llamado de la madre de él pidiéndole que la acompañe al banco a realizar un depósito postergó el evento. Él quiso quedarse, pero ella se lo impidió. “Ve con tu madre”, le dijo la chica de nacionalidad peruana que tanto se había esmerado en conquistar, antes de decirle que lo esperaría para conocer juntos el resultado. 

Cuando Martínez estaba con su madre en la cola de la entidad bancaria, otro llamado volvió a cambiar su destino. Y lo hizo para siempre. 

Una vecina de su abuela Nora, la misma que en 2006 había sufrido un violento atraco en su polirrubros de la calle Domingo Vázquez 850, le advertía la presencia de dos sujetos sospechosos que habían entrado al local y no salían. 

El temor a que su abuela estuviera siendo víctima de esa banda que venía sembrando el terror entre los comerciantes tresarroyenses durante varios meses, lo empujó a la calle. No quería que su abuela volviera a sufrir un hecho como el vivido tres años atrás y pasara a engrosar la dramática estadística que, según datos oficiales, en julio de 2009 había dejado un saldo de 26 robos a mano armada en la ciudad de Tres Arroyos, el más alto hasta el momento en los registros de la Fiscalía General del Departamento Judicial de Bahía Blanca, de la que depende nuestro distrito. 

Sin tener en cuenta ni siquiera que ése era su último día como oficial de calle (le tenían reservado un anhelado puesto administrativo), Marcelo y su madre se subieron al auto y corrieron hacia el local de Nora Desábato. 

Al llegar, su madre esperó afuera y él entró decidido, sin miedo y con toda su vocación de ayudar en pleno. Adentro, se encontró con dos delincuentes. Lejos de amedrentarse, se trenzó en una pelea y, uno de ellos, le sacó su arma reglamentaria y le disparó cuando estaba caído. 

Mientras el policía de 27 años moría en el suelo del local, los dos delincuentes huían con rumbo desconocido. 

Poco después, un móvil alertado tras un llamado al 101 llegó a la escena del crimen e inició una inmediata búsqueda de los asesinos. Fue en la esquina de Laprida y Cangallo donde el oficial Darío García le dio la voz de alto a Fabián Montero, un joven de 21 años, sin antecedentes penales firmes, pero con muchos problemas con las drogas, la razón de sus anteriores ingresos en la Comisaría. En un breve intercambio de disparos, García resultó baleado en el abdomen y Montero derribado en la calle. La mañana de sol, se tiñó de sangre.  

Llega la noticia 
Por la noche, Tres Arroyos estaba conmovida. El intendente Carlos Sánchez dispuso que el velatorio de Martínez se lleve a cabo con honores en el hall del Palacio Municipal y, por la mañana, se celebre la inhumación con la presencia de altos representantes de la Policía Bonaerense. 

Parada sola en un rincón del recinto, Carmen Oliva lloraba sin encontrar explicación al final de un día que había comenzado de manera soñada y terminaba como una pesadilla. 

Todavía con el test de embarazo sin usar en su cartera, fue una mujer policía la que se le acercó y la convenció de hacérselo “ahí nomás, en el baño de la Municipalidad”. 

Con toda la angustia a cuestas, Carmen aceptó. Su inexperiencia ni siquiera le dio tiempo necesario para esperar el resultado certero. Vio que no había rayitas en el Eva Test, lo tiró al tacho de basura y volvió al recinto, junto al féretro donde yacía el cuerpo de su pareja. 

Sin embargo, la mujer policía, una oficial de apellido Rojas, volvió al baño, tomó el test y constató la noticia: era positivo. Marcelo se había ido, pero dejó su semilla en el cuerpo del amor de su vida. 

La historia, confirmada a LA VOZ DEL PUEBLO por la propia Carmen, que prefirió no hacer declaraciones, pero aceptó compartirla, siempre flotó como una leyenda en torno al trágico deceso de Martínez, a quien al día siguiente despidieron como lo que fue, un verdadero héroe. 

Hoy, Enzo tiene 9 años y, después de conocer la historia de su padre con la ayuda de psicólogos y psicopedagogas, se alista para visitarlo en el cementerio. El primer policía caído en cumplimiento del deber de la historia de Tres Arroyos. Su héroe. Un héroe de la ciudad.