Eduardo y Agustín en una de las oficinas

Sociales

Miqueleiz cumple 70 años de actividad

Una trayectoria hecha a martillazos

04|08|19 20:40 hs.

“¿El balance? Estamos vivos. Lo importante es que después de 70 años seguimos vivos y que tenemos todavía un buen camino por recorrer. No es fácil mantener la vigencia de una firma durante tanto tiempo. Eso es lo valorable, nuestra trayectoria”. 


La frase lleva la firma de Eduardo Miqueleiz, hijo del fundador de la empresa (se llamaba también Eduardo) y padre de Agustín, quien hoy lleva las riendas de la tradicional casa martillera e inmobiliaria.

El miércoles la firma Eduardo Miqueleiz llegará a las siete décadas de vida, y es una fecha para no dejar pasar. Por el pasado, pero también por el presente, a Eduardo (h) lo llena de satisfacción que uno de sus hijos e integrante de la tercera generación familiar esté al frente. Aunque a decir verdad, pese a que él se jubiló hace algunos años, sigue yendo todos los días a la oficina. “Para mí esto es la vida. Mientras el físico me dé, voy a seguir viniendo”, cuenta quien pasó más de 60 de sus 72 años en la esquina de Roca y Brandsen, porque desde su fundación la firma funcionó en el mismo lugar. 


La esquina de Roca y Brandsen fue hecha a nuevo hace seis años


“Y te diría que ya se asoma la cuarta generación, porque Felipe ya viene a jugar acá, como venía yo cuando era chiquito”, dice Agustín sobre su hijo de cuatro años. “Ya se ha subido al banquito de la casa a rematar también, jugaba a que estaba rematando”, aporta Eduardo sobre su nieto sin ocultar la felicidad que le genera la simpática anécdota. 

“Si hemos llegado a los 70 años se debió al esfuerzo que hicimos nosotros, pero también gracias al apoyo de los clientes y los colaboradores. Y estamos muy agradecidos de todos”, coinciden padre e hijo. “Esta siempre fue una empresa familiar, porque han trabajado muchos familiares nuestros pero también porque los que se incorporaron de afuera se acoplaron muy bien y el trato siempre fue como de familia”, asegura Agustín.

Historia
La empresa fue fundada en 1949 por don Eduardo Miqueleiz (padre) y José Palermo "y giró bajo la denominación de Palermo y Miqueleiz, hasta 1958, que por disolución de la sociedad, continúa como Eduardo Miqueleiz", cuenta. Eduardo hijo se incorporó en 1965, aunque ya desde hace rato formaba parte del emprendimiento. 

"Yo ya desde muy chiquito estaba metido acá. Desde los 9 o 10 años venía, andaba en los remates con ellos y a los 15 me subí al banquito y rematé por primera vez. Fue una subasta en un campo de Irene, en 1963", recuerda. 

Un par de años después, Eduardo ya tuvo que hacerse cargo del negocio. "Antes de cumplir los 18, mi padre se tuvo que ir a operar a Buenos Aires y faltó unos tres meses, así que junto a una hermana quedamos a cargo. Teníamos venta de muebles", cuenta. Eso hizo que tuviera que abortar sus intenciones de estudiar agronomía y se metió de lleno en el negocio familiar. "Me cambié al turno nocturno para terminar el secundario y ya quedé prendido en esto", agrega.


El aviso en La Voz del Pueblo del primer remate que dio la firma, el 7 de agosto de 1949


Padre e hijo después siguieron trabajando juntos hasta que la salud de don Eduardo lo permitió. "Luego continué ya con mis hijos, primero fue Diego, hasta que se independizó con otro comercio, y ya desde 2008, Agustín”, dice. 


Una recopilación de distintos anuncios de remates que los Miqueleiz hicieron cuando la firma cumplió los 50 años


Actualidad
"Siempre tuvimos las dos actividades, por un lado los remates y por otro la parte inmobiliaria", explica Eduardo. Lo que cambió con el paso de los años fue el peso de cada rubro dentro de la firma. “Hasta hace varios años era muy importante la cantidad de remates que realizábamos. Hemos llegado a tener en los 60 años con 16 y 17 liquidaciones de campos, que se hacían entre marzo y abril y significaban dos o tres remates por semana”, cuenta. 

La actividad inmobiliaria vivió el proceso inverso, y en los últimos tiempos creció en forma proporcional con lo que disminuyó la realización de los remates. “Empezó a haber más rotación y la construcción también movilizó todo”, dice. 

En cuanto a la actualidad, Agustín indica: “Hoy la inmobiliaria no tiene todo el dinamismo que quisiéramos. En parte se debe a que estamos en un año electoral, pero lo que más pesa es la falta de créditos y las tasas altas”.

“Todavía hay gente interesada por operaciones importantes, pero las operaciones de 80.000 dólares para abajo, que era lo que se vendía con los créditos hipotecarios, no hay nada. Entonces el negocio sigue gracias a los alquileres, que hay una alta demanda justamente porque están estancadas las otras operaciones”, explica Eduardo.

Los momentos que se viven, sumado a la ya existente nutrida competencia hace que la difusión y la comunicación cumplan un papel fundamental para concretar los negocios. “Hoy hay que estar en las redes sociales, publicar en todos los canales posibles para llegar antes al comprador, es necesario diversificar la manera de informar lo que tenés para ofrecer”, cuenta Agustín. 

Por último, padre e hijo explican con cierto pesar que cada vez es menos ventajoso llevar a cabo remates. “Los últimos tres meses del año pasado hubo un repunte en el interés de los remates, pero este año venimos mal en ese sentido. Casi no da ni siquiera para uno por mes”, indica Eduardo.

“Pero nosotros cuando podemos armamos uno para mantenernos activos, es como que necesitamos cada tanto hacer un remate”, asegura Agustín. Y sin dudas que sus dichos tienen lógica, porque los remates fueron las bases en las que se cimentó la firma que fundó su abuelo, allá por 1949. Y que construyó una importante trayectoria a fuerza de martillazos.